¿Cómo sé si tengo ansiedad? Síntomas, tipos y cuándo pedir ayuda

Claves para reconocer la ansiedad, distinguir cuándo es normal y saber cuándo pedir ayuda.

Qué es la ansiedad
Un repaso a este fenómeno psicológico asociado al estrés.
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La ansiedad puede aparecer ante exámenes, problemas laborales, cambios vitales o incluso sin una causa evidente. Conocer cómo se manifiesta ayuda a distinguir una reacción normal de una ansiedad que empieza a interferir en nuestra vida y a saber qué podemos hacer ante ella.

La ansiedad es una respuesta psicológica y fisiológica que aparece cuando anticipamos una posible amenaza, dificultad o peligro. Puede manifestarse a través de nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestro comportamiento y distintas sensaciones corporales. Aunque a menudo la asociamos con algo negativo, sentir ansiedad no significa necesariamente que exista un problema psicológico.

Todos hemos sentido ansiedad en algún momento: ante un examen, una entrevista de trabajo, una exposición en público o una decisión cuyo resultado nos preocupa. En estas situaciones, el organismo aumenta su nivel de activación para prepararnos ante aquello que está por venir. El problema aparece cuando esta respuesta se vuelve demasiado intensa o persistente, resulta difícil de controlar o empieza a condicionar nuestro día a día.

Tras una ruptura, la pérdida de un ser querido, un periodo prolongado de estrés o incluso aparentemente de repente, algunas personas empiezan a experimentar preocupación constante, tensión, palpitaciones, problemas para dormir o la sensación de que algo malo está a punto de ocurrir. Ahora bien, ¿cómo podemos distinguir la ansiedad habitual de aquella que puede necesitar atención? Para entenderlo, primero debemos saber qué función cumple.

¿Qué es la ansiedad y para qué sirve?

La ansiedad forma parte de nuestros mecanismos de adaptación. Cuando nuestro cerebro interpreta que existe una amenaza futura, pone en marcha una respuesta que aumenta la vigilancia y nos prepara para actuar. Por eso podemos notar que nuestro corazón late más rápido, que los músculos se tensan o que nuestra atención se concentra en aquello que nos preocupa. Es, en cierto modo, un sistema de alarma orientado hacia lo que podría suceder.

A diferencia del miedo, que suele aparecer ante una amenaza más inmediata, la ansiedad está especialmente vinculada con la anticipación. Podemos experimentarla días antes de realizar un examen o simplemente imaginando las consecuencias de una conversación difícil. Esta capacidad para anticiparnos puede ayudarnos a prepararnos, buscar soluciones y evitar determinados riesgos. El objetivo, por tanto, no es vivir completamente libres de ansiedad, algo poco realista, sino que esta respuesta aparezca con una intensidad y duración acordes con la situación.

El artículo original relacionaba esta función con la conocida ley de Yerkes-Dodson, formulada a partir de experimentos publicados en 1908. La idea se ha popularizado como una relación entre activación y rendimiento: una activación demasiado baja puede no favorecer determinadas tareas, mientras que una excesiva puede dificultarlas. Sin embargo, el estudio original no investigaba directamente la ansiedad humana y esta relación depende de factores como la dificultad de la tarea, por lo que no debe entenderse como una regla matemática aplicable a cualquier situación.

Ansiedad normal y trastorno de ansiedad: ¿cuál es la diferencia?

Sentir mucha ansiedad en un momento determinado tampoco significa necesariamente tener un trastorno. Ante una pérdida, una amenaza real o un acontecimiento especialmente difícil podemos experimentar una respuesta muy intensa sin que esta sea necesariamente patológica. Para valorar cuándo la ansiedad se está convirtiendo en un problema hay que atender al contexto, la frecuencia, la duración y, sobre todo, hasta qué punto está interfiriendo en nuestra vida.

Los trastornos de ansiedad se caracterizan por un miedo o preocupación excesivos y difíciles de controlar que pueden mantenerse durante periodos prolongados y generar un malestar significativo o dificultades en ámbitos como el trabajo, los estudios, las relaciones o las actividades cotidianas. También es frecuente que aparezca la evitación: la persona empieza a organizar su vida alrededor de aquello que teme con el objetivo de impedir que vuelva a sentirse ansiosa.

Y aquí puede formarse un círculo difícil de romper. Evitar una situación proporciona alivio a corto plazo, pero también puede reforzar la idea de que aquello que hemos evitado era realmente peligroso. Lo mismo ocurre cuando necesitamos comprobar constantemente que todo está bien, pedir tranquilidad a otras personas o vigilar nuestras sensaciones corporales. La estrategia reduce momentáneamente la incertidumbre, pero puede contribuir a mantener el miedo.

