La inflamación crónica y su relación con la depresión

El trastorno depresivo mayor puede tener una de sus causas en la inflamación persistente.

La inflamación crónica y su relación con la depresión
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Seguramente has notado cómo, cuando se habla de depresión, la narrativa tradicional ha puesto el foco en un desequilibrio químico cerebral. Pero los hallazgos más recientes muestran que el sistema inmunológico también interviene en el estado de ánimo.

Cuando la inflamación se mantiene activa más tiempo del necesario, puede afectar procesos mentales y emocionales. Y, claro, incorporar esta perspectiva no descarta lo aprendido hasta ahora, pero sí transforma la manera en que se entiende y se trata la depresión. En este artículo te ayudaré a entender cómo es la relación que se ha encontrado entre la inflamación crónica y la depresión.

Mente y sistema inmune no son mundos distintos

Es común pensar que la inflamación tiene que ver con infecciones, golpes o enfermedades autoinmunes, mientras que la depresión se relaciona con emociones, pensamientos y experiencias vitales. Desde esa perspectiva, ambas parecerían realidades independientes, pero la investigación de las últimas décadas ha cuestionado esa separación tan tajante.

A partir de finales de los años 80 comenzó a consolidarse la evidencia de que el sistema nervioso central y el sistema inmunológico se comunican a través de moléculas llamadas citoquinas. Estas sustancias permiten que el cuerpo informe al cerebro sobre lo que ocurre a nivel físico. Ese hallazgo transformó la manera de entender la relación entre cuerpo y mente.

Estudios posteriores observaron que un grupo de personas con depresión presentaba niveles elevados de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva (PCR) y ciertas citoquinas proinflamatorias. Aunque este hallazgo no aparece en todos los pacientes y las diferencias suelen ser moderadas, ha sido replicado en múltiples estudios.

Además, tratamientos médicos que estimulan el sistema inmune, como algunos usados en cáncer o hepatitis, han provocado síntomas depresivos como efecto secundario. Estos datos sugieren que la inflamación no es solo un acompañante ocasional, sino un posible actor relevante en algunos casos de depresión.

¿Cómo se relacionan la inflamación crónica y la depresión?

La relación no es simple ni idéntica en todas las personas. No toda depresión implica inflamación, y no toda inflamación conduce a un trastorno del ánimo. Sin embargo, en un subgrupo significativo, los estudios muestran una conexión consistente.

El papel de las citoquinas y la “conducta de enfermedad”

Cuando el cuerpo detecta una infección, libera citoquinas para coordinar la defensa. Estas moléculas pueden llegar al cerebro por distintas vías, incluso a través del nervio vago. El resultado es lo que se conoce como “conducta de enfermedad”: fatiga, menor apetito, dificultades de concentración y estado de ánimo bajo.

Estos síntomas son muy similares a los criterios diagnósticos de la depresión. La diferencia está en que, en una infección, el malestar desaparece cuando el cuerpo se recupera. En cambio, en ciertos cuadros depresivos, esa respuesta inflamatoria persiste sin una causa infecciosa evidente.

Microglía, estrés y desgaste cerebral

Raz Yirmiya, neurocientífico y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha propuesto que, en un subgrupo de pacientes, la inflamación podría desempeñar un papel central en el desarrollo de síntomas depresivos. Su equipo ha estudiado el papel de la microglía, que son células inmunitarias del cerebro.

Ante el estrés prolongado, la microglía se activa para proteger el tejido cerebral. Pero si esa activación se mantiene en el tiempo, puede alterarse su funcionamiento.

Este ciclo de activación constante y posterior deterioro se ha relacionado con la progresión de síntomas depresivos, especialmente en personas expuestas a estrés crónico o adversidades tempranas.

Del triptófano a sustancias neurotóxicas

Otro hallazgo relevante tiene que ver con el metabolismo del triptófano, un aminoácido necesario para producir serotonina. En contextos de inflamación, el cuerpo puede desviar el triptófano hacia la producción de ácido quinolínico (QUIN), una sustancia que en niveles elevados resulta tóxica para las neuronas.

