Cómo nos afecta psicológicamente la política: efectos positivos y negativos

Estas son las diferentes formas en las que la política tiene repercusiones en nuestra mente.

Luis Martínez-Casasola Hernández

Luis Martínez-Casasola Hernández

Cómo nos afecta psicológicamente la política

Es evidente que la política es una parte fundamental de nuestra sociedad y por lo tanto de las vidas de todos los individuos.

Por lo tanto, no es de extrañar que los fenómenos vinculados a la política tengan importantes implicaciones psicológicas para las personas, algunas de ellas de un carácter positivo pero otras bastante negativas. A través de los siguientes párrafos conoceremos mejor algunas de las más importantes.

Cómo nos afecta psicológicamente la política: sus principales repercusiones

Decía Aristóteles que el ser humano era un “zoon politikón”, que en griego significa animal político (que viene de polis, ciudad) o animal cívil. Lo que quiere decir con esta expresión es que el hombre es un ser social, un animal que evolutivamente está acostumbrado a vivir en sociedad. Por lo tanto, es inevitable que surja la política, que literalmente significa de los ciudadanos, o también del Estado, y es por tanto el arte de relacionarse entre todos los miembros de una sociedad.

El antropólogo Elman R. Service propuso la clasificación de todas las sociedades humanas en cuatro niveles, según su complejidad y estructura. Según este criterio, podríamos hablar de bandas, tribus, jefaturas y estados. La política aparece, en mayor o en menor medida, en todos ellos, pero según avanzamos en estos estadios, consecuentemente se van intrincando, hasta llegar a la organización política de los Estados modernos, donde la propia política es más que un arte, es una ciencia, en la que se controlan todas las variables.

Aunque no todas las personas son políticas, en el sentido de vivir de esta profesión, sí que todas se ven afectadas por la propia política y por las decisiones de los políticos de las diferentes administraciones en las que vivan o trabajen. Por lo tanto, es de suponer que esto va a tener unas repercusiones a nivel psicológico, que serán más o menos pronunciadas en función de una serie de características, tanto de la propia persona, como de las condiciones del entorno y de los propios políticos.

El primer factor que determinará cómo nos afecta psicológicamente la política será el grado de implicación que tenga el individuo respecto a la misma. Es obvio que hay personas mucho más interesadas en el panorama político que otras, y por lo tanto, para las primeras los efectos serán mucho más pronunciados, ya que para estas personas la política ocupa un lugar central en sus vidas y por tanto viven cada evento que tenga que ver con esta temática con una gran intensidad.

También será determinante el grado de repercusión que tenga la decisión política en cuestión sobre ese individuo en concreto. En este sentido, si es una medida que afecta directamente a su modo de vida en cualquiera de sus facetas, es más probable que haya una reacción psicológica al respecto, ya sea a favor o en contra. Por el contrario, si la persona cree que ese cambio legislativo es irrelevante para su día a día, es posible que no le genere ningún tipo de emoción, ni positiva ni negativa.

Para poder profundizar más en las consecuencias concretas acerca de cómo nos afecta psicológicamente la política, vamos a hacer un recorrido por los efectos positivos y después por los negativos.

Efectos positivos

La primera opción es que la actividad política suponga un factor positivo. Esto puede ocurrir, como hemos visto, porque genere un cambio positivo para su día a día. En ese sentido, la simple percepción de que los gobernantes se ocupan de sus problemas supone una satisfacción y un estado de ánimo positivo que, psicológicamente, resulta agradable y beneficioso para el individuo. Si además esa decisión política viene tomada por un partido acorde a su ideología, el efecto se verá aún más potenciado.

Además, aquellos que vivan la política con una cierta intensidad asistirán a los procesos electorales como si de un evento deportivo se tratara, y vivirán las victorias de su partido político como un aficionado del Real Madrid o del Barcelona vive la conquista de una Champions League, como si Rafa Nadal levantara otro Roland Garros o Fernando Alonso ganase un Gran Premio de Fórmula 1. Existen muchos paralelismos entre el seguimiento de la actividad deportiva y la política, y lo que se experimenta con las victorias en los dos ámbitos.

Cuando gana nuestro partido político favorito, segregamos una serie de neurotransmisores que nos hacen experimentar una sensación de felicidad que nos inunda y nos mantiene en un estado de euforia. Pero este mecanismo funciona exactamente igual en el sentido contrario. Y es que, lógicamente, donde unos celebran una victoria, inexorablemente hay otros que sufren la derrota. Pero esa cuestión pertenece al siguiente punto, el de cómo nos afecta psicológicamente la política, esta vez a nivel negativo.

