¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

La herida de la Madre Narcisista: cómo sanar tu autoestima y tus relaciones

Lo que necesitas saber para reparar tu vida tras haber pasado por una crianza disfuncional.

La herida de la Madre Narcisista: cómo sanar tu autoestima y tus relaciones
Pexels

¿ERES PSICÓLOGO/A EN ?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

¿Buscas psicólogo? Encuentra el apoyo que mejor encaja contigo

Responde 7 preguntas rápidas y recibe recomendaciones personalizadas.

Empezar test

¿Sientes que, hagas lo que hagas, nunca eres suficiente? ¿Tus relaciones de pareja suelen estar marcadas por la culpa o la complacencia? Muchas personas conviven con la herida del narcisismo materno sin ponerle nombre, enfrentándose a una autocrítica feroz y a una duda constante sobre su propia percepción.

Como autora de Sobrevivir a una madre narcisista, hoy quiero desgranar los rasgos de este vínculo tóxico y ofrecerte herramientas prácticas para sanar tu autoconcepto y aprender a poner límites desde la seguridad.

Hay heridas que no vienen de un golpe, sino de una mirada que te atraviesa.

  • De un “no seas dramática”.
  • De un silencio castigador que te deja a oscuras por dentro.
  • De una corrección constante que no te educa: te encoge.

Cuando hablamos de narcisismo materno, lo que más aparece en consulta no es una madre “de película” —esa caricatura grandiosa y evidente—, sino algo mucho más confuso y, por eso, más dañino: madres que pueden parecer ejemplares de puertas afuera, pero que dentro del hogar ejercen un control emocional basado en la invalidación. Madres que, sin levantar la mano, te enseñan a dudar de ti. Y una niña —o un niño— no sobrevive bien a vivir desconfiando de su propia verdad.

¿Qué entendemos por “narcisismo materno” en lo cotidiano?

Desde mi enfoque como coach y tras años acompañando procesos de recuperación, no utilizo este término como una etiqueta clínica para diagnosticar, sino para describir un patrón relacional. Es un vínculo donde la madre (por sus propias heridas, inmadurez o necesidad de control) tiende a:

  • Priorizar sus necesidades sistemáticamente sobre las de sus hijos.
  • Buscar validación externa a través de tus logros, tu conducta o tu imagen: “si tú quedas bien, yo quedo bien”.
  • Reaccionar con rechazo, ira, victimismo o ley del hielo ante tu autonomía.
  • Convertir el amor en algo condicional: “te quiero si te portas como yo espero”.

Y aquí hay un detalle clave: en este tipo de vínculo, tu madre no se relaciona contigo como con una persona completa, separada, con deseos propios. Se relaciona contigo como con un reflejo. Como con una extensión. Y cuando intentas existir por tu cuenta —pensar distinto, elegir distinto, sentir distinto—, algo se rompe… pero no en ella: en ti.

En Sobrevivir a una madre narcisista lo explico con claridad: lo más devastador no es solo el daño, sino la culpabilidad que se instala en el cuerpo del hijo. Porque el niño, para sobrevivir, tiene que concluir algo. Y casi nunca concluye: “mi madre está fallando”. Concluye: “soy yo quien falla”.

Los 3 pilares de una autoestima frágil

Si creciste en este entorno, es probable que tu autoestima no se construyera sobre una base sólida, sino sobre pilares inestables que hoy te generan sufrimiento. Y lo peor es que, como son antiguos, pueden parecer “tu personalidad”. Pero no lo son. Son tu adaptación.

1. Validación externa: tu valor depende de la mirada del otro

Te acostumbras a medir tu valor por lo que haces o por cómo te ven los demás.

El mensaje interno se vuelve automático: “Si no soy útil, si no soy perfecta, si no cumplo… no valgo.”

Y ahí empieza la trampa: por fuera funcionas, rindes, te esfuerzas, ayudas, sostienes… Por dentro te sientes vacía, insegura o impostora. Porque tu autoestima no nace de tu criterio, sino del aplauso.

2. Autocrítica como motor: te atacas antes de que te ataquen

La autocrítica severa no aparece porque seas exigente “por naturaleza”. Muchas veces es una estrategia: si me juzgo yo antes, quizá evito el juicio de ella. Si me corrijo antes, quizá evito el desprecio, el enfado o el silencio. Pero el precio es alto: agotamiento crónico, rigidez, ansiedad, bloqueo. Vives en una carrera que no tiene meta, porque la sensación de “ya está, ya soy suficiente” no llega.

3. Duda crónica (gaslighting): tu brújula interna se rompe

Si tu realidad fue invalidada (“exageras”, “eso no pasó”, “te lo inventas”), tu mente aprende a desconfiar de sí misma. Empiezas a dudar de:

  • lo que sientes
  • lo que recuerdas
  • lo que percibes
  • lo que mereces

Y entonces ocurre algo tristísimo: buscas confirmación fuera para lo que deberías poder confirmar dentro. Te conviertes en una persona que pide permiso emocional para existir.

Señales de la herida en la vida adulta

Esta huella emocional se manifiesta en el día a día. No siempre como “drama”, sino como hábitos internos que te desgastan.

En tu diálogo interno

Te dices “no es para tanto” justo cuando algo te duele. O te exiges hacerlo todo perfecto para no sentirte “mala persona”. Y, en el fondo, hay un miedo antiguo: “si fallo, me quitan el amor”.