Se ha observado que personas con intentos suicidas presentan concentraciones altas de QUIN en el líquido cefalorraquídeo. Estos hallazgos proceden de estudios clínicos específicos y no implican que el QUIN sea la causa directa del comportamiento suicida, sino que podría formar parte de un proceso biológico más amplio.

Evidencia en grandes poblaciones

Un análisis publicado en JAMA Psychiatry en 2024, con más de 585.000 participantes, aporta evidencia adicional de que los niveles elevados de marcadores inflamatorios se asocian con mayor riesgo de diagnósticos psiquiátricos. Este tipo de estudios masivos, aunque no demuestran causalidad, sí refuerza la idea de que la conexión no es anecdótica.

Ahora bien, la depresión no puede clasificarse únicamente como una enfermedad inflamatoria, ya que los marcadores no aparecen en todos los casos y también se observan en otros trastornos. Lo que sugiere con bastante consistencia es que existe un perfil inflamatorio específico en un grupo de personas, especialmente en quienes no responden bien a antidepresivos convencionales.

Recomendaciones para prevenir y gestionar la inflamación

Si la inflamación influye en el estado de ánimo en algunas personas, tiene sentido pensar en estrategias para regularla. Y, ¡ojo!, que estas recomendaciones no sustituyen un tratamiento médico, pero pueden complementar el abordaje profesional.

  • Cuidar la alimentación diaria: priorizar vegetales de hoja verde, frutas, frutos secos, pescados grasos y aceite de oliva, ya que estos alimentos se asocian con menor inflamación sistémica.
  • Reducir ultraprocesados y azúcares: las carnes procesadas, bebidas azucaradas y harinas refinadas favorecen respuestas inflamatorias más intensas.
  • Incluir omega-3: diversos ensayos clínicos han mostrado que los ácidos grasos omega-3 pueden mejorar síntomas depresivos en personas con inflamación elevada.
  • Atender la salud intestinal: la microbiota influye en el sistema inmune. Una dieta variada y rica en fibra favorece un equilibrio bacteriano más saludable.
  • Revisar niveles de vitamina D: la deficiencia de vitamina D se ha asociado con mayor inflamación y peor estado de ánimo en algunos estudios, aunque la evidencia sobre los beneficios de la suplementación en depresión aún es mixta
  • Gestionar el estrés de forma activa: técnicas como la meditación, la respiración consciente o la terapia psicológica ayudan a reducir bastante la activación persistente del sistema inmune.
  • Mantener actividad física regular: el ejercicio moderado y constante reduce marcadores inflamatorios y mejora la regulación emocional.
  • Consultar con especialistas: la depresión, a veces, requiere una evaluación integral. Un profesional de salud mental puede valorar los factores implicados y, si es necesario, solicitar pruebas complementarias.
  • Evaluar enfermedades crónicas: personas con artritis reumatoide u otras patologías inflamatorias presentan mayor riesgo de depresión, por lo que el seguimiento médico integral resulta recomendable.
Javier Ares Arranz

Javier Ares Arranz

Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

Cuando se entiende que el sistema inmunológico también puede influir en el ánimo, la depresión adquiere una dimensión más amplia y más coherente con cómo funciona el organismo.

Esta perspectiva no reemplaza lo que ya se sabe, pero suma una pieza importante al rompecabezas y ayuda a construir abordajes más integrales y personalizados.

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  • Chronic Inflammation Linked to Depression (2024, 12 noviembre). Neuroscience News.
  • Erazo, R. (2020). Depresión e inflamación: ¿Una relación más allá del azar? Revista Médica Clínica las Condes, 31(2), 188-196.
  • Mc. Millin, Zane. (2025, 6 mayo). The link between inflammation and depression – Van Andel Institute.
  • The Bronfenbrenner Center for Translational Research (2025, 13 abril). Las investigaciones han descubierto que las intervenciones antiinflamatorias pueden ayudar con la depresión. Psychology Today.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Javier Ares Arranz. (2026, febrero 18). La inflamación crónica y su relación con la depresión. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/inflamacion-cronica-relacion-con-depresion

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