Después de tantos días confinados en casa, con vacaciones de Semana Santa de por medio y un sin fin de tareas del hogar, de educación, de trabajo por realizar, cambio de horario y nuevos hábitos adquiridos en soledad, en familia y en pareja en nuestro confinamiento, tocará volver a la “normalidad".

Lo entrecomillo porque psicológicamente no será normalidad. Pasará mucho tiempo hasta que volvamos adquirir los hábitos que teníamos, pues la palabra contagio estará marcada en nuestra mente, la palabra virus estará presente. El vivir una pandemia ha activado nuestro estado de amenaza en nosotros, y eso no es tan fácil de olvidar en días, semanas, meses incluso varios años.

La marca psicológica que deja la crisis del COVID-19

Hemos vivido una amenaza, y como tal nuestro cuerpo se ha preparado para ello. Hemos estado con nuestro sistema nervioso simpático trabajando a tope, en modo supervivencia, con cada noticia, en cada conversación, en cada pregunta de tu hijo en casa, con cada caso de personas conocidas contagiadas, y con miles de cuestiones en tu cabeza sin resolver.

Mucha gente nos pregunta por determinada sintomatología que está teniendo estos días; es normal tener alteraciones del sueño y alimentación, tener momentos de apatía y un cierto nivel de ansiedad, falta de concentración, sentimientos de pérdida de control, distanciamiento afectivo, cambios injustificados de humor... es un proceso por el que debemos de pasar hasta llegar a una aceptación de lo que está sucediendo.

Según la predisposición de cada uno, se puede llegar a desarrollarar alguna secuela psicológica negativa a causa de la marca que deja en nosotros esta situación que estamos viviendo. Por ejemplo, duelos congelados (en muchos casos no ha existido una despedida del ser querido) o estrés postraumático, pasando por brotes de hipocondría, fobias, TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo) de limpieza, problemas se sueño, ansiedad, cuadros depresivos…

Los efectos psicológicos generados por la crisis del coronavirus son muy diversos, por eso cada uno de nosotros desplegará sus propios recursos para gestionarlo, algunos de forma innata y otros con ayuda psicológica.

Posibles soluciones

Para empezar a cuidarnos desde casa es importante buscar tiempo para realizar algún tipo de relajación, meditación, Mindfulness, respiraciones lentas y profundas…la clave esta en trabajar y activar el otro sistema nervioso (parasimpático), que es el que paraliza al estado de alarma de nuestro cuerpo (sistema nervios simpático). Esto va a mejorar y fortalecer nuestra salud y nuestras defensas frente al estrés.

Desactivar tu diálogo interno para no fomentar determinados pensamientos en tu cabeza te ayudará a prevenir determinadas consecuencias psicologicas.

La opción de la terapia online

Ahora más que nunca, es cuando la terapia online está mostrando su eficacia; la posibilidad de poder seguir teniendo contacto con nuestros pacientes y que nuevas personas puedan realizar terapia online resulta muy útil.

Ahora más que nunca, es cuando se necesita hacer una prevención de posibles secuelas psicológicas durante y después del confinamiento. Cada uno de nosotros tendremos una huella psicológica de esta experiencia; en esto influirá el cómo gestionemos el aislamiento social, la incertidumbre, el control emocional que tengamos, la tolerancia a la frustración, la capacidad de adaptación, la flexibilidad psicológica…

La prevención y la terapia psicológica nos ayudarán a tener más recursos y estrategias para poder superar esta situación sin llegar a desarrollar determinadas psicopatológicas.