¿Es contagiosa la depresión?

La depresión no tiene por qué ser entendida siempre como un problema del individuo.

¿Es contagiosa la depresión?

¿Te ha pasado alguna vez que estabas algo deprimido/a, vas a una quedada y te terminan contagiando el entusiasmo o la alegría? ¿O viceversa, que estabas alegre y se te ha ido esfumando la emoción porque los ánimos en el ambiente no eran buenos?

Esto puede ocurrir porque las emociones se contagian. Adquirimos los estados emocionales de nuestro entorno social, para que no haya una asincronía entre nosotros y los demás, y así encajemos en el ambiente. Por eso a veces no nos apetece estar en sitios felices cuando estamos tristes y viceversa. Esto ocurre gracias a las neuronas espejo y la empatía.

Pero, si las emociones se pueden pegar… ¿Se pueden contagiar trastornos emocionales, como la depresión? En este artículo describo qué es la depresión, si se puede contagiar y qué son las neuronas espejo. Sigue leyendo este artículo y tendrás tu respuesta.

¿Qué es la depresión?

La depresión, también llamada trastorno de depresión mayor, es un trastorno emocional. Se distingue por un estado emocional deprimido o por la pérdida del interés o de placer por hacer cualquier cosa, presentes de manera bastante constante.

Para poder diagnosticar este trastorno, la persona debe sufrir estos síntomas al menos durante dos semanas consecutivas y como máximo dos años. Además, deben darse necesariamente tres o más de los siguientes síntomas casi todos los días.

Síntomas físicos

Los síntomas físicos son aquellos que se reflejan a nivel corporal de forma evidente, que afecta a nuestra salud física. Estos son:

  • Pérdida o aumento significativo de peso no intencionados, de la misma manera que puede presentar un aumento o disminución del apetito.
  • Insomnio, el cual implica una incapacidad para quedarse o mantenerse dormido/a; o en cambio, hipersomnia, es decir, una desmesurada somnolencia.
  • Independientemente a la alteración del sueño, fatiga o falta de energía.
  • Agitación motora o, por el contrario, enlentecimiento de sus movimientos, de manera perceptible externamente en ambos posibles casos.

Síntomas cognitivos

Los síntomas cognitivos son los referidos a los problemas a nivel de pensamiento y atención, y las conductas derivadas de tener como creencia absoluta estos pensamientos desagradables:

  • Percepción negativa de sí mismo/a exagerada o no correspondiente con la realidad, que engloban sentimientos de inutilidad o culpabilidad. En algunos casos, incluso exacerba tanto este síntoma que puede tener pensamientos delirantes.
  • Inseguridad a la hora de tomar cualquier decisión, así como dificultades para pensar con precisión o problemas de atención.
  • Pensamientos y deseos en torno a la muerte, ideación suicida con o sin una planificación, y tentativas de suicidios.

Este último síntoma se da en casos más graves, y claramente puede suponer un peligro para su vida e integridad física. Por ellos, es relevante tratar a tiempo los casos de depresión y pedir ayuda profesional si te ves reflejado por este trastorno psicológico.

¿Puede ser contagiosa la depresión?

Lo cierto es que la pregunta de si la depresión es contagiosa todavía está por responder por la ciencia. Actualmente sí que se plantea como hipótesis, pero estudiada únicamente por unas pocas investigaciones. Esta hipótesis se basa en el hecho constatado de que los estados emocionales pueden transferirse de una persona a otra del mismo entorno social.

El contagio de las emociones

Los seres humanos somos sociales por naturaleza, de manera que tenemos necesidades básicas como recibir cariño, protección y apoyo para garantizar nuestra supervivencia. Por ello, conservamos varios mecanismos y comportamientos innatos que buscan asegurar nuestras relaciones sociales, entre ellas las emociones.

Estas cumplen una función adaptativa al servirnos como comunicación social a través de la expresión corporal y el tono de voz. Esta comunicación no verbal busca que nuestro entorno empatice con nosotros y cubra nuestras necesidades y deseos, además de que el hecho de conectar emocionalmente afianza vínculos mucho más fuertes.