No existe, además, una única causa de los problemas de ansiedad. La investigación apunta a una interacción compleja entre factores biológicos, psicológicos y sociales. El estrés prolongado, determinadas experiencias adversas, algunas características individuales, pérdidas importantes o acontecimientos traumáticos pueden influir, pero no todas las personas reaccionan igual ante las mismas circunstancias.

¿Cómo puedo reconocer los síntomas de la ansiedad?

Una de las razones por las que la ansiedad puede resultar desconcertante es que no se experimenta únicamente como preocupación. Activa diferentes sistemas del organismo y puede manifestarse simultáneamente en el cuerpo, en nuestra forma de pensar y en nuestra conducta. Tampoco existe una combinación universal: dos personas pueden sentir ansiedad de maneras bastante diferentes.

Entre sus manifestaciones más habituales encontramos:

  • Síntomas físicos: palpitaciones o aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, temblores, sudoración, molestias gastrointestinales, mareo, sensación de falta de aire, inquietud y dificultades para dormir.
  • Síntomas cognitivos y emocionales: preocupación persistente, anticipación de resultados negativos, pensamientos catastrofistas, irritabilidad, dificultades para concentrarse, sensación de peligro o miedo a perder el control.
  • Síntomas conductuales: evitar lugares o situaciones, abandonar actividades por miedo a sentirse mal, buscar constantemente tranquilidad en otras personas o realizar comprobaciones repetidas para reducir la incertidumbre.

La presencia aislada de uno de estos síntomas no permite determinar que alguien tenga un trastorno de ansiedad. Además, algunas manifestaciones físicas también pueden aparecer por otros motivos. Si el dolor en el pecho, las dificultades respiratorias, el desmayo u otros síntomas físicos intensos aparecen por primera vez, resultan especialmente fuertes o plantean dudas sobre su origen, no conviene atribuirlos automáticamente a la ansiedad y puede ser necesaria una valoración médica.

¿Cuáles son los principales tipos de trastornos de ansiedad?

Hablar de “ansiedad” como si se tratara de un único problema puede llevar a confusión. Existen diferentes trastornos relacionados con el miedo y la ansiedad, y cada uno presenta unas características propias. Este artículo funciona como una introducción general; las particularidades de cada cuadro requieren ser tratadas en profundidad en sus correspondientes páginas.

Entre ellos encontramos el trastorno de ansiedad generalizada, caracterizado por una preocupación excesiva y persistente acerca de diferentes aspectos de la vida; el trastorno de pánico, en el que aparecen ataques de pánico recurrentes acompañados de preocupación o cambios de conducta relacionados con la posibilidad de sufrir nuevos episodios; la agorafobia; el trastorno de ansiedad social; las fobias específicas y el trastorno de ansiedad por separación.

Conviene aclarar también que expresiones como “crisis de ansiedad” o “ataque de ansiedad” se utilizan con frecuencia en el lenguaje cotidiano, pero no designan necesariamente una categoría diagnóstica específica. Tampoco deben emplearse automáticamente como equivalentes de un ataque de pánico. Este último describe un episodio de miedo o malestar intenso acompañado de determinadas manifestaciones físicas y cognitivas que aumentan rápidamente. Qué ocurre durante una crisis, cuánto dura o qué hacer en ese momento son preguntas que conviene abordar en artículos específicos para no confundir fenómenos diferentes.

¿Qué puedo hacer si siento ansiedad?

Cuando la ansiedad aparece de forma ocasional y no está limitando nuestra vida, algunas medidas de autocuidado pueden ayudarnos a regular el nivel general de activación. Mantener horarios de sueño razonablemente regulares, realizar actividad física, reducir un consumo excesivo de sustancias estimulantes y disponer de espacios para descansar pueden contribuir al bienestar psicológico. Las técnicas de relajación, respiración o atención plena también pueden resultar útiles para algunas personas.

Ahora bien, estas herramientas no deben entenderse como un tratamiento universal ni como una forma de conseguir que la ansiedad desaparezca inmediatamente. Intentar controlar a toda costa cada sensación puede hacer que terminemos prestándole todavía más atención. En muchos casos resulta más útil aprender a tolerar cierto grado de activación y observar qué pensamientos, situaciones y comportamientos están alimentando el problema.

También merece atención aquello que dejamos de hacer por miedo. Si la ansiedad nos lleva progresivamente a rechazar planes, evitar transportes, dejar de relacionarnos, abandonar actividades o necesitar condiciones cada vez más estrictas para sentirnos seguros, el alivio obtenido mediante la evitación puede terminar haciendo nuestra vida cada vez más pequeña. Cuando ese patrón está consolidado, intentar solucionarlo únicamente mediante consejos generales de autoayuda puede quedarse corto.