Efectos negativos

Pero, al igual que la política puede generar aspectos positivos en la vida de las personas, también es cierto que puede tener consecuencias mucho más desagradables a todos los niveles, entre ellos, el psicológico. Para empezar, las personas muy implicadas en la vida política de su país corren el riesgo de sumergirse en una espiral de seguimiento de la actividad e incluso de activismo a favor de uno u otro partido que puede llegar a ser realmente desgastante.

Una implicación desmedida en los asuntos políticos puede provocar el aumento de sintomatología ansiosa y/o depresiva, con el problema añadido de que la política suele ocupar el grueso de los pensamientos de la persona en cuestión durante el día a día, haciendo que el tema esté constantemente en su mente, que recurra a conversaciones sobre esta temática frecuentemente y que esto además le suponga el inicio de acalorados debates que no tardan en convertirse en discusiones.

De hecho, uno de los mayores problemas que encontramos en la cuestión de cómo nos afecta psicológicamente la política es el sentimiento de rivalidad que se llega a generar entre las diferentes facciones de pensamiento, y que constantemente son regadas con gasolina por parte de los dirigentes de los diferentes partidos, a sabiendas de que esos incendios premeditados les convienen para mantener a sus adeptos centrados en la lucha ideológica y listos para acallar las posturas contrarias con su argumentario.

Este estado de activación constante es desgastante a nivel emocional, genera, como ya hemos mencionado, síntomas compatibles con ansiedad y depresión, y una gran irritabilidad que puede desencadenar cambios en el estado de ánimo y discusiones frecuentes, a veces con incluso con seres queridos, a raíz de cuestiones que en realidad le son ajenas, al menos en gran medida. Sería una situación muy similar a la que ocurre con los grandes fanáticos de los deportes, como ya hemos visto, y esto se extiende a la rivalidad entre aficiones.

Las redes sociales

Continuando en la línea de los efectos negativos, no podemos dejar de señalar el factor tan importante que suponen los medios de comunicación y especialmente las redes sociales en la generación y mantenimiento de ese estado de hiperactivación y que explica el cómo nos afecta psicológicamente la política, en gran parte. Y es que, hoy en día, nos vemos sometidos a un bombardeo constante de información, mucha de ella politizada en una u otra dirección, y es casi imposible abstraerse de toda ella y no sufrir ninguno de sus efectos.

Redes sociales como Facebook, Twitter o incluso WhatsApp, tienen mucho que ver en cómo nos afecta psicológicamente la política, pues en ocasiones entrar a cualquiera de dichas aplicaciones supone exponernos a toda una retahíla de comentarios, opiniones, llamamientos o diatribas, a veces de desconocidos, pero muchas otras veces de personas conocidas e incluso muy cercanas, que se han convertido en auténticos ciber-activistas y que dedican gran parte de su tiempo a tratar de difundir su pensamiento político.

Cuando al lector le ocurre lo mismo y además es seguidor de tendencias iguales o parecidas, no suele haber problema, pues simplemente le reafirmará en sus posiciones, pero si es igual de agresivo en sus planteamientos, pero con pensamientos políticos diferentes, la discusión está servida, y con ella los diferentes efectos psicológicos negativos en ambas partes, que más que probablemente no darán su brazo a torcer y se enzarzarán en una discusión eterna que no llevará a ninguna parte.

La tercera opción es que el lector sea ajeno a la política, y que el río de comentarios políticos apareciendo en el muro de su red social favorita no sea más que una molestia a la hora de desplazarse en busca de otro contenido, ya que ignorará reiteradamente este tipo de mensajes, aunque provengan de personas cercanas e incluso familiares. De hecho, muchas veces se opta por silenciar a dichos individuos, ya que eliminarles de la lista de amigos sería, una vez más, motivo de conflicto.

Referencias bibliográficas:

  • Alvarado, S.V., Ospina-Alvarado, M.C., García, C.M. (2012). La subjetividad política y la socialización política, desde las márgenes de la psicología política. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud.
  • Lira, E. (2016). Lecturas de psicología y política: Crisis política y daño psicológico. Colectivo chileno de trabajo psicosocial. Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
  • Urbina, R., Sulay, A. (2020). Revisión documental: efectos de la violencia política sobre el bienestar psicológico. Repositorio Institucional. Universidad Piloto de Colombia.

Luis Martínez-Casasola (Madrid, 1988) se licenció en Psicología en la UAM y cuenta con un máster en Psicología Forense por la URJC y el COP de Madrid, así como con una especialización en recursos humanos. Tras varios años de experiencia en la redacción de contenidos web, ahora colabora como divulgador para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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