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Cuando ocurre un accidente grave, las consecuencias no son únicamente físicas. El miedo, la incertidumbre y el dolor también requieren atención. Los primeros auxilios psicológicos permiten acompañar a las personas afectadas durante esos momentos críticos, ofreciéndoles apoyo emocional y práctico sin presionarlas para hablar ni exigirles que se recuperen inmediatamente.
Hay noticias que nos recuerdan lo frágil que puede llegar a ser nuestra vida cotidiana. Personas que salen de casa para trabajar, visitar a sus familiares o disfrutar de unas vacaciones y que, de pronto, se ven envueltas en una tragedia. El pasado 28 de octubre de 2026, España volvió a enfrentarse a una de estas situaciones cuando un tren AVE de Renfe colisionó con un Iryo detenido cerca de Urda, en Toledo. El accidente dejó al menos 69 fallecidos, según el balance provisional del 30 de octubre, y numerosas familias quedaron sumidas en el dolor y la incertidumbre.
En situaciones así, mientras los equipos de emergencia atienden a los heridos y trabajan para esclarecer lo ocurrido, comienza otra tarea igualmente humana: acompañar a quienes acaban de vivir una experiencia devastadora. Familiares que esperan noticias, supervivientes que intentan comprender lo sucedido y personas que, sencillamente, no encuentran palabras para expresar lo que sienten. ¿Cómo podemos ayudarlas sin aumentar involuntariamente su sufrimiento? La psicología dispone de una serie de orientaciones conocidas como primeros auxilios psicológicos, que nos enseñan algo fundamental: a veces, ayudar no consiste en encontrar las palabras adecuadas, sino en saber estar presentes.
Soy Pablo Navarro Fernández-Clemente, director de Psicologízate, y he tenido el privilegio de acompañar a familiares de víctimas del accidente de Urda. Mi labor se centró especialmente en ofrecer apoyo psicológico a quienes atravesaban momentos de enorme incertidumbre mientras esperaban recibir noticias de sus seres queridos.

Pablo Navarro Fernández-Clemente
Pablo Navarro Fernández-Clemente
Psicólogo online. Especializado en ansiedad, terapia de pareja y autoestima
¿Qué son los primeros auxilios psicológicos?
Los primeros auxilios psicológicos (PAP) son un conjunto de actuaciones destinadas a proporcionar apoyo emocional, seguridad y ayuda práctica a personas que acaban de atravesar una situación especialmente angustiante. Se utilizan después de accidentes, catástrofes naturales, episodios de violencia y otras emergencias. Su objetivo no es realizar una terapia ni conseguir que alguien supere inmediatamente lo ocurrido, sino atender sus necesidades más urgentes y reducir, en la medida de lo posible, su sensación de desamparo.
La Organización Mundial de la Salud considera que esta asistencia debe basarse en tres principios fundamentales: observar, escuchar y conectar. Esto significa comprobar primero que la persona se encuentra a salvo, acercarse respetando sus necesidades y facilitar que reciba información, atención y apoyo de personas de confianza. No hace falta ser psicólogo para ofrecer una primera ayuda emocional, aunque las situaciones especialmente complejas requieren profesionales especializados. En una emergencia, incluso un gesto aparentemente sencillo, como permanecer junto a alguien mientras espera noticias, puede representar una forma valiosa de acompañamiento.
¿Cómo reaccionamos psicológicamente ante una catástrofe?
Cuando recibimos una noticia devastadora o vivimos una situación de peligro extremo, nuestras reacciones pueden resultar difíciles de comprender. Algunas personas lloran desconsoladamente, otras sienten una necesidad urgente de hablar y otras permanecen en silencio, aparentemente desconectadas de lo que ocurre. También pueden aparecer temblores, confusión, dificultades para concentrarse o una sensación de irrealidad. No existe una única manera correcta de reaccionar ante una tragedia. El hecho de que alguien no llore o parezca tranquilo no significa que esté sufriendo menos.
Especialmente dolorosa puede resultar la incertidumbre de quienes desconocen el paradero o el estado de un ser querido. La mente busca respuestas, imagina posibilidades y se aferra a cualquier información disponible. Por eso, durante las primeras horas de una catástrofe, recibir noticias claras y contrastadas es una necesidad fundamental. Ahora bien, experimentar reacciones intensas después de un accidente no implica desarrollar necesariamente un trastorno psicológico. Muchas respuestas iniciales forman parte de la adaptación a una experiencia extraordinariamente difícil y pueden disminuir progresivamente con el tiempo.
¿Cómo podemos acompañar a una persona que acaba de vivir una tragedia?
