Visto por algunos como un hereje que preparó el terreno para la Reforma Protestante, por otros como un cobarde que no se implicó activamente en tal reforma. La figura de Erasmo de Róterdam es aclamada y, a la vez, odiada en un claroscuro de opiniones y creencias.

Sea como sea de lo que no cabe duda es que este filósofo holandés fue un hombre de ideas humanistas, hijo del Renacimiento en el que vivió y dio una nueva interpretación a la Biblia y a la fe católica.

Pese acabar bastante detestado por los dos bandos religiosos que “convivieron” en la Europa del siglo XVI lo cierto (e irónico) es que Erasmo de Róterdam fue pacifista, fiel a la Iglesia y condenó cualquier lucha por causa de religión. Veamos a continuación su interesante e intensa vida a través de una biografía de Erasmo de Róterdam.

Breve biografía de Erasmo de Róterdam

Erasmo de Róterdam (en holandés Desiderius Erasmus van Rotterdam y latín Desiderius Erasmus Roterodamus) nació el 28 de octubre de 1466 en Róterdam, Holanda. Se crió en el seno de una familia implicada en cuestiones religiosas puesto que su padre era sacerdote, procedente de Gouda, y su madre era una mujer de procedencia burguesa, que dio a la familia ciertas comodidades.

Entre el 1478 y 1483 asistió en la escuela de Saint Lebwin en Deventer, donde tendría la oportunidad de conocer a personajes como Alexander Hegius y establecería contacto con el humanismo. Este primer contacto sería trascendental en la obra y vida de Erasmo de Róterdam puesto que, a la larga, sería conocido como “el príncipe de los humanistas”.

En 1492 es ordenado sacerdote por la orden de San Agustín y, tras ello, decide viajar hasta Francia para estudiar en la Universidad de París. La capital francesa se había convertido en una bulliciosa ciudad, en la que pensadores de todo tipo y condición compartían saberes en pleno Renacimiento, movimiento que Francia vivió de forma tan intensa cómo se dio en Italia. Al tener acceso a todo tipo de opiniones y corrientes nuevas Erasmo empieza a conformar su particular pensamiento humanista en esta época.

Comienzos de su formación filosófica

Erasmo de Róterdam fue siempre un viajante. Aunque interesante, su vida en París no fue lo suficientemente interesante como para quedarse más tiempo, decidiendo partir hacia Inglaterra y residiendo en Londres entre 1499 y 1500, lugar en donde conocería a John Colet y asistiría a la Universidad de Oxford. Colet enseñó a Erasmo muchas cosas sobre la vida de San Pablo, llevando a cabo una intensa y profunda lectura de la Biblia bajo una visión humanista y novedosa.

Sería también durante esta época en la que Erasmo, junto con la colaboración de Publio Fausto Andrelini, escribiría su libro “Adagios”, el cual constaba originalmente de 800 refranes y moralejas extraídas de las antiguas tradiciones de Grecia y Roma, además de comentarios del autor sobre su origen y significado. Este refranero adquiriría importancia a nivel popular, siendo muchos de ellos usados en la actualidad. Erasmo iría expandiéndolo a lo largo de su vida, teniendo 3400 refranes en 1521 y 5251 en el momento de su muerte.

Durante su estancia en Inglaterra empezó a ejercer una cátedra como profesor titular de Teología en la Universidad de Cambridge, lugar en el que conocería a grandes pensadores de la escena filosófica e intelectual británica, entre ellos Tomás Moro y Thomas Linacre. Además, se le ofreció un trabajo vitalicio en el Queen’s College de esa misma universidad, pero el espíritu viajero e inquieto de Erasmo lo llevó a rechazarlo. Al filósofo holandés nunca le gustó la rutina, y mucho menos hacer lo mismo el resto de su vida.

Es por todo esto que entre 1506 y 1509 volvería a viajar, esta vez yéndose al centro mismo del Renacimiento: Italia. La mayor parte de su tiempo lo dedicó a trabajar en una imprenta a través de la cual pudo establecer conexiones con miembros de distintas universidades y escritores que se presentaban ahí para publicar sus libros. Su tiempo en Italia fue muy provechoso, rodeándose de personas que pensaban igual que él, que compartían una óptica humanista y crítica con los abusos de los miembros de la Iglesia Católica.

