El vínculo emocional fuerte entre dos amigos se expresa de diferentes modos. Unsplash

La mayoría de nosotros vivimos rodeados de gente constantemente; el simple hecho de estar en una sociedad nos lleva a relacionarnos con todo tipo de personas, así que es normal que de vez en cuando salga de nosotros la iniciativa de quedar en el tiempo libre. Pero… ¿acaso el hecho de quedar con frecuencia convierte esa relación en una amistad verdadera?

Puede sonar raro que fuera del trabajo o del ámbito académico alguien se reúna constantemente con personas a las que considera poco significativas, pero si lo pensamos por un momento, no lo es tanto. A fin de cuentas, hay hábitos que crean unas rutinas tan presentes en nuestro día a día que no las cuestionamos. Por ejemplo, el hecho de ir siempre a uno de los bares que nos quedan más o menos a la misma distancia del trabajo, a pesar de que no podemos encontrar un motivo racional que lo explique.

Así pues, las amistades verdaderas son algo que quizás ni siquiera hemos llegado a experimentar nunca, y puede incluso que no seamos conscientes de ello. ¿Cómo reconocerlas?

Las características de las amistades verdaderas

A continuación puedes encontrar las características principales de las amistades fuertes y honestas, basadas en un afecto verdadero.

1. Escuchan tanto como hablan sobre sí mismas

Los amigos de verdad no quedan con nosotros simplemente para tener a alguien que les escuche narrar su vida. Explicar lo que nos ocurre es una buena manera de ordenar las ideas y de liberar estrés, pero el objetivo de este tipo de relaciones personales no es este.

Por eso, a la práctica, las amistades verdaderas son aquellas en las que, en lo que concierne al diálogo, se basan tanto en dar como en recibir. Uno habla sobre sí mismo cuando le apetece, pero también debe saber escuchar y respetar los momentos en los que el otro quiere explicar sus preocupaciones, inquietudes, deseos, ideas, etc. Además, cuando esto ocurre no se cambia de tema a la mínima oportunidad para volver a hablar sobre uno mismo.

2. Están ahí para consolarte

Los momentos de mayor tristeza siempre son más llevaderos si se cuenta con la posibilidad de contar con los amigos. Uno de los mayores beneficios de la amistad, de hecho, es que esas personas que han pasado a nuestro lado por momentos significativos para nosotros son las más indicadas para acompañarnos en el dolor emocional de la decepción o del duelo.

3. Te felicitan cuando toca alegrarse

Los amigos verdaderos saben estar ahí cuando hay motivos para alegrarse a causa de un éxito que ha llegado a través de méritos propios. Por ejemplo, si una buena universidad ha aceptado nuestro ingreso en ella, o cuando hemos ganado un premio deportivo.

Estas situaciones son mucho más dulces si otros las comparten con nosotros y nos felicitan por un éxito que ha llegado a través del esfuerzo. Tiene sentido que el reconocimiento social que llega con los logros se exprese más en aquellas personas con más motivos para alegrarse.

4. Siempre tienen tiempo para cultivar esa amistad

Por mucho que se diga que hay amigos tan importantes que incluso pueden estar mucho tiempo sin vernos y a la vuelta todo sigue como al principio, en los casos en los que hay amistad verdadera se necesitan muy buenas excusas para dejar pasar el tiempo sin que haya intentos de retomar el contacto.

Esto es así porque el paso de los meses sin que haya diálogo es, a la práctica, una muestra de que el vínculo emocional se va diluyendo a no ser que haya motivos muy concretos para hablarse o para quedar. Quien de verdad tiene motivos para seguir en contacto, lo hace naturalmente, sin sentirse forzado a ello.

5. Se muestran honestas

La crítica constructiva también forma parte de la rutina de la amistad que vale la pena. Si hay algo en nuestra manera de comportarnos que es claramente mejorable, nuestros amigos nos lo dicen de un modo que queda claro por qué senda podemos seguir progresando para corregir ese error. Sin embargo, esta honestidad es algo que forma parte del marco de vuestra relación, así que los amigos de verdad no hablan mal de nosotros a nuestras espaldas.

6. Te ayudan a ser mejor persona

Los amigos de verdad son personas que nos inspiran, que nos invitan a mejorar. Esto es así por dos motivos.

Por una lado, estas amistades son lo suficientemente honestas como para comunicarnos de manera clara qué fallos significativos cometemos, de modo que sabemos que, cuando una de estas personas nos llama la atención sobre algo que hemos hecho, es que de verdad hay motivos para replantearnos nuestra actitud.

Por el otro, estos amigos y amigas tienen ciertas características que admiramos y, como a la vez no las vemos como personas idealizadas, son un ejemplo de lo que podríamos llegar a hacer.

7. Crean contigo un lenguaje y un humor privados

La complicidad entre quienes comparten una amistad verdadera es tal que su día a día está lleno de referencias veladas a hechos graciosos, anécdotas, creencias compartidas, etc. Los amigos y las amigas que llevan más tiempo siéndolo pueden llegar a crear un vocabulario propio que resulta difícil de comprender por el resto.

8. Saben guardar secretos

Parece una tontería, pero es muy importante que las amistades sean contextos en los que nos sentimos seguros para que podamos expresar en ellos nuestros secretos y preocupaciones. El hecho de si esta información pasa o no a manos de otras personas dice mucho sobre la calidad de este tipo de relaciones, ya que pone en peligro su estabilidad.

9. Hay al menos una afición en común

Para que una amistad valga la pena, es necesario compartir al menos alguna afición. Esta no tiene por qué ser un deporte; conversar acerca de cierto tema, por ejemplo, puede ser considerado un ejemplo de algo que interesa a dos personas.