Sentir estrés en el puesto de trabajo es la rutina diaria de casi todos los trabajadores. Esto puede parecer una obviedad y algo inevitable puesto que ¿quien no se va a sentir estresado trabajando? El trabajo es algo a lo que estamos obligados, no lo hacemos por gusto.

Si bien hay trabajos y trabajos, todos los que se hacen en la oficina son muy estresantes. Cierto que lo normal es estar sentados y no se hacen actividades peligrosas pero, igualmente, la presión de tener que cumplir con las entregas nos puede agobiar muchísimo, especialmente si tenemos predisposición al neuroticismo.

Una cosa que nos debe quedar clara es que para ser un buen trabajador y desempeñar bien nuestra función tenemos que estar relajados. El estrés es el enemigo de la productividad y de la salud mental, por esto hoy vamos a ver algunas formas para aprender cómo relajarte en la oficina.

Consejos para saber cómo relajarse en la oficina

Ninguna persona es inmune al estrés, y el puesto de trabajo es el lugar en el que más posibilidades hay de estresarse. Muchas personas tienen interiorizada la idea de que esto es normal puesto que trabajar no es, al menos en la mayoría de las ocasiones, una actividad placentera. Esto es especialmente cierto si trabajamos en una oficina. Estar encerrados en un claustrofóbico cubículo sentados en una silla que nos hace estar como encogidos delante del ordenador no suele ser nuestro ideal de placer.

Afortunadamente, son muchas las cosas que podemos hacer en la oficina para destensarnos, todas ellas fácilmente realizables en el puesto de trabajo. Aprender cómo relajarte en la oficina es fundamental tanto para tu salud mental y física como para tu productividad puesto que, digan lo que digan, el ser humano no trabaja muy bien demasiada presión.

Las personas que viven su trabajo de forma especialmente estresante tarde o temprano cometen fallos que le perjudican tanto a él como al resto de sus compañeros y jefes, y esto es algo que nadie desea. A continuación veremos algunas técnicas y consejos que podemos aplicar en nuestra oficina, muy fáciles de hacer y que nos pueden ayudar a ser más productivos.

1. Ejercicios de respiración

Lo primero que tenemos que hacer para mantener a raya nuestro estrés es aprender a controlar la respiración. Respirar profundamente es todo un clásico en todo manual para aprender a relajarse, y es perfectamente aplicable al ámbito laboral. Solo tenemos que cerrar los ojos y respirar lo más hondo posible, asegurándonos de que el aire va llenando poco a poco nuestro abdomen. Lo mantenemos unos cuantos segundos en nuestros pulmones y, poco a poco, lo vamos exhalando muy despacio, siempre por la nariz.

Podemos repetir este ejercicio unas cuantas veces, siempre haciéndolo de forma calmada y lenta para evitar que hiperventilemos. Una buena pauta es seguir la regla del 4-7-8: inhalar el aire por la nariz durante 4 segundos, aguantar la respiración durante 7 y expulsarlo muy lentamente durante 8.

2. Buena postura

No pdemos estar relajados si estamos en una postura incómoda. Esto es especialmente importante si nos pasamos muchas horas diarias sentados delante de un ordenador, puesto que a medida que nos descuidamos podemos quedarnos encallados en una postura muy poco natural, con la espalda curvada y poniendo demasiada presión sobre las cervicales. Debemos asegurarnos de que nuestra silla es ergonómica y esté puesta a una altura que nos vaya bien para trabajar.

Es fundamental que aprovechemos la forma de la silla, apoyando nuestra espalda en el respaldo y manteniéndola bien recta. En la medida que se pueda debemos apoyar las cervicales. De esta manera nos ahorraremos todo tipo de molestias físicas como contracturas, dolores de cabeza o mareos, además de que como no estaremos en tensión no caeremos en estrés estando en nuestro puesto de trabajo.

3. Estirar los brazos

Estirar los brazos es una técnica especialmente recomendada para todos aquellos que se suelen pasar muchas horas retraídos. Muchas personas ignoran la importancia de estirar los brazos, lo cual hace que sientan con mucha frecuencia dolores de hombros y de muñecas.

Para estirar los brazos no necesitamos ni mucho espacio ni ningún material especial, incluso podemos hacerlo sentados. Simplemente debemos llevar los brazos hacia delante, paralelos al suelo y con las palmas afuera. Los dedos primero apuntan al techo y, después, al suelo. Haremos rotaciones con las muñecas para relajar un poco más la zona.

4. Girar la cabeza

Una de las partes que más se resienten cuando trabajamos en oficinas es el cuello. Para poder relajarlo podemos mover la cabeza en todas las direcciones, siempre haciendo movimientos suaves y lentos, nunca de forma brusca. Primero la movemos de arriba y abajo varias veces, luego de derecha e izquierda, y luego con giros de 360º hacia los lados. Lo importante es que notemos como estamos destensando las cervicales “quitándoles el polvo” tras horas estando en la misma posición.

Otra opción que tenemos es colocar la palma de la mano derecha sobre la oreja izquierda y, suavemente, ejercer un poco de presión hacia el hombre derecho, estirando un poco la nuca hacia un lado. Luego lo haremos con el lado contrario, y en cada tanda estaremos entre 30 segundos y un minuto en esta posición.

