Una descripción de este estado clínico. Larry & Teddy Page

Percibir nuestro entorno y a nosotros mismos, comprenderlo e interactuar con él son habilidades esenciales que poseemos gracias a nuestro estado de conciencia. Cuando este se mantiene intacto somos perfectamente capaces de desenvolvernos en el medio y responder a los estímulos y exigencias externas.

Sin embargo este estado puede verse alterado por una serie de daños en el sistema nervioso. Entre otras muchas afecciones, estos daños pueden ocasionar el llamado estado de mínima conciencia, del cual hablaremos a lo largo de este artículo.

¿Qué es el estado de mínima conciencia?

Anteriormente conocido como “estado de mínima respuesta”, el estado de mínima conciencia consiste en una alteración de base neurológica por la cual la persona se encuentra sumergida en una situación grave de su nivel de conciencia. Esta disposición de la persona se categoriza dentro de la categoría diagnóstica de trastornos de la conciencia, entre los que se encuentran el coma, la obnubilación o el estupor.

Por conciencia entendemos el estado mediante el cual la persona conserva el conocimiento de sí mismo y de su entorno, unido a la capacidad de interactuar con él.

Teniendo en cuenta esto, podemos entender que el estado de mínima conciencia se trata de una disposición o condición de la persona en el que la conciencia se mantiene a niveles tan bajos que no le permite comunicarse ni mantener una interacción con su entorno de manera óptima y funcional.

No obstante, en este tipo de alteración neurológica las personas manifiestan signos mínimos pero perceptibles de comportamiento y de respuesta antes estímulos externos. Estas reacciones al medio se dan mediante seguimiento ocular, respuestas gestuales básicas o una especie de lenguaje inteligible.

En cuanto a la duración de este estado de mínima conciencia, este puede llegar a ser definitivo o permanente. Además, en los casos en los que se trata de un estado temporal, la recuperación de un estado de mínima conciencia es un proceso arduo en el que las posibilidades de mejora son reducidas.

Aunque en España no se conoce con exactitud la incidencia de este trastorno, se estima que entre un 30% y un 40% de los pacientes con lesiones cerebrales severas presentan alteraciones en el nivel de conciencia.

La etiopatogenia de este estado mínimo de conciencia, así como de otros muchos trastornos relacionados con ella se encuentra a una serie de daños o lesiones en diferentes áreas del tronco encefálico, así como en diversas estructuras como el tálamo o la corteza de asociación.

¿Qué síntomas presenta?

A nivel de funcionamiento neurológico, los pacientes en estado de mínima consciencia ven mermada la actividad metabólica cerebral, hasta quedarse alrededor de un 20 a 40%. A pesar de estos niveles tan reducidos de actividad cerebral, el organismo logra mantener las funciones automáticas para sustentar la vida de la persona.

Esto significa que, a pesar del daño cerebral las funciones cardíacas, así como la capacidad respiratoria logran mantenerse activas, funcionando igual que en una persona completamente sana.

Este estado de mínima conciencia se caracteriza porque la persona puede llegar a realizar pequeñas verbalizaciones apenas comprensibles, reacciones gestuales básicas y ejecutar pequeñas instrucciones elementales.

No obstante, para que se pueda establecer el diagnóstico de estado mínimo de conciencia, la persona debe presentar al menos uno de los siguientes signos o comportamientos:

  • Respuesta a órdenes sencillas.
  • Respuestas verbales o no verbales de sí y no.
  • Verbalizaciones incomprensibles, con o sin la presencia de un estímulo que las provoque.
  • Gestualización básica en respuesta a preguntas orales.
  • Fijación visual y seguimiento visual de un estímulo.
  • Movimientos estereotipados en respuesta a un estímulo externo.
  • Respuestas emocionales, como risa o llanto, congruentes con el estímulo.
  • Percepción del dolor y localización de estímulos dolorosos.
  • Tocar y sujetar objetos de pequeño tamaño.

Diferencias con el estado de coma y el estado vegetativo

Tal y como se ha mencionado anteriormente, el estado de mínima conciencia se encuentra categorizado dentro de los trastornos de alteración de la conciencia. Entre estos trastornos se encuentran los estados de coma y los estados vegetativos, y aunque en todos existen anomalías en el nivel de conciencia también existen diferencias significativas.

Mientras que en el primero la persona tiene la capacidad de responder y reaccionar mediante expresiones básicas, en el estado de coma no existe reacción posible. La persona se mantiene con las funciones básicas pero ni tan solo mantiene los ojos abiertos, ni expresa ningún tipo de respuesta a estímulos, por lo que se considera que no existe el más mínimo nivel de conciencia.

Si este estado de coma se alarga durante más de cuatro semanas, se considera estado vegetativo, en el cual pueden aparecer reacciones motoras básicas provocadas por reflejos del tronco cerebral.

¿Cuáles son las causas?

Al igual que el resto de trastornos que afectan a la conciencia la principal causa se encuentra en una lesión en el sistema nervioso central, concretamente en una estructura conocida como el sistema reticular ascendente, el cual controla los niveles de alerta y de conciencia.

Existen multitud de condiciones, tanto orgánicas como externas, que pueden generar un estado mínimo de conciencia. Algunas de ellas son:

1. Causas orgánicas

  • Enfermedades autoinmunes que provocan la inflamación del sistema nervioso.
  • Accidentes isquémicos o ictus hemorrágicos.
  • Neoplasias primarias y secundarias.
  • Encefalopatías anóxicas.

2. Causas externas

  • Meningitis o enfermedades de tipo infeccioso.
  • Traumatismos craneoencefálicos.
  • Encefalopatías por agentes tóxicos.
  • Encefalopatías por radiación, electrocución, hiper o hipotermia.
  • Tratamiento y pronóstico.

Debido a las características de esta afección, todavía no se ha establecido un protocolo de intervención eficaz que remita el estado de mínima. No obstante, se pueden llevar a cabo una serie de actuaciones que dependen de la gravedad del estado del paciente.

Al principio de la enfermedad es de vital importancia estabilizar las constantes vitales de la persona, para a continuación intentar recuperar las funciones cognitivas que permanezcan en la persona. Esto se realiza mediante programas de estimulación multisensorial y ejercicios de activación neurológica.

En cuanto al pronóstico que se realiza de pacientes en estado de mínima activación, estos pueden llegar a permanecer en él durante años, lo cual puede implicar lesiones cerebrales serias e irreversibles. No obstante, existen casos en los que la persona llega a conseguir cierto grado de recuperación progresiva o gradual.