La psicología política es una de esas áreas de la psicología que, al no tener un objeto de estudio tan bien definido como otras ramas de esta, parece difuminarse en la ambigüedad de las ciencias sociales. Sin embargo, eso no significa que no resulte relevante.

De hecho, gracias a su trabajo conjunto con parcelas de conocimiento como la sociología y la antropología, es capaz de comprender mejor qué ocurre en un mundo cada vez más globalizado, con unos conflictos cada vez más amplios y, en definitiva, sociales.

A continuación veremos cuáles son las funciones, características y problemas principales de la psicología política.

Psicología Política: una definición

La psicología política es un concepto difícil de definir, y lo difuso de sus límites y características estructurales ha hecho que durante años se haya utilizado esta denominación para referirse a diferentes cosas.

Sin embargo, una definición tan específica como completa es la que realizaron Luis A. Oblitas y Ángel Rodríguez Krauth (1999): la psicología política es la parcela de la psicología que se encarga de analizar los fenómenos de naturaleza política a partir de sus aspectos psicológicos: la percepción de la corrupción, el discurso político de partidos, movimientos sociales y grupos de presión, la identificación con los grupos de referencia o los líderes, etc.

Pero una simple definición no es suficiente para comprender cuáles son las características distintivas de esta rama de la psicología. En primer lugar, hay que tener en cuenta su relación con los procesos históricos y con la psicología social.

La importancia de los procesos históricos

Algunas personas tienen una concepción de lo que es la psicología que la relaciona más con la biología que con las ciencias sociales. Desde este punto de vista, esta sería una ciencia que se encarga de estudiar estructuras neurales que estando en el interior de nuestro cuerpo emiten conductas, del mismo modo en el que una glándula produce saliva.

Si bien es cierto que la psicología no es estrictamente una ciencia social en su totalidad, la anterior visión de la profesión de los psicólogos es errónea. Esto es así porque la psicología es el estudio de la conducta, y por lo que respecta a los seres humanos, la conducta humana nunca nace espontáneamente en el interior de los cuerpos, sino que está siempre modulada por el contexto histórico en el que las personas viven. Una misma persona es muy diferente dependiendo del lugar y el momento en el que nazca. Por ejemplo, lo que hoy se considera comportamiento misógino podría considerarse algo normal hace tan solo un siglo.

En definitiva, nuestra manera de ser no está separada del flujo de acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor, y buena parte de estos son de naturaleza social y política.

Por otro lado, las acciones que realizamos también contribuyen a cambiar el contexto en el que vivimos. Como consecuencia, el objeto de estudio de la psicología política, y de la psicología social, está cambiando constantemente. Esto hace que su acercamiento a lo que ocurre no pueda ser el mismo que el de las ciencias exactas, que analizan fenómenos cuyos componentes son más o menos invariables, y que deban utilizar una aproximación probabilística a la hora de investigar. A su vez, este hecho acerca a la psicología política a otras disciplinas que estudian fenómenos sociales, como la antropología y la sociología.

¿Psicología Política o política de la psicología?

Hay que tener en cuenta que las personas que se dedican a la psicología política son muy sensibles al modo en el que los fenómenos políticos influyen en nuestro modo de pensar. Desde luego, estudiar en la España actual los procesos de interacción entre etnias movilizadas políticamente no es lo mismo que hacerlo en la Alemania de Hitler. La ciencia también es una actividad humana y social, y por consiguiente no está totalmente aislada de estas influencias.

Por consiguiente, uno de los objetivos de la psicología política también es analizar el modo en el que los procesos políticos, a lo largo de la historia o en el presente, contribuyen a que ciertos modelos del comportamiento humano ganen fuerza en detrimento de otros, que pierden apoyo.

En definitiva, la psicología política siempre trata de dirigir esfuerzos a realizar autocrítica acerca de las presuposiciones desde las que parte, el enfoque epistemológico que utiliza a la hora de llegar a conclusiones, y los efectos que puede tener en cada momento poner más énfasis en unas temáticas de estudio que en otras.

Sus formas de aplicación: ejemplos

Puede parecer que la psicología política se contenta con comprender ciertos fenómenos sociales llegando conclusiones abstractas y poco valientes, dado que trabaja a partir de conceptos muy difíciles de estudiar, al estar siempre cambiando y tener límites poco concretos (¿dónde termina el humor y empieza el chovinismo en ciertas iniciativas de propaganda, por ejemplo?). Sin embargo, esto no tiene por que ser así.

La psicología política se puede utilizar, por ejemplo, para realizar pronósticos acerca de los futuros movimientos que realizarán colectivos movilizados, o para medir el grado de racismo y xenofobia que aparecen en ciertos discursos de partidos y grupos (las consecuencias de esto han quedado claras a lo largo de la historia).

A su vez, también sirve para conocer cuáles son las probabilidades de que aparezca un movimiento regresivo en un país por lo general progresista, o al revés, uno progresivo en uno anclado en el integrismo religioso y los esencialismos nacionalistas.

En definitiva, la psicología política, si bien está lejos de ser infalible, sirve para llegar a conclusiones muy importantes, ya que nos hablan sobre fenómenos que tienen la capacidad de afectar a miles o a millones de personas.

Referencias bibliográficas:

  • Oblitas, L. y Rodríguez Kauth, A (1999): Psicología Política. México D. F.: Plaza y Valdés.