Psicosis por IA: esto es todo lo que sabemos sobre los delirios asociados a los chatbots

Un resumen de todo lo que se ha descubierto sobre la "psicosis por chatbot" y sus posibles causas.

Psicosis por IA: esto es todo lo que sabemos sobre los delirios asociados a los chatbots
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El 14 de octubre de 2025, Sam Altman publicó en Twitter/X un texto hablando sobre una de las novedades que estaban por llegar a su famoso modelo de inteligencia artificial. “Si quieres que tu ChatGPT responda de una manera muy humana, o use un montón de emoji, o actúe como un amigo, ChatGPT debería hacerlo”. Todo ello, en el contexto de una filosofía de empresa basada en “tratar a los usuarios adultos como adultos” y que más adelante incluiría la posibilidad de generar contenidos eróticos para usuarios verificados como mayores de edad.

Además, hay otra cosa que llama la atención en la publicación del CEO de OpenAI. Las declaraciones anteriores iban precedidas de estas líneas que aportaban contexto:

”Hicimos que ChatGPT fuese bastante restrictivo para asegurarnos de que estábamos siendo cuidadosos con los problemas de salud mental. Sabemos que esto lo hizo menos útil/divertido para muchos usuarios que no tenían problemas de salud mental, pero dada la seriedad del tema queríamos acertar con esto. Ahora que hemos sido capaces de mitigar los graves problemas de salud mental y tenemos nuevas herramientas, vamos a poder relajar de manera segura las restricciones en la mayoría de los casos”.

Sam Altman y psicosis por IA

Probablemente, el tweet de Altman no estaba pensado solo para informar y formaba parte de una maniobra de control de daños ante meses de titulares periodísticos en los que se hablaba de AI psychosis, o “psicosis por IA”. Historias de gente cuya salud mental se habría deteriorado a medida que interactuaba con un chatbot, llegando a veces hasta el extremo de intentar matar a alguien o de cometer suicidio en base a delirios. Y a esto hay que sumarle otras declaraciones de Sam Altman a mediados de ese mismo año, en las que había dicho no gustarle la idea de que su hijo tuviera un bot de IA como mejor amigo.

Pero más allá de las estrategias marketinianas para reparar el daño reputacional de OpenAI y más allá de los titulares que se centran en casos individuales… ¿Qué sabemos realmente sobre el fenómeno de la psicosis por IA y de su alcance en la sociedad?

¿Qué es la psicosis por IA?

Para que sea más fácil entender este concepto, veamos en primer lugar qué es la psicosis.

Este es un término que empezó a ser usado en el ámbito de la psiquiatría a mediados del siglo XIX para describir la experiencia de pacientes que manifestaban una ruptura con la realidad severa. Entre las alteraciones más comunes bajo el “paraguas” de la psicosis destacan las alucinaciones y los delirios, así como los síntomas psicóticos negativos: aplanamiento afectivo, tendencia a no hablar nunca o de hablar muy poco, falta de energía y de ganas de socializar… No se dan a la vez en todas y cada una de las personas diagnosticadas con un trastorno psicótico, pero dan una idea de la clase de síndrome del que hablamos.

Así pues, la psicosis por IA puede ser entendida como una forma de experiencia psicótica relacionada con el uso de nuevas tecnologías basadas en IA y que, en la práctica, son casi siempre un modelo extenso de lenguaje o LLM. O sea, que el usuario que experimenta la psicosis lleva un tiempo interactuando con un robot mediante una interfaz que simula ser un chat (y que actualmente también permite hablar directamente mandando y recibiendo mensajes de voz). Esta idea de que una tecnología conversacional es capaz de destruir nuestra cordura se ha popularizado tanto que ya hay quien cree que la psicosis inducida por IA ha afectado a uno de los principales inversores en OpenAI.

