¿Qué es la zoofarmacognosia?

Te explicamos en qué consiste la curiosa capacidad de los animales para automedicarse.

¿Qué es la zoofarmacognosia?

El vocablo, a priori, suena de lo más extraño. Zoofarmacognosia. Una palabra (muy) larga y difícil de pronunciar que, sin embargo, hace varias décadas que está presente en nuestro vocabulario. En concreto, desde 1987, cuando se fijó en el argot científico para hacer referencia a la capacidad de los animales para encontrar en la naturaleza plantas u otros elementos beneficiosos para su organismo.

En el artículo de hoy hablamos de qué es la zoofarmacognosia, esta asombrosa capacidad de los animales para automedicarse que ha despertado siempre gran curiosidad en el ser humano, y de la que, muy probablemente, aprendieron las primeras sociedades humanas.

¿Qué es la zoofarmacognosia?

Si alguna vez has visto a tu perro o a tu gato comer hierba, seguramente sabrás de qué te estamos hablando. Se trata de un hábito que se ha observado en algunos animales, a través del cual ingieren o se rozan con plantas u otros elementos que poseen grandes propiedades antiinflamatorias, antibacterianas y cicatrizantes. En otras palabras, los animales saben cómo cuidar su organismo cuando se sienten enfermos o, simplemente, cuando quieren prevenir algún daño.

A este curioso hecho es a lo que los científicos denominan zoofarmacognosia, una extraña palabra que está compuesta por tres vocablos griegos: zoon (animal), pharma (fármaco) y gnosis (conocimiento). Por tanto, su traducción literal sería algo así como el conocimiento de los animales para medicarse.

¿Es cierto que los animales son capaces de automedicarse?

Hace poco, saltó una noticia que asombró al mundo. En Sumatra, unos científicos observaron que un macho orangután, que ostentaba una evidente herida en la cara (fruto de un enfrentamiento con otro macho), tomaba unas hojas de liana y las colocaba en la herida, a modo de cataplasma. Al cabo de unos días, sólo quedó como recuerdo una cicatriz apenas perceptible.

Es sabido que esta especie de planta trepadora, la raíz amarilla, tiene propiedades altamente antibacterianas y antioxidantes, y su aplicación en la herida del orangután facilitó su curación y evitó, además, una posible infección. Esto era un hecho; la pregunta, en realidad, era la siguiente: ¿se trataba de la intención del orangután, o todo obedecía a una mera casualidad?

En realidad, esta planta no entra en la dieta de estos primates asiáticos, por lo que es poco probable que, en su día a día, se acerquen a ella. Así pues, todo parece indicar que, efectivamente, el orangután herido tomó la hierba ex profeso para automedicarse, de una forma, por supuesto, instintiva, fruto de muchos milenios de evolución.

El orangután de Sumatra ¿un caso aislado?

Podríamos pensar que el orangután de Sumatra que se curó la herida es un caso aislado, y que, en realidad, esta no es una práctica habitual entre los animales. De hecho, incluso podríamos creer que el primate estaba solo imitando algún comportamiento humano que, en alguna ocasión, hubiera podido observar.

Sin embargo, el asunto es mucho más complejo. En un interesante artículo de The conversation (ver bibliografía) se recogen muchos testimonios históricos que afirman la existencia de conductas parecidas en los animales. Es el caso, por ejemplo, del célebre libro de Aristóteles Historia de los animales, escrito en el siglo IV a.C., donde el filósofo recoge no sólo el bien conocido hábito de los canes de purgarse con hierba, sino también el de los osos que, tras una larga y debilitante hibernación, lo primero que comen es el ajo silvestre, rico en vitamina C, magnesio y otros nutrientes importantes para volver a estar en plena forma.

Estos ejemplos pueden parecernos casi accidentales, pero las fuentes históricas están literalmente llenas de ellos. En el Bestiario de Aberdeen, del siglo XII, se cuenta que los osos se recubren las heridas con verbasco o candelaria, una planta de hermosas flores amarillas que posee grandes propiedades antiinflamatorias.

Podríamos pensar que solo los mamíferos, en tanto que animales más desarrollados, actúan así. Pero, de nuevo, la realidad puede sorprendernos. Porque también encontramos en las fuentes el testimonio de serpientes que se rozan insistentemente con tomillo e impregnan con él sus ojos, por sus propiedades regeneradoras para la piel, así como sus grandes beneficios para el sistema inmune. Por otro lado, existen estudios que demuestran que los gorriones de ciudad suelen recoger los cigarrillos consumidos, ya que la nicotina es un gran aliado contra los parásitos de los nidos…

Tipos de zoofarmacognosia

Los científicos distinguen tres tipos de zoofarmacognosia o automedicación animal, dependiendo de la manera en que las sustancias entran en el organismo:

Ingestión: Es uno de los métodos más comunes, que podemos ver habitualmente en el ya citado ejemplo de los perros que consumen hierba. El animal ingiere la planta y sus beneficios se adquieren a través de la digestión. En el caso de los perros y la hierba, es probable que la intención sea purgatoria, es decir, inducir a la excreción diarreica para regenerar y limpiar el sistema digestivo de parásitos. Algunos loros de América, por ejemplo, ingieren incluso arcilla, que es beneficiosa para absorber toxinas del intestino.

Absorción: Mediante la absorción, el animal asimila las propiedades del elemento en cuestión situándolo en su boca. Es típico de algunos primates como los chimpancés, que, a través de este procedimiento con las hojas de algunas plantas, evitan el parasitismo.

Finalmente, tendríamos la aplicación cutánea, que consiste en restregar el cuerpo sobre el elemento beneficioso, o bien, como en el caso del orangután de Sumatra, aplicarlo cuidadosamente en la herida para ayudar a su curación.

En suma, todavía falta mucho por descubrir acerca de la capacidad de los animales para reconocer y aprovechar diversos elementos naturales para su beneficio. Una de las preguntas que nos podemos hacer es la siguiente: ¿de dónde lo han aprendido? ¿Proceso de imitación de los adultos, transmisión genética…?

Lo que sí está claro es que existen numerosos ejemplos que atestiguan que los animales, en efecto, se automedican, y que puede que esta zoofarmacognosia, dictada por milenios y milenios de evolución, tenga mucho que ver con el conocimiento humano sobre las propiedades medicinales del mundo natural.

  • Castillo, M., Rakus, el orangután que se curó una herida con sus propias medicinas, publicado en expansión.com, 7 de mayo de 2024
  • Diamond, J. M. (1999), Evolutionary biology: Dirty eating for healthy living, publicado en Nature, Volume 400, Issue 6740, pp. 120-121
  • Engel, C. (2002), Wild health: how animals keep themselves well and what we can learn from them, Houghton Mifflin
  • Mayor, A., Animals self-medicate with plants − behavior people have observed and emulated for millennia, publicado en theconversation.com, 24 de mayo de 2024.

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