5. Teletransportarse a un mundo colorido

Estar todo el día mirando la blanca pantalla de ordenador con el procesador de textos abierto es tedioso, aburrido y monocromático. Los colores agradables rara vez abundan en este tipo de contextos y llega un momento en el que empezamos a ver el mundo en blanco y negro. Para romper un poco con esta monotonía y conseguir alienarnos felizmente podemos pasar de una visión en blanco con letras en negro a uno multicolor viendo durante unos cuantos minutos un paisaje agradable y colorido.

Para ello podemos usar la técnica de la visualización, que simplemente consiste en cerrar los ojos e imaginarse un paisaje agradable, el que más paz interior nos traiga. Si no somos muy buenos imaginando cosas lo que podemos hacer es buscar en Internet una fotografía agradable como un campo de coloridos tulipanes holandeses, las azuladas aguas del Caribe o un paisaje tradicional japonés. Imaginémonos que nos hemos teletransportado ahí y que podemos oír, oler y sentir lo que estamos viendo.

6. Relajar los ojos

Para relajar los ojos es muy importante apartarlos de la pantalla, especialmente tras pasar varias horas seguidas mirando el monitor. Unos ojos constantemente activos son más propensos a secarse y desarrollar patologías como infecciones. Es por esto que es tan importante que, aunque no sean ni 5 minutos, los apartemos del monitor y los movamos un poco.

Un buen ejercicio consiste en cerrar los párpados, dibujando con los ojos el signo de infinito (∞) unas diez veces. También podemos hacerlo con los ojos abiertos, aunque es más probable que nos mareemos si nos pasamos con la velocidad. Este ejercicio no es algo muy difícil de hacer y no necesitamos para nada ningún material, con lo cual es un ejercicio perfecto.

7. Escuchar música

Si somos de los que no nos descentramos cuando escuchamos música podemos probar de ponérnosla mientras estamos haciendo nuestras tareas. Siempre y cuando a nuestro jefe no le moleste que nos pongamos unos cascos podemos escuchar nuestro género musical favorito, lo cual hará que nuestro trabajo pase de ser estresante a más divertido y ameno, haciendo que se nos pase volando la jornada laboral.

8. Mirar por la ventana

Puede ser que nuestra oficina tenga una ventana con un interesante paisaje, sea el que sea. Puede que no sea gran cosa, pero esto es mucho mejor que el claustrofóbico cubículo en el que nos encontramos metidos. Podemos mirar a través de ella, entreteniéndonos un rato cotilleando qué es lo que hace la gente en la calle, el tiempo que hace, la forma de las nubes, si hay algún detalle en los edificios de enfrente que no nos habíamos fijado…

Todo lo que nos puede ofrecer una simple perspectiva de algo tan mundano como es la calle en donde se encuentra nuestra oficina es tan inmenso que nunca nos dejará de sorprender. Incluso puede hacer que nos dé alguna que otra idea, haciéndonos nuestro trabajo más creativo y ameno.

9. Caminar

Muchas personas, especialmente en días laborales, no consiguen el objetivo recomendado por la OMS de hacer entre 8.000 y 10.000 pasos al día. Muchos pensarán que esos son muchos pasos pero, realmente, no se tarda más de una hora en hacerlos y hasta se pueden conseguir en el puesto de trabajo, sea caminando por los pasillos o subiendo escaleras. Cuando hablamos de caminar para relajarte en la oficina no hablamos de estar haciéndolo mientras se habla por el teléfono o se consulta el móvil, sino de solamente caminar.

En nuestras caminatas por el trabajo podemos visitar a un compañero que no esté demasiado ocupado, ver más a fondo cómo es el edificio en el que trabajamos o ir a tomarnos un tentempié saludable, un vaso de agua o una infusión. Si el té o el café nos relajan también los podemos tomar, pero hay que tener en cuenta que estas bebidas tienen metilxantinas, sustancias que nos pueden sobreestimular y provocarnos estrés.

10. Ejercitar las piernas

Podemos ponernos de pie y ejercitar brevemente las piernas. Esto es necesario porque las piernas se acaban cansando de pasarnos tantas horas sentados y sin movernos, especialmente si estamos en un trabajo en el que se hace difícil dar paseos por la empresa o sus alrededores. Al ponernos de pie podemos elevar una rodilla hasta que forme un ángulo de 90º con respecto del tronco y nos mantenemos así durante unos cuantos segundos. Si no tenemos problemas de equilibrio podemos estar así unos 30 segundos o un minuto. Luego repetimos el ejercicio pero con la otra pierna.

11. Meditar

Meditar es también una de las técnicas más recomendadas para poder relajarse. Sin embargo, hay un problema: una oficina no es un salón de yoga. El espacio es más reducido y hay más distractores, con lo cual nos será muy difícil meditar cual monje budista del Tíbet. Afortunadamente, no hace falta cumplir con absolutamente todos los requisitos para meditar, siempre y cuando consigamos relajarnos un poquito en la oficina. Por ejemplo, podemos dejar de mirar a la pantalla durante unos 5 minutos, poner música en el móvil o en el propio ordenador y cerrar los ojos.

12. Tomar descansos

El buen trabajador no es el que no para ni un momento, sino aquel que sabe gestionarse el tiempo y descansa regularmente. Muchas veces, algo tan simple como guardarse 5 minutos cada hora a modo de breve descanso sirven para que nuestras energías no decaigan. Además, dado que nos cuesta estar concentrados y atentos durante más de 50 minutos no podemos esperar hacer bien nuestro trabajo si nos dedicamos 3 horas seguidas sin descanso alguno a hacer lo que estemos haciendo. Hay que recargar.