Dando un paso más en la misma línea, existe la hipótesis de que parte de la función de la expresión de las emociones es contagiarlas, ya sean agradables o desagradables. Por ejemplo, cuando sonreímos o nos reímos de forma natural, es habitual que las personas que nos observan tiendan a sonreír en respuesta o incluso reírse, lo cual les provoca en cierta medida que les surja la misma emoción que a nosotros.

Lo mismo pasa cuando estamos llorando, puede que las personas del entorno se emocionen o, como poco, muestren pena en el tono y el rostro. De esta manera, las emociones se convierten en un estado colectivo en vez de únicamente individual. Al vivirlo en sus propias carnes, pueden sentirse más en sintonía con nosotros y reforzar el vínculo emocional existente entre nosotros. Y todo ocurre gracias a las neuronas espejo.

Las neuronas espejo y las emociones

Las neuronas espejo son células del sistema nervioso con la peculiaridad de que se activan de manera similar tanto al realizar una acción como cuando observamos a otra persona realizar la misma acción. Es decir, cuando estás viendo a alguien jugar al fútbol, si tú sabes jugar, se te activarán las mismas neuronas que se activan cuando estás jugando.

De esta manera, le das la impresión a tu cerebro de que estás realizando tú la acción en ambas ocasiones. Estas células son las responsables de que podamos adquirir habilidades y aprendizajes por observación, de que podamos imitar a otras personas y, lo interesante en este artículo, de que podamos empatizar con los demás.

Cuando vemos a alguien expresar una emoción, nuestro cerebro capta la información y la hace suya. Activa las mismas neuronas cerebrales, de manera que sentimos las mismas emociones, a veces incluso repetimos su comunicación no verbal, y nos ayuda a intuir qué necesita la persona o qué acción va a realizar a raíz de su emoción. Es más fácil que ocurra su activación cuanto mejor conozcamos a la persona y mayor vínculo emocional tengamos.

Sin embargo, si no somos buenos interpretando la comunicación no verbal del resto de personas, nos será difícil empatizar. No se activarán las neuronas espejo correspondientes si no entendemos qué está pasando, si su gesto y tono para nosotros es neutro o creemos que está expresando una emoción diferente. No siempre son certeras estas células.

El contagio de la depresión

La evidencia científica reciente indica que es posible que convivir, tener familiares, tener de pareja o tener de amistad a una persona con depresión mayor pueda desembocar en mostrar síntomas depresivos con el paso del tiempo. Todavía se investiga la función de las neuronas espejo en este proceso, pero la hipótesis es que funciona igual que con las emociones. Destaca entre los síntomas contagiados los pensamientos repetitivos negativos.

Sin embargo, cabe señalar que este contagio solo ocurre tras largos periodos de interacción con esta persona, no puede ocurrir con alguien con quien has hablado poco tiempo. Esto puede ser algo común a otros animales, ya que algunas de las investigaciones que respaldan esta hipótesis del contagio, tenían como sujetos a ratas de laboratorio.

¿Y por qué no ocurre al revés, y se contagian aquellos con depresión del bienestar de los demás? Porque existe evidencia en diversas investigaciones de que las personas que sufren depresión mayor:

  • Presentan alteraciones en el procesamiento de la información emocional, de manera que no pueden distinguir correctamente las expresiones emocionales neutras y las agradables, es decir, puede que no reconozcan una cara feliz.
  • Tienen dificultades para participar en interacciones sociales por su apatía y estado emocional deprimido, de manera que tienen en desuso las neuronas espejo y van perdiendo su capacidad empática.

Estos síntomas dificultan a la persona con depresión contagiarse de un estado emocional más agradable, por desgracia. Si no fuera así, sería muy interesante aprovechar el contagio de las emociones en terapia para que las personas con depresión salieran de su trastorno. Puede que merezca la pena igualmente intentarlo, investigar más a fondo y entrenar sus neuronas espejo para que se puedan contagiar de emociones placenteras.

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Psicóloga

Lucía Gómez es psicóloga general sanitaria, con formación en los modelos cognitivo-conductual y sistémico centrado en soluciones. Ofrece terapia individual, de pareja y de familia, tanto de forma presencial en Málaga como online. Apasionada de la escritura y de la psicología desde joven, ha querido juntar sus dos vocaciones para aportar su granito de arena al mundo y poder ayudar a los demás.

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