Lo primero es asegurarnos de que se encuentra físicamente a salvo y de que sus necesidades básicas están cubiertas. Si hay peligro o necesita asistencia sanitaria urgente, debemos avisar a los servicios de emergencia. Cuando la situación lo permite, ofrecer agua, facilitar un lugar tranquilo o ayudar a contactar con sus familiares puede resultar más útil que intentar mantener una conversación profunda. Durante una crisis, las necesidades prácticas y emocionales están estrechamente relacionadas: recuperar cierta sensación de seguridad puede ayudar a afrontar las horas siguientes.
En el terreno emocional, una de las herramientas más importantes es la escucha. Podemos acercarnos con delicadeza, preguntar si necesita algo y mostrar nuestra disponibilidad sin exigirle que explique lo sucedido. Frases como «Estoy aquí contigo», «No tienes que contarme nada si no quieres» o «¿Hay alguien a quien quieras que avisemos?» pueden transmitir cercanía sin invadir su espacio. También debemos respetar sus decisiones y preguntarle antes de abrazarla o establecer contacto físico. Acompañar no consiste en decidir cómo debería sentirse alguien, sino en permitirle expresar lo que necesita a su propio ritmo.
La importancia de acompañar a los familiares durante la espera
En el caso de los familiares que esperan noticias de una persona desaparecida, resulta especialmente importante no realizar promesas que no podamos cumplir. Podemos ayudarles a contactar con los canales oficiales, acompañarlos durante la espera o colaborar con cuestiones cotidianas que en ese momento resulten abrumadoras. Tras el accidente de Urda, se habilitaron centros de atención a familiares en distintas estaciones y se movilizaron equipos especializados de apoyo psicológico. Estas intervenciones recuerdan que la asistencia emocional no es un complemento secundario de las emergencias, sino una parte importante de la atención a las personas afectadas.
¿Qué debemos evitar al intentar ayudar?
Cuando presenciamos el sufrimiento de alguien cercano, es natural sentir la necesidad de decir algo que alivie su dolor. Sin embargo, expresiones como «Tienes que ser fuerte», «Todo pasa por algo» o «Al menos estás vivo» pueden hacer que esa persona se sienta incomprendida. Aunque nazcan de buenas intenciones, estas frases pueden minimizar lo ocurrido o transmitir la idea de que ciertas emociones son inadecuadas. A menudo, reconocer la situación con un sencillo «Siento muchísimo lo que estás viviendo» resulta más respetuoso que buscar explicaciones o consuelos apresurados.
Tampoco debemos insistir para que la persona relate los detalles del accidente. Hablar puede resultar útil cuando surge de manera espontánea, pero obligar a alguien a revivir lo ocurrido no constituye una intervención recomendable. De hecho, las guías clínicas desaconsejan las sesiones de relato emocional forzado como método para prevenir el estrés postraumático. Igualmente importante es proteger la intimidad de las víctimas y sus familiares, evitando difundir imágenes, rumores o información personal no confirmada. En una tragedia, respetar el silencio y la privacidad también es una forma de cuidar.
El acompañamiento también importa después de la emergencia
Cuando desaparece la atención mediática y los servicios de emergencia comienzan a retirarse, muchas familias todavía están intentando asimilar lo sucedido. Es entonces cuando pueden cobrar especial importancia los pequeños gestos de continuidad: llamar para saber cómo están, ofrecer ayuda con gestiones pendientes o mantenerse disponibles sin exigir una recuperación rápida. Si el malestar es intenso y persistente, dificulta gravemente la vida cotidiana o existe riesgo para la seguridad de la persona, conviene facilitar atención profesional. Los primeros auxilios psicológicos no sustituyen el tratamiento especializado cuando es necesario.
La evidencia científica sobre la eficacia específica de los distintos protocolos de primeros auxilios psicológicos todavía presenta limitaciones, aunque sus principios cuentan con un amplio respaldo profesional. Lo que estas orientaciones nos recuerdan es que no podemos eliminar el dolor de quien acaba de sufrir una tragedia, pero sí podemos evitar que tenga que afrontarlo en soledad. Acompañar significa escuchar sin juzgar, ayudar sin imponerse y comprender que cada persona necesita su propio tiempo. Porque, cuando la vida de alguien cambia de forma irreversible, quizá no podamos ofrecer respuestas, pero sí algo profundamente humano: nuestra presencia.

Pablo Navarro Fernández-Clemente
Pablo Navarro Fernández-Clemente
Psicólogo online. Especializado en ansiedad, terapia de pareja y autoestima