Volviéndose famoso

Estando en Italia el filósofo no pasó desapercibido. Cada vez más eran las personas que conocían quien era Erasmo de Róterdam y se interesaban por sus opiniones. Hubo quienes fueron partidarios de sus ideas, pero otros fueron los más fervientes detractores, rechazando abiertamente sus ideas y criticándolo duramente. Es por esto que, pese a haberse ganado una gran fama en Italia, Erasmo consideró que lo mejor que podía hacer por esa época era trasladarse a un lugar más amistoso, decidiendo ir a Basilea.

Aprovechando su estancia en la ciudad suiza Erasmo va mostrándose más claro acerca su disconformidad con las instituciones y la autoridad. No se sabe cuál fue el origen de esta insatisfacción, si empezó cuando iba a la escuela primaria en su juventud, durante su estancia en el convento agusto en el que se ordenó sacerdote o durante sus estudios en la Universidad de París. Sea como sea lo que se puede extraer es que su opinión de las instituciones educativas del momento era de cárceles para el librepensamiento.

Erasmo de Róterdam y sus críticas

Erasmo de Róterdam fue una persona que se arriesgó bastante al criticar fuertemente a la Iglesia Católica en una época en la que esta institución se valía de su órgano ejecutor, la Santa Inquisición, para “convencer” al pueblo. No es que estuviera en contra de la religión católica, ni tampoco de la institución en sí, sino de los abusos que cometían sus miembros y cómo la Iglesia estaba cortando la libertad de pensamiento en las escuelas y universidades. Como las academias oficiales no se salían del cristianismo Erasmo decidió buscar nuevas ideas en los textos de pensadores griegos y romanos, todos ellos precristianos.

El filósofo holandés se enfureció cuando pensó en cómo la universidad lo había traicionado. Él pensaba que allí se enseñarían nuevas ideas, pero lo que realmente sucedía es que se enseñaban y perpetuaban unas teorías anticuadas procedentes de los primeros siglos de la Edad Media, época que se suponía que ya estaba superada. Criticaba el hecho de que la universidad de su tiempo, lejos de avanzar y representar la institución más adelantada con el resto de la sociedad, estaba obsoleta y parecía ser inmutable.

Salvándose de la persecución eclesiástica

Como decíamos Erasmo era muy crítico con la Iglesia Católica, pero no por su doctrina o por la propia institución, sino por el comportamiento de aquellos que se hacían llamar hombres de Dios. Muchos de ellos, especialmente los que residían en Roma, se comportaban de manera pecaminosa, solicitando el servicio de prostitutas, sacando provecho económico de sus fieles y prometiéndoles la salvación a cambio de un módico precio. Todos estos abusos y muchos más eran claramente contrarios a las ideas de Dios.

Es por esto que Erasmo consideró que se podría hacer algo para cambiar la situación. Tomando las ideas de sus amigos de los monasterios agustinos y también las de su amigo John Colet, Erasmo empezó a analizar detenidamente los libros más importantes y representativos de la Antigüedad Clásica que, pese a ser más antiguos que la Era Cristiana, el filósofo holandés consideró que en ellos podría extraer ideas que le ayudaran a modernizar el mundo que le había tocado vivir.

Gracias a que la ciudad de Basilea lo acogió muy cálidamente y le permitió expresarse sin persecución religiosa, al menos por aquel momento, Erasmo expuso sus críticas, ganándose varios seguidores. De hecho, fue en esta ciudad en la que empezó a escribir “en serio” en torno al 1521, a la edad de 55 años, que por aquella época se consideraba un inicio como escritor demasiado tardío. El motivo por el que se decidió a por fin escribir, aunque tarde, fue que consideraba que quien no sabe escribir siempre se equivocará a la hora de intentar transmitir su mensaje, y él quiso no errar.

Para asegurarse de que se expresaba correctamente quiso tener un dominio extenso de la prosa en lengua latina antes que empezar a redactar su pensamiento. Consideraba que el latín era el idioma ideal, más claro y adecuado para transmitir sus complejas ideas, además de que era el vehículo de transmisión de toda idea científica y filosófica del siglo XVI. Al igual que el francés y el inglés hoy en día, el latín era la lengua de comunicación a nivel europeo y quien no lo dominara no tenía la certeza de que su opinión saliera de su país.