En tus emociones

Aparece la culpa rápida ante el menor desacuerdo, una ansiedad latente al decepcionar y una hipervigilancia constante: leer el ambiente, los gestos, el tono, los silencios… para anticipar peligro. La hipervigilancia no es “intuición”. Es un sistema nervioso entrenado para sobrevivir en casa.

En tu cuerpo

Tensión en hombros o mandíbula, respiración corta, sensación de nudo en la garganta cada vez que intentas expresar una necesidad.

Tu cuerpo aprendió que hablar podía costarte caro. Y cuando el cuerpo aprende eso, incluso años después, se activa ante cosas pequeñas: una crítica, un “tenemos que hablar”, un mensaje sin emoji, una pausa del otro. Tu mente intenta racionalizarlo, pero tu cuerpo recuerda.

Cómo afecta a tus relaciones de pareja

El aprendizaje emocional de la infancia se convierte en el guion de tus relaciones adultas. No porque lo elijas conscientemente, sino porque tu sistema interno busca lo familiar.

1. Complacencia: amar a cambio de no ser abandonada/o

Te adaptas y cedes constantemente. Te tragas necesidades. Te haces “fácil”. No porque seas débil. Sino porque aprendiste que el amor se gana. La complacencia suele tener una frase escondida:

  • “Si molesto, me retiran el cariño.”

2. Evitación: cerrarte para que no te duela

A veces, en vez de complacer, haces lo contrario: te cierras. No pides. No dependes. No muestras vulnerabilidad. La evitación también es una defensa:

  • “Si no necesito, nadie puede humillarme por necesitar.”

3. Atracción por la frialdad: confundir tensión con amor

Te atraen personas emocionalmente inaccesibles o ambiguas, porque tu cuerpo reconoce ese guion. Esa tensión te resulta familiar: la espera, la duda, el intentar “ganarte” su atención. No es que busques sufrir. Es que tu sistema nervioso confunde intensidad con vínculo.

4. Conflicto = abandono

Evitas conversaciones importantes por miedo a que la relación se rompa. O discutes desde el pánico. O te justificas demasiado. O pides perdón antes de decir lo que necesitas.

Porque en tu historia, el conflicto no era solo un desacuerdo: era castigo.

El Método RAN: un camino hacia la recuperación

La reparación de esta herida es posible y no empieza por perdonar al otro, sino por volverte fiel a ti. En mi metodología propongo el Método RAN (Reconocer, Aceptar, Nutrir) como hoja de ruta para reentrenar tu sistema nervioso y reconstruir tu autoestima desde dentro.

1. Reconocer

Poner nombre al patrón que se activa. No es “tu forma de ser”. Es una respuesta aprendida. Reconocer se ve así:

  • “Esto es culpa automática.”
  • “Esto es miedo al rechazo.”
  • “Esto es necesidad de aprobación.”
  • “Esto es mi niña interior intentando protegerme.”

Cuando lo nombras, dejas de fusionarte con ello.

2. Aceptar

Aceptar no es resignarte. Es dejar de pelear con la realidad. Aceptar que esa madre no pudo darte lo que necesitabas te permite dejar de esperar el cambio y empezar a ocuparte de ti.

Y sí: este paso trae duelo.

Duelo por la madre que no fue. Duelo por la infancia que esperaste. Duelo por lo que hiciste para merecer amor.

Pero ese duelo, por fin, te libera de la fantasía que te mantenía atada/o.

3. Nutrir

Nutrir es el acto radical de construir el hogar interno que faltó. Nutrir se ve así:

  • hablarte con respeto (sin humillarte por sentir)
  • practicar límites claros (que no son ataques, sino puertas de protección)
  • elegir entornos donde no tengas que llevar máscara
  • aprender a regular tu cuerpo cuando el pasado se activa en el presente

Y aquí lo digo con fuerza: el Método RAN no es solo una teoría, es un reentrenamiento de tu sistema nervioso para que tu cuerpo vuelva a sentirse un lugar seguro. Porque cuando tu cuerpo deja de vivir en alerta… tu vida cambia. No por magia: por coherencia interna.

Olga Fernández Txasko

Olga Fernández Txasko

Coach de Vida especializada en Heridas de la Infancia/Madre Narcisista

Profesional verificado
Páganos
Terapia online

Tu vida te pertenece

La herida no fue tu culpa. Pero tu recuperación sí es tu responsabilidad… y tu mayor oportunidad. Tu valor no es negociable. No depende de la aprobación de una madre que no supo verte.

No depende de lo perfecto que lo hagas. No depende de cuánto te adaptes.

En “Sobrevivir a una madre narcisista” insisto en algo que quiero dejarte hoy como cierre: ver la verdad, sin maquillaje, es el primer acto de amor propio. No porque te conviertas en una persona fría o dura, sino porque dejas de traicionarte para pertenecer.

Y esa es la libertad real: vivir sin pedir permiso emocional.

Newsletter PyM

La pasión por la psicología también en tu email

Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos

Suscribiéndote aceptas la política de privacidad

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Olga Fernández Txasko. (2026, febrero 20). La herida de la Madre Narcisista: cómo sanar tu autoestima y tus relaciones. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/social/herida-de-madre-narcisista-como-sanar-tu-autoestima-relaciones

Olga Fernández Txasko es autora y coach especializada en sanar heridas de la infancia y recuperación tras abuso emocional y narcisista (madres/padres/exparejas). Acompaña a personas que llevan años sosteniendo culpa, hipervigilancia y autoexigencia a reconstruir su identidad, regular su sistema nervioso y aprender a poner límites sin miedo. Integra herramientas de neurociencia, PNL y enfoque polivagal en un método propio, Método RAN.

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas