Pasar la noche en vela, despertarse a las tres sin poder volver a dormirse o levantarse igual de cansado pese a haber “cumplido” las horas: el insomnio es una de las quejas más frecuentes en consulta. No es un lujo menor ni un defecto de carácter; cuando se alarga, afecta al ánimo, a la atención, al sistema inmunitario y al riesgo cardiovascular.
¿Cuándo el insomnio es crónico? Cuando las dificultades para dormir (iniciar, mantener o lograr un sueño reparador) ocurren al menos tres noches por semana durante tres meses o más, con malestar o deterioro diurno. Por debajo de ese umbral hablamos de insomnio agudo o de corto plazo, que también merece atención si el sufrimiento es intenso.
Qué es el insomnio
El insomnio es un trastorno del sueño-vigilia caracterizado por insatisfacción con la cantidad o la calidad del sueño, acompañada de fatiga, irritabilidad, problemas de concentración o preocupación por dormir. Puede presentarse solo (insomnio primario) o junto a ansiedad, depresión, dolor, apnea u otros problemas médicos (insomnio comórbido).
Tipos según duración y momento
Según la duración:
- Agudo o de corto plazo: días o pocas semanas, a menudo ligado a un estresor concreto (viaje, duelo, plazo laboral).
- Crónico: tres meses o más, con el patrón de al menos tres noches por semana.
Según el momento de la noche:
- De conciliación (cuesta empezar a dormir).
- De mantenimiento (despertares y dificultad para retomar el sueño).
- De despertar precoz (despertar muy temprano sin poder volver a dormirse).
- Sueño no reparador (horas suficientes, cansancio al levantarse).
También se distinguen formas según severidad y según si hay una causa médica, farmacológica o ambiental clara. Lo útil en la práctica es describir tu patrón con un diario de sueño de una o dos semanas: hora de acostarte, de dormirte, despertares y cómo te sientes al día siguiente.
Causas frecuentes
El insomnio casi nunca tiene una sola causa. Suelen combinarse:
- Factores predisponentes: tendencia a la preocupación, ritmo circadiano atrasado, antecedentes familiares.
- Factores precipitantes: estrés laboral, burnout, duelo, enfermedad, cambios de horario, cafeína o pantallas.
- Factores perpetuantes: pasar demasiadas horas en la cama “por si acaso”, siestas largas, alcohol para dormir, miedo a la noche y conductas de evitación.
El estrés crónico y el burnout entran con frecuencia en los precipitantes. En personas con TDAH, el vínculo con el sueño es especialmente estrecho: ver TDAH e insomnio.
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Qué ayuda (y sociedades del sueño)
La higiene del sueño es el primer escalón, pero no basta como único tratamiento cuando el insomnio ya es crónico. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es el tratamiento psicológico de referencia: trabaja creencias sobre el sueño, restricción de tiempo en cama, control de estímulos y técnicas para bajar la activación. El detalle de cómo es esa terapia está en el siguiente paso de este recorrido.
Si necesitas orientación especializada, estas sociedades reúnen profesionales del sueño (sin sustituir una consulta):
Ante somnolencia diurna intensa, ronquidos con pausas respiratorias o movimientos nocturnos llamativos, conviene una valoración médica para descartar apnea u otros trastornos.
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Serie: Estrés, burnout y sueño
Estás leyendo: Insomnio: qué es, tipos, causas y cuándo pedir ayuda
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¿Quieres hablarlo con un profesional? Hay psicólogos con experiencia en insomnio y problemas del sueño en Buenos Aires, Santiago y España.






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