El concepto de “populismo” (o adjetivo “populista”) ha entrado en la escena política actual de una manera rápida y casi forzada. Esta palabra, si bien es usada asiduamente por los políticos, medios de comunicación o hasta ciudadanos de a pie, parece no tener una definición consensuada y, por lo tanto, su utilización puede dar lugar a confusión. 

La formulación y utilización de palabras con varios significados es tema de interés para la psicología cultural y política, y por eso proponemos indagar dentro de las entrañas de este concepto tan ambiguo el cual ha llegado a ser usado (no siempre correctamente) tanto para designar un movimiento xenófobo cómo el “Front National” de Marine Le Pen o el partido de PODEMOS dirigido por Pablo Iglesias.

¿Qué es “Populismo”?

“Populismo”, entendido como una práctica política, deriva de la palabra latina populus que, como es fácilmente deducible, quiere decir pueblo. Curiosamente, “democracia”, formada por la raíz griega de dêmos también quiere decir pueblo. Según el sociólogo Gérard Mauger[1], el concepto de pueblo el cual se refiere la “democracia” es el cuerpo cívico en el conjunto de un estado-nación. Por el contrario, el pueblo que hace referencia al “populismo” se puede interpretar de dos maneras distintas, basándose ambas concepciones en diferentes representaciones mentales de la realidad. La primera, la versión correspondiente al prisma político conservador, hace referencia al ethnos antes que populus, donde su principal matiz reside en una lógica de darwinismo social. Por lo tanto, lógica xenófoba y excluyente, como si la cultura fuese un algo cerrado, bien delimitando y hasta cierto punto atemporal; además, pretende criminalizar a una clase política asentada en el poder.

Por el contrario, la segunda versión, más propensa a ser usada por los sectores políticos de izquierdas, no se fija en el darwinismo social, sino que considera el pueblo en su conjunto, sin diferencias salvo aquellas que intervienen en la división de clases. Es decir, según esta concepción el pueblo es el cuerpo vivo en el que se desarrolla la cultura, una confluencia de singularidades imposible de abarcar por un sólo marco explicativo. En lo político, es el pueblo desposeído por unas élites sobre-apoderadas que intentan amoldar el pueblo según sus intereses.

Populismo y Podemos (Pablo Iglesias)

A estas dos últimas conceptualizaciones propuestas por el sociólogo francés, se le podría añadir una cuyo uso predomina últimamente en los discursos de ciertos partidos políticos en el Reino de España. Estas características podrían añadirse en las dos propuestas del sociólogo. El “populismo”, utilizado predominantemente para designar la formación política PODEMOS (argumento utilizado Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español), tiene una connotación un tanto diferente a las definiciones antes propuestas y, por lo tanto, ciertamente incorrecta. El sustantivo parece denominar una práctica política compuesta de argumentos falaces cuya finalidad esté dirigida a la captación de un electorado en general (el pueblo) y, en definitiva, de poder. Esta definición se acerca más a la demagogia, pero salta la vista las similitudes con el “populismo” y la facilidad de mezclar una con la otra.

Por otra parte, Ernesto Laclau, politólogo y filósofo argentino, nos sugiere una definición que aglutina la división entre las dos visiones antes mencionadas:

“El populismo no es un término peyorativo. Sino más bien una noción neutra. El populismo es una manera de construir la política. Juega la base contra la cumbre, el pueblo contra las élites, las masas movilizadas contra las instituciones oficiales fijadas”.

Diferencias entre Populismo y Demagogia

Entendiendo el “populismo” como una práctica política que conduce la interpretación de los problemas hacia los de arriba, es decir, contra unas élites político-económicas, no conduce inexorablemente a definir un discurso político como falaz (práctica extendida en el argumentario anti-PODEMOS). De hecho, si tomamos esta definición, “populismo” como una practica política falaz, podríamos llegar a denominar como populistas a la gran mayoría de partidos políticos del abanico español, sólo por el hecho de estar sujetos a la lógica del electoralismo en una democracia representativa. 

Por el contrario, el “populismo”, como práctica política dirigida al llamamiento del pueblo contra sus élites, contribuye al intervencionismo político del ciudadano quiénes son (o deberían ser), en primera instancia, los responsables directos de una democracia. Los casos de corrupción, la política de confrontación cultural, los recortes del sector público… no dejan ya espacio para pensar en otra representación de la realidad fuera de la corrupción del sistema político actual y de quienes lo perpetúan.

Notas:

[1] Gérard Mauger es un sociólogo francés, director de investigación en el Centro Nacional de investigación científica (CNRS) en Francia y director adjunto del Centro de Sociología Europea (CSE).