Concretemos un poco más: ¿cuáles suelen ser los contenidos de esas ideas delirantes? El investigador Dr. Hamilton Morrin y cols. han realizado una primera clasificación de los temas que suelen dar forma a los delirios asociados al uso de chatbots:

  • La experiencia de “abrir los ojos” ante una verdad que había permanecido oculta y que afecta a todo el tejido de la realidad.
  • La creencia de estar hablando con un dios o una entidad sobrenatural que adopta la forma de una IA.
  • La experiencia de desarrollar un fuerte vínculo amoroso hacia una IA al malinterpretar su tendencia a imitar las expresiones emocionales humanas.

Pero por mucho que describamos los temas de los delirios, estos no son una realidad estática, sino que van evolucionando. ¿Qué va antes, la psicosis o la IA?

¿Existen realmente los episodios psicóticos causados por un chatbot?

El primer problema que afronta cualquier persona al intentar entender qué es la psicosis por IA está en su nombre. El término es una traducción de su versión inglesa, “IA psychosis”, pero le añade un elemento que no está en la original: la preposición “por”, que da a entender un orden causal. Es decir, que al hablar de este concepto damos por sentado que nos estamos refiriendo a experiencias psicóticas inducidas o desencadenadas por una tecnología basada en inteligencia artificial, lo cual es mucho suponer.

Sí, es perfectamente razonable hipotetizar que determinados chatbots facilitan el empeoramiento de la salud mental de personas que antes de recurrir a productos como ChatGPT o Claude no habían sufrido alteraciones psicóticas. Sin embargo, aún es pronto para asegurar que esa es lo que suele pasar en todos los casos o en la mayoría de ellos.

Dado que la tecnología solo lleva unos pocos años funcionando y siendo accesible a la población general, se conocen tan solo unas pocas decenas de casos atribuidos a la psicosis por IA. Además, los más escépticos ante el tema señalan que casi todas estas historias que llegan a los periódicos y a los telediarios muestran casos de pensamientos delirantes, algo llamativo teniendo en cuenta que el delirio es tan solo uno de los muchos síntomas de tipo psicótico que existen.

Por eso, el propio hecho de usar el término “psicosis por IA” no está libre de críticas. Varios investigadores creen que es una manera sensacionalista de referirse a dinámicas psicosociales más complejas y que tienen causas diferentes dependiendo del contexto; por ejemplo, no es lo mismo que una persona le cuente sus intenciones homicidas a un chatbot y este le ayude a prevenir errores y a llevarlo a cabo, que otro caso en el que la persona siente que se ha enamorado de una IA y necesita liberarla de la empresa que la controla.

Además, conviene recordar que “psicosis por IA” o “psicosis por chatbot” no son etiquetas diagnósticas usadas por psiquiatras o por psicólogos clínicos, sino más bien un concepto desarrollado sobre todo en el mundo del periodismo para ayudar a dar contexto rápidamente a casos (normalmente llamativos y acaparadores de titulares) en los que una persona hace algo muy extremo o peligroso después de, aparentemente, perder la cordura a la vez que usaba un LLM con regularidad para hablar sobre sus ideas delirantes.

Sí, muchas de las historias vinculadas a este fenómeno dejan entrever cómo alguien con un trastorno mental previo habría experimentado una intensificación de sus delirios a partir de sus conversaciones con un chatbot. Pero también hay al menos un caso documentado en el que aparentemente no hay una alteración psicótica previa, según un artículo publicado en Innovations in Clinical Neuroscience. Se trata de la experiencia de una mujer que, sin haber sufrido antes alteraciones psicóticas ni episodios de manía, desarrolló creencias delirantes hacia un chatbot con el que creía que podía conversar con su difunto hermano y necesitó ser hospitalizada.

