El 2020 fue un año diferente, raro, inesperado. Un año con mucho aprendizaje, a nivel, personal, familiar y profesional. Un año en el que te viste obligado a convivir sin distracciones, 24/7 con ti mismo y con los tuyos.

Ante esto, merece la pena plantarte si, entre las formas de afrontar el nuevo año 2021, te iría bien contar con apoyo psicológico.

¿Por qué iniciar un proceso de psicoterapia al empezar el 2021?

Tu economía se vio afectada, en mayor o menor medida. Tomaste decisiones en un contexto de desinformación e incertidumbre. Quizás tú o alguien de tu familia tuvisteis COVID-19, tal vez conocías a alguien que estuvo grave o falleció por esa enfermedad. Lo hiciste lo mejor que pudiste y sobreviviste a un 2020 con pronóstico incierto.

Alrededor de las fechas festivas de fin del año 2020, reflexionaste y te sinceraste con ti mismo. Quizás el 2020 fue un año difícil en el que no prestaste atención a tu salud emocional. Tuviste otras prioridades. Lo dejaste para más adelante. Es entendible, no es tu culpa.

Ahora puedes afirmar que lograste cierta estabilidad dentro de esta nueva realidad. En principio, ya dejó de ser novedad para ti la modalidad online de trabajo, estudio, compras y hasta vínculos. Y cuentas con que convivirás con la situación covid durante el 2021. Es decir, que tienes cierta experiencia y has aprendido a manejarte en un entorno altamente variable e incierto.

Si te identificas con uno o más de los siguientes escenarios, es tiempo de priorizarte y comprometerte con ese propósito de principios de año sin demoras. ¡Comienza un proceso de terapia psicológica! Estos son varios de los motivos a tener en cuenta.

1. Tus deseos y propósitos para el nuevo año todavía están palpitantes

En ese brindis de Fin de Año, sellas un acuerdo con tu Yo, basado en la idea de sentirte mejor o lograr ciertas metas. Esa motivación se irá diluyendo a medida que avance el año. Con el correr de los días, volverás a postergarlo. Ahora es el momento. Tus sueños y metas pueden realizarse, depende de lo que hagas a partir de ahora.

2. Estás cansado/a

Este año intentaste salir adelante sin ayuda. Probaste diferentes soluciones, sin lograr el cambio en tu vida que tanto necesitas. Ese cansancio es una poderosa motivación para pedir ayuda profesional ahora mismo. El 2020 te regaló este aprendizaje: siempre es mejor hacer, que dejarte llevar por la corriente. Finalmente te decides a dejar de esperar que las cosas mejoren solas y buscas ayuda psicológica para lograr eso que ansias cambiar o mejorar.

La terapia psicológica te puede ayudar en la resolución de problemas de la vida cotidiana (vínculos, trabajo, estudio, proyectos vitales, etc.).

3. Transitar el 2020 te dejó un valioso aprendizaje de autoconocimiento

Ese es un excelente punto de partida para avanzar en tu desarrollo personal, de la mano de la terapia psicológica. Ahora tienes bien en claro lo que te cuesta y lo que te sale fácil. Los puntos fuertes de tu personalidad y aquellos en los que te gustaría trabajar para mejorar. Lo que te gusta y lo que definitivamente no es para ti. La terapia te puede ayudar a analizar las diferentes opciones, y a avanzar en la toma de decisiones importantes, y emprender la acción.

4. Ansiedad, fobias y depresión estuvieron a la orden del día en el pasado 2020

Si tienes problemas psicológicos desde hace años, seguramente durante el 2020, esos síntomas con los que te acostumbraste a convivir durante años, han aumentado su frecuencia e intensidad y te ha costado manejarlos por ti mismo. Sabes que necesitas comprometerte con un proceso terapéutico. Ahora es el mejor momento de pedir ayuda, antes de que se siga agravando ese cuadro.

5. El desgaste psicológico por el cuidado y el apoyo a otros es una realidad

A partir del estrés originado por la contingencia del COVID-19 a nivel social, se imponen uno o más síntomas inespecíficos o aislados como el insomnio, trastornos en la alimentación, angustia, irritabilidad, miedo a estar con mucha gente o a los espacios cerrados, o la culpa, entre otros.

Estos síntomas se presentan en el personal de salud y otros trabajadores esenciales. Y en el interior de cada hogar, se presentan en aquellas personas que cumplen roles fijos y centrales de cuidado, administración o proveedor de la propia familia, siendo las situaciones desencadenantes una o varias de las siguientes:

  • Enfermedad con síntomas moderados o graves en ti o en otros cercanos.
  • Pérdidas de seres queridos (sin poder verlos o despedirse).
  • Distanciamiento físico preventivo con familiares.
  • Aislamiento prolongado de lugares frecuentes, por prevención de contagio.
  • Pérdida (o temor de pérdida) de trabajo o negocio familiar.
  • Suspensión de un proyecto personal por cuidado exclusivo de un familiar enfermo.
  • Regreso al hogar de los padres o la postergación de la independencia económica.

Este padecimiento se ha normalizado a nivel social y es minimizado por la propia persona. De los cinco escenarios, resulta ser el más peligroso, por estar silenciado.

Si te identificas con uno o varios de los desencadenantes y síntomas, por favor, no demores la consulta. Deja que el profesional psicólogo evalúe la gravedad de tus síntomas y te proponga los pasos a seguir.