Sus polémicas con la Iglesia Católica han sido malinterpretadas en múltiples ocasiones, llegándose a pensar que se posicionó en contra del catolicismo. Realmente, y como hemos comentado, estaba en contra de los abusos de sus miembros, pero comulgaba con la doctrina católica y con la propia organización de la Iglesia. Lo que le molestaba era que estaba bastante anticuada, anclada en rutinas, supersticiones e ignorancia, además de no permitir el libre acceso e interpretación a la Biblia.

Erasmo quería utilizar su formación universitaria y sus ideas para aclarar las doctrinas católicas y hacer que la Iglesia Católica permitiera más libertad de pensamiento, algo que no todos los obispos del siglo XVI querían, y mucho menos con la inminente amenaza de la reforma luterana. Aún así el filósofo holandés consideró que su trabajo intelectual le permitiría liberar a la Iglesia de su parálisis intelectual y cultural, sacándola de la Edad Media en la que todavía se encontraba e introduciéndola en el Renacimiento.

Lo que le trajo verdaderamente problemas, más que su crítica al estilo de vida de los curas, fue el no posicionarse dentro del conflicto religioso que estaba viviendo Europa en aquel momento. Tras siglos de abusos e hipocresía por parte de la Iglesia los países del norte europeo iniciaron reformas que iban a tomar con o sin el permiso de la Santa Sede. Dadas las ideas humanistas y el querer cambios en la Iglesia Católica no fueron pocos quienes consideraron a Erasmo de Róterdam una amenaza contra la institución.

Es por esto que tuvo que dar explicaciones y decir públicamente que sus ataques no eran contra la institución en sí, ni mucho menos contra Dios como fuente de inteligencia y justicia, sino al mal hacer de muchos obispos y frailes que sacaban lucro económico de la palabra de Dios y la Biblia, aprovechándose de su rebaño. Gracias a que se supo entender Erasmo pudo evitar la oscura y larga sombra de la Santa Inquisición, especialmente gracias a su brillante trabajo con la Biblia que confirmaba su fe y devoción a Dios.

Relación con Martín Lutero

En general, Erasmo estaba de acuerdo con las primeras ideas de Martín Lutero, especialmente en las críticas sobre el modo de administrar la Iglesia. De hecho ambos se hicieron amigos personales, siendo Lutero una de las pocas personas que Erasmo de Róterdam reconoció admirar públicamente. Y Lutero siempre defendió las ideas de Erasmo, argumentando que eran el resultado de un trabajo limpio y una intelectualidad suprema.

No obstante, esta admiración y situación pacífica entre ambos no duró eternamente. Pronto Lutero empezó a presionar a Erasmo para que se mostrara partidario públicamente de sus propuestas reformistas, a lo que el holandés, que no era partidario de posicionarse, se negó fuertemente. De hecho el propio Lutero le insistió todavía más pidiéndole que se convirtiera en la cara visible de los reformistas.

Pero las presiones no venían de un solo lado. El papa Clemente VII le presionó para que atacara explícitamente a los protestantes, invitándole a la biblioteca vaticana para documentarse. Pero pese a semejante invitación Erasmo de Róterdam siguió negándose para trabajar en ningún bando, siendo considerado un cobarde y desleal. Es popular la frase con la que la Iglesia acusó a Erasmo de haber ayudado en la causa protestante: “Usted puso el huevo, y Lutero lo empolló”, la leyenda cuenta que Erasmo contestó con una frase irónica “Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase”

Son muchas las cartas que muestran la relación de amistad y respeto entre Erasmo de Róterdam y Martín Lutero. En las primeras misivas el reformador no se cansa de alabar el trabajo de Erasmo a favor de una mejor y mayor Cristiandad, sin hacerle mención a la Reforma que él mismo iba a iniciar. Con el paso del tiempo Lutero empieza a rogarle y luego exigirle que abandone el catolicismo y se una al por aquel entonces recién nacido bando protestante.

Erasmo respondía a las cartas con comprensión, respeto y simpatía hacia la causa reformista cuando todavía no era secesionista, y se negaba amablemente a tomar una actitud partidista. Explicó a Lutero que si él se convertía en un líder religioso destruiría su reputación como estudioso y pondría en peligro el pensamiento puro que trataba de exponer en sus obras, un trabajo que era el resultado de un trabajo intenso durante décadas, trabajo que Erasmo de Róterdam consideraba el único objetivo de su existencia.

