Varias maneras en las que aparece la soledad.

La soledad es un problema que puede llegar a ser grave. De hecho, se sabe que va de la mano con muchos otros problemas, como el debilitamiento de las redes de apoyo que proporciona la sociedad, y la adopción de formas de vida poco saludables.

En este artículo veremos cuáles son los principales tipos de soledad, y de qué maneras se manifiestan.

Los principales tipos de soledad

Este es un resumen breve acerca de los tipos de soledad con los que nos podemos topar a lo largo de nuestras vidas. Eso sí, no se trata de categorías mutuamente excluyentes, así que algunas pueden solaparse entre sí.

1. Soledad contextual

La soledad no siempre se extiende a todos los ámbitos de la vida; a veces, queda limitada a un único contexto.

Por ejemplo, alguien que no tenga amigos ni conocidos en la facultad a la que asiste a clases o en el trabajo puede experimentar soledad ahí, aunque en cualquier otro lugar sienta la cercanía de muchos seres queridos.

2. Soledad transitoria

Es importante tener en consideración el factor tiempo al analizar los tipos de soledad que experimentan las personas. En el caso de la transitoria, esta aparece en situaciones concretas y no dura mucho más de un día.

Por ejemplo, cuando aparece un conflicto en una relación amorosa o de amistad, puede surgir la sensación de que hay una barrera que nos separa del otro, o que nos ha revelado una faceta de su personalidad que nos hace replantearnos si la conocemos.

3. Soledad crónica

Este tipo de soledad no depende de un contexto o situación determinada, sino que se perpetúa en el tiempo, manteniéndose en diferentes ámbitos de la vida de una persona. Eso sí, eso no significa que no vaya a desaparecer nunca ni que no podamos hacer nada para que se desvanezca; dadas las condiciones adecuadas, puede ir debilitándose hasta desaparecer, pero esto cuesta más que en otras clases de soledad más circunstanciales.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la diferencia entre la soledad crónica y la transitoria es solo una cuestión de grado, y no hay una separación clara entre ellas.

Por eso, por ejemplo, podemos encontrarnos casos en los que una persona está sometida a una vida extremadamente monótona que solo consiste en un tipo de ambiente, y se siente sola: en este caso, no estaría muy claro si se trata de la crónica o de la transitoria, dado que podemos entender que se ha quedado estancada en un momento de su vida que se repite una y otra vez día tras día.

4. Soledad autoimpuesta

Hay casos en los que la soledad es la consecuencia de un aislamiento que uno mismo ha decidido utilizar como elemento definitorio de su propia vida. Por ejemplo, personas con miedo a sentirse defraudadas por amigos o seres queridos, y que desarrollan actitudes misántropas o, en general, de desconfianza hacia los demás.

En algunos casos, esta forma de soledad también puede aparecer por causas religiosas, como la voluntad de consagrarse a una vida de dedicación a uno o más dioses, sin que por ello se abracen sentimientos de hostilidad hacia el resto de personas.

5. Soledad impuesta

La soledad impuesta es consecuencia de una serie de privaciones materiales a las que se somete a la persona, en contra de la voluntad de esta última. La incapacidad de tener relaciones normales y de manera sostenida hace que aparezca la sensación de aislamiento, sensación que se corresponde con hechos objetivos, como la falta de tiempo libre o el hecho de vivir en un lugar muy reducido y apenas salir de él.

Por otro lado, que la soledad sea impuesta por otros no significa que la existencia de esta emoción sea el objetivo de las medidas impuestas a quien las sufre. Por ejemplo, puede ser causada por unas jornadas laborales muy exigentes, en las que lo importante es hacer dinero.

6. Soledad existencial

La soledad existencial es muy diferente al resto de tipos de soledad, porque en ella influye relativamente poco la calidad y la cantidad de las interacciones que mantenemos con el resto de personas. Se trata más bien de un estado en el que la emoción de la soledad se mezcla con la duda existencial de para qué se vive y qué es exactamente lo que nos conecta a los otros.

Si la consciencia de uno mismo es una experiencia subjetiva, privada y que no puede ser compartida, nuestra existencia puede llegar a ser percibida como algo radicalmente separado de nuestro entorno y quienes habitan en él.

Por otro lado, la ausencia de un sentido para la propia vida puede llegar a contribuir a que nos sintamos desconectados del resto del cosmos. Es decir, es una experiencia que normalmente genera malestar o inquietud, y que no puede ser afrontada intentando hacer más amigos o conociendo a más gente.

Referencias bibliográficas:

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