El miedo a la muerte es natural y responde al instinto de supervivencia que nos caracteriza como seres vivos. Es una emoción primaria provocada por un peligro real o supuesto.

Por otro lado, el miedo tiene una función adaptativa y necesaria para sobrevivir. En este caso, el miedo al COVID-19 activa comportamientos de cuidado personal y ajeno.

La pandemia nos ha presentado, sin previo aviso, una realidad tajante sobre la posible cercanía de la muerte a nuestras familias, incluso a nosotros mismos, y la sociedad actual difícilmente sabe gestionarla, puesto que no estaba preparada para ello.

En esta sociedad en la que el bienestar material, el consumo y el ocio son los valores que controlan el sistema, la muerte no encajaba y se mantenía en un antinatural anonimato.

El miedo a la muerte y su impacto en la sociedad

Los niños no acuden a los entierros de sus propios familiares, incluso abuelos muy queridos, o los propios padres. Existe como una burbuja ficticia de protección creada por los adultos que priva a los niños de la toma de conciencia de la muerte, e incluso de la despedida de sus seres queridos, ritual necesario para cerrar correctamente el ciclo del duelo.

Cuando yo era niña, veía pasar los ataúdes por las calles del pueblo, en hombros de los familiares, seguidos por su séquito y reverenciados por todos los viandantes, que nos inclinábamos en silencio en un respetable gesto ante la muerte. Las campanas anunciaban la muerte del mismo modo que repicaban de alegría ante los momentos de celebración en la vida. Los niños acudíamos con la familia al velatorio, los familiares nos acompañábamos todos juntos en el dolor de la despedida. Muchos niños (llamados monaguillos) acompañaban al sacerdote en la extremaunción. Y todo ello nos dotaba de una perspectiva de la vida más realista, responsable y menos temeraria que la que perciben los jóvenes de hoy en día.

Todo este oscurantismo pedagógico en nuestra sociedad actual, ha disparado una respuesta emocional de las personas que muchas veces llegan a somatizarse, llegando en algunos casos a desarrollar una ansiedad grave, una depresión o la perdida de habilidades adaptativas adecuadas ante situaciones de estrés.

Muchos son los niños, adolescentes y adultos (especialmente trabajadores esenciales y sanitarios) que acuden a mi consulta desde el inicio de la pandemia del coronavirus con sintomatologías diversas, pero todas ellas esconden el miedo y, especialmente, el miedo a la muerte.

Se ha disparado el miedo a la muerte de los seres queridos y a la propia muerte. Pero ¿estamos hablando solo de la muerte como un hecho que forma parte de la vida? No, hay muchas ramificaciones: miedo a morir solo, miedo a morir con sufrimiento y dolor, miedo por no encontrarle el sentido a la propia vida, miedo a no haber vivido lo suficiente como para cumplir nuestros sueños, miedo a que acabe todo... y muchos otros.

Síntomas

Si sientes ansiedad, dificultades respiratorias, mareos, temblores, sudoración, taquicardias, dolor de pecho y nauseas, es importante que entres en tu interior y conectes con lo que te pasa realmente, y especialmente escucha y acepta tus miedos reales, pues será más fácil afrontarlos si los identificas.

Hay otros síntomas que además de producirse en los adultos, son los que alertan sobre la necesidad de ayuda de los niños y adolescentes. Hablamos de las pesadillas, los ataques de pánico, la irritabilidad, el insomnio, la tristeza, el miedo a salir a la calle o ir al colegio y los comportamientos de dependencia.

¿Qué hacer?

Luisa Chornet

La mejor forma de superar el temor a enfermar y morir es hablar de ello; el sufrimiento en silencio puede enquistarse y mermar tu calidad de vida. Es bueno informarse sobre la muerte y aceptar la realidad con una buena dosis de pensamiento positivo.

Para poder ayudar a los niños y adolescentes, tenemos que hablar con ellos en familia, hablarles de nuestros seres queridos que ya fallecieron pero que forman parte de nuestros corazones. Esto les dará sentido de pertenencia al sistema familia y sentido temporal, algo que necesitan para encontrar un poco de paz en estos momentos y, sobre todo, es absolutamente necesario escuchar con interés lo que piensan al respecto, sus miedos y sus fantasías sobre la muerte. Los peores temores no son los que nos vienen dados por la vida, los peores temores son los imaginarios.

Para afrontar el fallecimiento de un ser querido, es fundamental realizar un ritual de despedida, compartir con los niños estos rituales y fortalecer la cohesión con la familia y amigos. Todos estamos en el mismo barco. En este momento histórico, muchos callan su dolor, su miedo y su impotencia, sin saber qué hacer con esas emociones.

No dudes en buscar ayuda si lo necesitas. No estas solo/a. Si necesitas acompañamiento profesional no dudes en ponerte en contacto conmigo. Estaré encantada de ayudarte.