Es sabido que la depresión y la ansiedad pueden afectar a las personas en distintas etapas o contextos de su vida, sin importar la edad, y en este artículo nos basaremos en las afectaciones académicas, es decir, cómo le afecta a un estudiante padecer depresión o ansiedad en etapa estudiantil.
Antes de entrar en detalles puntuales sobre las consecuencias o signos de las mismas, es importante mencionar que el rango de edad en el que se basa esta información va principalmente de los 9 a los 20 años bajos, o sea, desde primaria alta hasta estudios Universitarios o de Posgrado. Esto no quiere decir que estudiantes en primaria baja o kinder puedan experimentar consecuencias de este tipo también.
Los efectos de la depresión y la ansiedad en el contexto educativo
Las principales consecuencias y secuelas que deja estar atravesando un cuadro de depresión y/o ansiedad mientras eres estudiante son: dificultad para desempeñarse con fluidez y concentración en sus actividades cotidianas Malestar emocional, psicológico o físico en el día a día, así como también es probable que represente un sobreesfuerzo hacer el mínimo de actividad durante el día. Dificultades cognitivas y cronológicas. Impacto en la motivación y el rendimiento, procrastinación, disminución de energía. Problemas de asistencia y participación, faltas constantes debido a malestar. Efectos emocionales como miedo intenso al fracaso, necesidad de complacer a maestros, tutores o compañeros, sentimientos de inutilidad, perfeccionismo excesivo que puede bloquear avance en tareas y una mayor sensibilidad. Alteraciones físicas relacionadas con problemas del sueño, fatiga persistente, tensión muscular, cambios en el apetito. Riesgos académicos a largo plazo, tales como reprobar múltiples materias, retraso en la trayectoria académica, abandono temporal o definitivo de los estudios, deterioro en relaciones con compañeros y profesores.
Una vulnerabilidad no sana, que puede terminar predisponiendo a la persona a encajar ser víctima de bullying; llanto entre clases, recreos en aislamiento, tristeza crónica, sentimientos de autorechazo, cuestionamiento constante sobre qué podría estar mal con él/ella, muy baja energía y evitación de contacto visual o físico en casos extremos.
Es importante destacar que estas dificultades no reflejan falta de inteligencia, capacidad o esfuerzo. La ansiedad y la depresión pueden afectar directamente funciones cerebrales relacionadas con el aprendizaje, la memoria, la motivación y la regulación emocional.
Es por eso que hoy en día es de vital importancia que maestros y tutores se preparen no solamente con el contenido básico académico, sino también con herramientas más humanas, que abarquen al campo de la psicología para poder detectar e intervenir a tiempo en casos como estos en ambientes escolares. Al final del día, los alumnos pasan gran parte de su tiempo en la escuela, y el desarrollo emocional y neuronal no descansa; todo ese tiempo la persona se sigue desarrollando, sigue moldeando su identidad, su autoestima, sus capacidades intelectuales, y no debe ser tratado como algo menor; no debería ser únicamente tomado en cuenta en casa. El trauma se puede generar donde quiera que vayan.
La dimensión social del problema
Cabe resaltar que hay niños, adolescentes y adultos jóvenes que llegan a hogares no muy amorosos, donde viven negligencia, maltrato y más abuso por parte de sus tutores. Y es fácil pensar que ese no es problema de la sociedad, pero en realidad sí lo es; sí es problema de la sociedad que haya personas viviendo un desarrollo en sufrimiento y supervivencia, debido a que las posibilidades de delincuencia se elevan, las posibilidades de desarrollo de psicopatía encubierta se elevan. No toda depresión y ansiedad lleva a ideación suicida; también hay evidencia de que lleva a desarrollar un perfil que se eleve a través de ello con violencia, y que de ahí nazcan potenciales peligros para el resto de las personas.

María Fernanda Puig Esquer
María Fernanda Puig Esquer
Licenciada en Psicología
En conclusión, la depresión y la ansiedad en el desarrollo académico tienen un impacto muy grande y muy profundo en la vida de una persona, pero definitivamente no solamente queda ahí; sí es en parte responsabilidad de todos abrir la mente y hacer conciencia de que vivir entre manzanas podridas o dañadas no es sano, y que las personas que están a cargo deberían adoptar un rol más consciente sobre ello. Somos parte de una red; hay una necesidad real de dejar de lado las ideas de individualización extrema o de mancomunación extrema, en donde se hace que todos paguen el plato roto de un alumno ante un mal comportamiento, pero no hacen que todos paguen el plato roto si en comunidad hubo un daño creado que pueda ahorillar a una persona a tener una reacción violenta en intento de defensa personal.