¿Cuándo debería pedir ayuda por ansiedad?

No es necesario esperar a encontrarse completamente desbordado para consultar a un profesional. Puede ser recomendable hacerlo cuando la ansiedad resulta persistente, genera un sufrimiento importante o comienza a interferir de manera significativa en el trabajo, los estudios, las relaciones, el descanso o las actividades que antes realizábamos con normalidad. También cuando sentimos que dedicamos buena parte del día a preocuparnos, evitar situaciones o intentar impedir que aparezcan determinadas sensaciones.

La evaluación psicológica permite comprender qué está ocurriendo y diferenciar entre una respuesta de ansiedad esperable, un problema relacionado con una situación concreta y un posible trastorno de ansiedad. A partir de ahí, el abordaje dependerá de las características de cada persona y del problema específico. Entre las intervenciones psicológicas con mayor respaldo científico para distintos trastornos de ansiedad se encuentran las basadas en la terapia cognitivo-conductual, que puede incorporar técnicas como la exposición, el trabajo con determinados patrones de pensamiento y el aprendizaje de nuevas estrategias de afrontamiento.

Esto no significa que exista un único tratamiento válido para todas las personas. La elección de la intervención debe tener en cuenta el trastorno concreto, su intensidad, otros posibles problemas psicológicos o médicos, las preferencias de la persona y la valoración profesional. En determinados casos también puede contemplarse tratamiento farmacológico, siempre bajo supervisión sanitaria.

Comprender la ansiedad supone, en definitiva, reconocer que no toda ansiedad necesita ser eliminada ni toda ansiedad debe ser ignorada. Se trata de una respuesta normal que nos ayuda a anticipar amenazas, pero puede convertirse en una fuente considerable de sufrimiento cuando permanece activada de forma excesiva y empieza a condicionar nuestra manera de vivir.

Aprender a identificar cuándo hemos cruzado esa frontera es más útil que intentar no sentir ansiedad nunca. Si las estrategias cotidianas no son suficientes y la preocupación, el miedo o la evitación están limitando tu vida, buscar ayuda profesional puede ser el siguiente paso. Una evaluación permitirá comprender qué está manteniendo el problema y qué herramientas pueden resultar más adecuadas en tu caso.

Serie: Entender la ansiedad

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Según lo que necesites ahora:

  • Carpenter, J.K., Andrews, L.A., Witcraft, S.M., Powers, M.B., Smits, J.A.J. & Hofmann, S.G. (2018). “Cognitive behavioral therapy for anxiety and related disorders: A meta-analysis of randomized placebo-controlled trials”. Depression and Anxiety, 35(6), 502-514.
  • Craske, M.G., Stein, M.B., Eley, T.C., Milad, M.R., Holmes, A., Rapee, R.M. & Wittchen, H.U. (2017). “Anxiety disorders”. Nature Reviews Disease Primers, 3, 17024.
  • Gottschalk, M.G. & Domschke, K. (2017). “Genetics of generalized anxiety disorder and related traits”. Dialogues in Clinical Neuroscience, 19(2), 159-168.
  • National Institute for Health and Care Excellence. (2020). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management. Clinical guideline CG113.
  • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical Descriptions and Diagnostic Requirements for ICD-11 Mental, Behavioural or Neurodevelopmental Disorders.
  • Organización Mundial de la Salud. (2025). Trastornos de ansiedad.
  • Otte, C. (2011). “Cognitive behavioral therapy in anxiety disorders: current state of the evidence”. Dialogues in Clinical Neuroscience, 13(4), 413-421.

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Avance Psicólogos. (2018, noviembre 27). ¿Cómo sé si tengo ansiedad? Síntomas, tipos y cuándo pedir ayuda. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/que-es-ansiedad

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Avance Psicólogos es un centro de psicología en Madrid con más de 25 años de experiencia y más de 15.000 personas atendidas. Cuenta con dos centros de atención psicológica presencial, situados en los barrios de Salamanca y Chamberí, y ofrece también terapia psicológica online.

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Avance Psicólogos trabaja desde un enfoque integrador basado en la evidencia científica, adaptando la intervención psicológica a las características y necesidades de cada persona. Como equipo autor en Psicología y Mente, desarrolla contenidos divulgativos sobre psicología, salud mental, relaciones, bienestar emocional y psicoterapia, acercando el conocimiento psicológico y la experiencia clínica a problemas y situaciones de la vida cotidiana.

A lo largo de su trayectoria, Avance Psicólogos ha recibido diferentes reconocimientos por su labor profesional y sanitaria, entre ellos el reconocimiento al Mérito Sanitario de la Ilustre Academia de las Ciencias de la Salud Ramón y Cajal y la Medalla de Oro del Instituto para la Excelencia Profesional.

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