En todo caso, la (poca) evidencia estudiada científicamente de la que se dispone hasta ahora sugiere que en la mayoría de los casos lo que ocurre es que personas con problemas de salud mental que ya existían antes de entrar en contacto con el chatbot ven tambalearse su estabilidad mental al interactuar con la IA, debido a que esta tiende a validar sus delirios. Además, como lo único que parece empeorar son los delirios y no otros elementos ligados a la psicosis, investigadores como el Dr. Hamilton Morrin prefieren referirse a estos problemas como AI-associated delusions, o “delirios asociados a la IA”.

El problema del loro estocástico

Hay quienes creen que aquello que describe la psicosis por IA no es nada nuevo, dado que refleja una realidad que ya existía con los medios de comunicación previos a la nueva oleada de tecnologías vinculadas a Internet. A fin de cuentas, no son raras las ocasiones en los que personas con esquizofrenia empiezan a elaborar estructuras de creencias sobre ideas delirantes que adoptan de telenoticias, novelas, películas, etc. Sin embargo, hay expertos que señalan un aspecto de los nuevos chatbots que era inconcebible hace décadas. Se trata de su tendencia a ofrecer respuestas personalizadas que refuerzan las ideas aportadas por el usuario.

Por ejemplo, una investigación liderada por Myra Cheng y publicada este año en la revista Science muestra que, al compararlos con los seres humanos, los chatbots construidos sobre un LLM son hasta un 50% más proclives a dar respuestas aduladoras y que refuerzan las ideas preconcebidas de quien conversa con ellos, incluso si el usuario está estudiando la posibilidad de realizar acciones que rompen normas sociales básicas.

Además, un estudio publicado recientemente y publicado en JAMA Psychiatry analizó el tipo de respuestas que ofrecían diferentes versiones de ChatGPT ante prompts que incluían textos con contenido psicótico, simulando así cómo podría ser una interacción con un usuario con esquizofrenia, o en la fase maníaca del trastorno bipolar. El resultado mostró que, al compararlas con sus respuestas ante prompts neutrales o de control, las versiones de pago del chatbot eran entre 9 y 14 veces más propensas a dar respuestas inadecuadas ante los textos que simulaban psicosis. Y en la versión gratuita, esa probabilidad era 43 veces mayor.

Uno de los principales problemas que estas tecnologías han tenido desde el principio es su tendencia a inventarse información ante preguntas cuya respuesta desconocen, y este parece ser un defecto fundamental de su diseño. No parece que vaya a ser arreglado a corto o medio plazo.

Por eso, una de las críticas más comunes hacia los chatbots con IA es que son “loros estocásticos”: se dice que los LLM repiten cadenas de palabras que han aprendido detectando patrones, pero que no llegan a entender. Y cuando no hay una respuesta clara que dar ante un usuario que dice cosas sin sentido, lo esperable es que muchas veces la IA busque una manera de darles una capa de coherencia cosmética sin siquiera darse cuenta de que está fabricando una mentira.

Pero… ¿Podría ser que las empresas detrás de estos chatbots estén intentando convertir el problema del loro estocástico en una feature comercial?

Esos modelos de lenguaje son productos creados por organizaciones que actualmente están intentando desesperadamente encontrar un modelo de negocio viable. Y mientras no lo encuentren, el incentivo es limitarse a hacer todo lo posible por mantener al usuario pegado a la pantalla, para mantener uno de los principales activos de organizaciones como Anthropic u OpenAI: el foco mediático y las narrativas capaces de seducir a los inversores. ¿Y cuál es una manera relativamente eficaz de lograr esto a través de una interfaz de chat? Pues, muy posiblemente, creando un simulador de conversaciones con otro ser humano.

La espiral amplificadora y los delirios

Hemos asumido como normal que robots como ChatGPT o Claude usen la primera persona del singular y den respuestas emocionalmente cargadas como si fuesen seres sintientes, pero eso no tiene por qué ser así. Incluso aunque no oculten que técnicamente no son miembros de nuestra especie, son IAs diseñadas para generar textos que se parezcan lo máximo posible a lo que escribiría una persona real.