Mientras que los protestantes defendían la idea de libertad individual, el catolicismo negaba que el ser humano pudiera siquiera ser libre, debate en el que, para variar, sí se implicó Erasmo de Róterdam. No obstante, sí que el propio Erasmo de Róterdam reconoció y atacó las exageraciones de Lutero en su libro De libero arbitrio diatribe sive collatio (1524). No obstante poco después analizaría los argumentos contrarios de los católicos y terminó concluyendo, otra vez, que ambas posturas tenían partes de verdad.

Erasmo de Róterdam afirmó que, en efecto, el hombre nace atado al pecado pero, también, dispone de las formas adecuadas para solicitar a Dios que le permita desatarse. La forma adecuada para pedírselo la ofrece únicamente la Iglesia Católica, y depende del pecador saberla aprovecharla. Esta fue la gran aportación acerca al gran dilema de su época, que había enfrentado a protestantes y católicos.

Últimos años

Erasmo de Róterdam pasó sus últimos años acosado tanto por católicos como por los reformadores. Los católicos lo veían como un posible disidente, y los protestantes como una persona que no se atrevía a dar el salto hacia las nuevas reformas. Estos tiempos lo amargaron por culpa de estas duras disputas entre hombres y ambos bandos, aprovechando su ancianidad, intentaron desprestigiar a la figura de Erasmo de Róterdam.

En 1529 la ciudad de Basilea, en la que Erasmo seguía viviendo, se adhirió oficialmente a la Reforma, lo cual hizo que otra vez el anciano tuviera que viajar por el acoso de los protestantes suizos. Estableció su nueva residencia en la ciudad imperial de Friburgo, poblada por muchos católicos. Continuaría allí su incansable actividad literaria, llegando a concluir su obra más importante de esta época, el “Eclesiástico” (1535), paráfrasis del libro bíblico con el mismo nombre.

Poco después de la publicación de este libro volvió a Basilea. De inmediato se acopló a la perfección con un grupo de estudiosos que estaban analizando detalladamente la doctrina luterana. Hay quienes dicen que fue ese momento en el que rompió definitivamente con el catolicismo, aunque otros también lo consideran simplemente otro cambio de opinión dentro de su equidistancia. Sea como sea, mantendría esta postura hasta el día de su muerte el 12 de julio 1536 en la ciudad de Basilea, con 69 años de edad.

La importancia de su legado filosófico

Pese a que la figura de Erasmo de Róterdam fue criticada en su tiempo y, de hecho, todas sus obras fueron a parar en el “Index librorum prohibitorum” de la Santa Sede, con el paso del tiempo se valoró el carácter europeísta, pacifista y multinacional de este filósofo, quien tuvo la oportunidad de visitar varias universidades y centros culturales en vida. Es por este motivo que la Red de la Comunidad Europea para Intercambios Académicos lleva el nombre de Programa Erasmus en honor al carácter y obra de este gran pensador.

Obras

En las obras de Erasmo de Róterdam se muestra su interés por reformar, aunque no en el sentido luterano, a la Iglesia Católica, además de un gran interés por el mundo clásico y las ideas humanistas y renacentistas tan extendidas en su época. Algunas de sus obras más populares son las que vienen en el listado a continuación:

  • Adagios (1500-1536)
  • Enchiridion militiis christiani (1503)
  • De ratione studii (1511)
  • Enchomion moriae seu laus stultitiae (1511)
  • Institutio principis christiani (1516)
  • Novum Instrumentum (1516)
  • Paráfrasis del Nuevo Testamento (1516)
  • Colloquia (1517),
  • Spongia adversus aspergines Hutteni (1523)
  • De libero arbitrio diatribe (1524)
  • Primer tomo de Hyperaspistes (1526)
  • Segundo tomo de Hyperaspistes (1527)
  • De pueris statim ac liberaliter instituendis (1528)
  • Ciceronianus, sive de optimo dicendi genere (1528)
  • Utilissima consultatio de bello turcis inferendo (1530)
  • Ecclesiastes y Preparatio ad mortem (1534)

Referencias bibliográficas:

  • Bejczy, Istvan Pieter (2001). Erasmus and the Middle Ages: The Historical Consciousness of a Christian Humanist. Brill Academic Publishers, Collection Brill's Studies in Intellectual History, Londres. ISBN 90-04-12218-4.
  • Zweig, Stefan (2005). Erasmo de Róterdam: Triunfo y Tragedia de un Humanista. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona. ISBN 84-493-1719-3