Un fenómeno biológico que se da básicamente en una parte del Caribe.

El proceso de desarrollo del feto en el útero de la madre encierra todo un entramado de reacciones químicas y orgánicas que posibilitan la evolución del bebé. Pero este desarrollo, que funciona como una maquinaria perfecta en ocasiones se ve alterado, provocando todo tipo de anomalías orgánicas.

Este es el caso de güevedoces, un curiosísimo fenómeno bastante común en República Dominicana en el que algunas niñas, al entrar en la pubertad, sufren una especie de cambio de sexo natural.

¿Quienes son los güevedoces?

Güevedoces es un apelativo otorgado a una serie de personas originarias de República Dominicana nacidas con una alteración cromosómica imperceptible en el momento del nacimiento que provoca el siguiente fenómeno: bebés nacidos con apariencia de genitales ambiguos, y a los que habitualmente se les asigna el sexo femenino, que experimentan un proceso de masculinización llegada la pubertad.

Estas personas realmente poseen cromosomas masculinos (XY). Sin embargo, durante el desarrollo fetal estos crecen desarrollando una ambigüedad genital. En el momento del nacimiento, tienden a ser asignados como sexo femenino y al llegar la pubertad, aproximadamente a los 12 años de edad, se produce un crecimiento del pene y el descenso de los testículos.

Además, si hay algo que convierte a este fenómeno como algo todavía más fascinante es que este ocurre de manera casi insignificante en todo el mundo pero que, sin embargo, en la provincia de Barahona, en República Dominicana, aparece aproximadamente en 1 de cada 50 nacimientos en los que se determina que el sexo del bebé es femenino. Debido a este ingente número de casos, si se tienen en cuenta la incidencia de esta afección en la población mundial, a los niños nacidos con estas características se les otorga el nombre de güevedoces.

Un tipo de pseudointersexualidad

Esta alteración genital, considerada como un tipo de pseudointersexualidad masculina, fue descrita por primera vez en República Dominicana, los años 70 del siglo pasado por la doctora y endocrinóloga norteamericana Julianne Imperato-McGinley. A raíz de estudios e investigaciones de personas con estas características, se determinó que los güevedoces sufrían un déficit de la enzima 5-alfa reductasa.

El déficit de esta enzima provoca un alteración física conocida como pseudointersexualidad masculina hereditaria. Unos niveles adecuados de esta enzima resultan imprescindibles para que la testosterona se convierta en dihitestosterona, si esto no ocurre debido a una falta de 5-alfa reductasa, no se puede llevar a cabo la masculinización de los genitales externos durante el desarrollo fetal.

En el caso concreto de los güevedoces, el aumento de los niveles de testosterona durante la pubertad genera una respuesta en el organismo, provocando el crecimiento del pene y el descenso de los testículos.

¿Cómo se desarrollan físicamente?

Habitualmente, durante el desarrollo de las primeras semanas de gestación el feto no posee ninguna especificación en cuanto a órganos sexuales, solamente se produce el desarrollo de los pezones en ambos sexos. A continuación, aproximadamente a las ocho semanas de gestación, las hormonas sexuales vuelven a intervenir.

Nacimiento e infancia

Si el bebé se determina genéticamente como sexo masculino, el cromosoma Y se encarga de que las gónadas se transformen en testículos enviando testosterona al tubérculo, lugar en el que se convierte en la hormona dihitestosterona. La cual, como ya hemos mencionado anteriormente, posibilita la masculinización de los órganos sexuales y convierte al tubérculo en el pene.

En el caso de poseer cromosomas correspondientes al sexo femenino, no se produce la síntesis de la dihidrosterona y el tubérculo se convierte entonces en un clítoris.

Sin embargo, en las personas conocidas como güevedoces, en las que aparece este tipo de pseudointersexualidad, los síntomas se limitan a la apariencia de los genitales externos, los cuales aparecen fenotípicamente como femeninos. En algunas ocasiones antes de llegar la pubertad, existe un pequeño pene que puede percibir como un clítoris, un escroto bífido y un seno urogenital abierto en el perineo.

Los testículos suelen ubicarse escondidos en el canal inguinal o en los pliegues labio-escrotales, mientras que las estructuras internas derivadas del conducto de Wolf (epidídimo, conducto deferente y vesículas seminales) se desarrollan sin ningún tipo de anomalía.

La pubertad

Con el paso del tiempo y la llegada de la pubertad, al igual que ocurre con todos los jóvenes, la persona experimenta una gran exposición a testosterona endógena. Es decir, testosterona que produce nuestro propio cuerpo. Esto produce una masculinización tanto de los rasgos físicos de la persona, como de los genitales en el caso de los güevedoces.

Esta masculinización, además de la habitual aparición de voz grave, un incremento de la masa muscular, en las personas con una pseudointersexualidad masculina hereditaria de este tipo provoca también el crecimiento del pene y el descenso y aumento de tamaño de los testículos. Además, no se manifiesta ningún tipo de desarrollo mamario similar al femenino.

En cambio, en la mayoría de casos el vello facial típicamente masculino apenas se hace visible y el tamaño de la próstata es significativamente inferior en comparación con la media.

A raíz del estudio de casos, se ha podido determinar que las personas güevedoces experimentan erecciones con toda normalidad, pudiendo mantener relaciones sexuales con penetración completas, pero sin la capacidad de inseminar debido a la disposición de la uretra.

Los resultados del estudio de Imperato-McGinley

Tras años de estudios de los güevedoces, la doctora Imperato-McGinley descubrió que en la mayoría de los casos las personas manifiestan identificarse con su sexo masculino y con una orientación heterosexual, a pesar de haber sido criados como niñas, y deciden conservar los cambios genitales masculinos.

Sin embargo, en otras ocasiones la persona se siente parte del género femenino, por lo que es común que algunas de ellas se sometan a una operación de cambio de sexo que les otorgue de genitales femeninos.

A raíz de esto, la doctora y su equipo concluyeron que a la hora de adoptar una identidad sexual y de género, la influencia de las hormonas es más fuerte que los condicionantes de la educación.

Independientemente de un caso u otro, en la mayoría de ocasiones la aparición de los genitales masculinos supone un impacto para la persona, la cual puede experimentar una serie de crisis en su identidad, ya que esto provoca un cambio en el rol de género de la persona.

Finalmente, a pesar de que esta fenómeno sea relativamente común en esta zona de la República Dominicana, los güevedoces suelen ser repudiados en la sociedad, siendo víctimas de una parte de la población que no los acepta. Esto conlleva un riesgo de marginación y de aislamiento social.