Esta lógica ha dado lugar a lo que un grupo de investigadores encabezado por Marc Augustin llama amplification spiral, o espiral amplificadora. Es lo que ocurre cuando se dan a la vez estos tres ingredientes:

  • La imitación del lenguaje humano
  • La creación de mensajes altamente personalizados
  • La tendencia a evitar contradecir al usuario

Si lo piensas bien, estos elementos encajan a la perfección con una de las características más descritas de la psicosis. Se trata de la existencia de problemas para discriminar entre la información relevante y la no relevante, algo que haría que las personas con trastornos como la esquizofrenia vayan estableciendo conexiones entre fenómenos que no tienen nada que ver entre sí como parte de un intento por darle sentido a una realidad caótica y llena de “ruido” que llega a través de todos los sentidos.

Esta idea, que ha dado lugar a la hipótesis de la saliencia aberrante de la psicosis, describe que en las fases iniciales de la alteración mental aún no hay una arquitectura de delirios muy asentada, pero a medida que pasa el tiempo, el hecho de que esas ideas no se correspondan con la realidad vuelve a la persona más proclive a creer en teorías conspiranoicas y en delirios persecutorios al buscar a los responsables de “estar ocultando la verdad”.

Ante una situación así, un chatbot de IA es el recipiente perfecto para almacenar y amplificar cualquier creencia desconectada de la realidad, ya que su trabajo es generar marcos teóricos en los que el prompt que le manda el usuario parezca tener sentido.

Un potencial problema de salud pública

Incluso si la psicosis por IA afectase exclusivamente a personas con vulnerabilidades previas, la escala del problema podría ser notable.

Para poner contexto: una investigación basada en datos de la RAND American Life Panel y publicada este mes indica que aproximadamente el 19% de los jóvenes estadounidenses de entre 12 y 21 años dice haber usado un chatbot de IA para obtener consejos de salud mental durante el 2025. Y dentro de esa porción de la población, un 42,8% dice haberlo hecho al menos una vez al mes.

¿Y qué pasa con los mayores de edad? Un estudio publicado en 2025 en la revista Practice Innovations sugiere que casi la mitad de los adultos estadounidenses ha usado un chatbot con esa finalidad al menos una vez al año, mientras que otro publicado en JMIR Mental Health y centrado en la franja de edad que va de los 18 a los 48 años habla de un 35.2% que lo hace semanalmente también en ese país. Por otro lado, esta última investigación destaca que el 5,5% de esa franja de adultos dice pasar varias horas a la semana hablando de su salud mental con un chatbot.

En definitiva, la psicosis por IA es un concepto construido a base de casos aislados, y esto introduce dos niveles de incertidumbre. En primer lugar, la incertidumbre de entender realmente qué pasó en cada uno de esos casos, ya que suelen ser datos sensibles vinculados a historias trágicas en las que hay que respetar la privacidad de las víctimas. Y en segundo lugar, la incertidumbre de comprender de qué manera ese conjunto de casos aislados permiten “esculpir” conceptualmente lo que es la psicosis por IA como fenómeno global, que supuestamente puede aparecer en la vida de miles de personas.

Mientras tanto, probablemente lo más prudente sea no asumir que cualquier persona está en riesgo de desarrollar problemas de salud mental por el simple hecho de usar chatbots varias veces a la semana… Pero tampoco hay que olvidar que estamos hablando de productos barnizados con una capa de marketing que les hace simular la capacidad de comprender nuestro mundo interno.

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  • Morrin H, Nicholls L, Levin M et al. Artificial intelligence-associated delusions and large language models: risks, mechanisms of delusion co-creation, and safeguarding strategies The Lancet Psychiatry, 2026; 13, 522-530.
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Adrián Triglia. (2026, junio 26). Psicosis por IA: esto es todo lo que sabemos sobre los delirios asociados a los chatbots. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/psicosis-ia-delirios-chatbots

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