Pexels

Prácticamente todos los actos que llevamos a cabo son comunicativos. Gestos, muecas, sonidos, olores e incluso distancias son y han sido utilizados desde siempre para obtener información sobre las acciones, motivaciones y pensamientos de los demás. 

Incluso la ausencia de acción es indicativa de algo. Sin embargo, además de lo anterior el ser humano dispone de un elemento más para comunicarse, uno simbólico. Este elemento simbólico es el lenguaje, que a nivel oral se expresa mediante el habla.

El habla o lenguaje oral es uno de los medios de comunicación y vinculación más fundamentales para el ser humano. Esta capacidad se desarrolla a lo largo del ciclo vital, pasando de emitir simples holofrases o palabras sueltas con intencionalidad a ser capaces de construir elaboraciones tan complejas como una obra de Shakespeare. 

Sin embargo, en muchas personas el desarrollo de esta capacidad o su funcionamiento habitual puede retrasarse o alterarse debido a múltiples causas. Estas alteraciones de la comunicación oral han sido estudiadas por ciencias como la psicología y la medicina, y a partir de ellas se han conceptualizado diferentes tipos de trastornos del habla. Y no, la dislexia no es uno de ellos, ya que solo se ciñe a los problemas de lectura.

Cuando el lenguaje falla: los trastornos del habla

Comunicarse es algo fundamental para el desarrollo del ser humano. Y una gran parte de nuestra capacidad comunicativa depende, como hemos dicho, del habla.

Sin embargo, el habla no es algo que aparezca súbitamente (si bien algunos autores como Noam Chomsky se hicieron famosos por defender que poseemos estructuras innatas que permiten el desarrollo de esta habilidad), sino que se tiene que aprender y desarrollar. El lenguaje en general es un elemento complejo que idealmente iremos adquiriendo y consolidando a lo largo de nuestra maduración física y cognitiva.

Algunos de los elementos que hemos de ir adquiriendo y mejorando son la capacidad articulatoria, la fluidez y comprensión del habla, el vocabulario y la capacidad de encontrar palabras, la gramática y sintaxis, e incluso cuándo y cómo debemos comunicar determinadas cosas de determinada forma.

Si bien estos hitos son generalmente adquiridos en determinados momentos evolutivos, en algunos sujetos aparecen problemas, deterioros o malos desarrollos de la comprensión y expresión del lenguaje que limitan el correcto funcionamiento y/o evolución socioemocional del individuo.

Veamos a continuación algunos de los más habituales.

1. Trastorno del lenguaje o disfasia

Este trastorno supone la presencia de una discapacidad en la comprensión y expresión del lenguaje en niños con un nivel de inteligencia propio de su nivel de desarrollo, no solo a nivel oral, sino también en otras facetas como en el lenguaje escrito o la lectura.

El trastorno del lenguaje o disfasia puede ser evolutiva, en cuyo caso no podría ser consecuencia de otros trastornos, o adquirida siendo en este último caso producto de algún tipo de accidente cerebral, trastornos convulsivos o traumatismos craneoencefálicos.

En cualquiera de los casos el niño o niño puede tener problemas en el lenguaje expresivo o en el receptivo, es decir la problemática puede darse a nivel de defectos en la emisión de lenguaje o en su comprensión. Los niños con este trastorno suelen tener un vocabulario reducido y una estructura gramatical limitada que provoca que el discurso sea inferior y más limitado de lo esperable.

En el caso de la disfasia adquirida los efectos serían los equivalentes a los de una afasia en sujetos adultos, si bien con la particularidad de que la mayor plasticidad cerebral durante la etapa de desarrollo suelen permitir la aparición del lenguaje aun cuando haya daño neuronal.

2. Trastorno fonológico o dislalia

Otro de los principales trastornos del lenguaje oral es las dislalia. Se entiende como tal aquellos trastornos en los que se producen diferentes errores en la articulación de las palabras, siendo la más frecuente la sustitución de sonidos, distorsiones de los correctos o la falta (omisión) o añadidura (inserción) de éstos. Por ejemplo, un problema en la forma de la lengua puede producir dislalia.

Si bien es frecuente que haya este tipo de problemas en la infancia, para que sea considerada dislalia los errores cometidos deben ser impropios del nivel de desarrollo del infante, interfiriendo con el rendimiento social y académico.

3. Disfemia, tartamudez o trastorno de la fluidez de inicio en la infancia

La disfemia es un trastorno ampliamente conocido por el conjunto de la sociedad, si bien nos solemos referir a él como tartamudez. Se trata de un trastorno centrado en la ejecución del habla, concretamente en su fluidez y ritmo. Durante la emisión del habla la persona que la padece sufre uno o varios espasmos o bloqueos que interrumpen el ritmo normal de la comunicación.

La disfemia suele vivirse con vergüenza y ansiedad (cosa que empeora a su vez la ejecución) y dificulta la comunicación y la adaptación social. Este problema solo aparece cuando se habla con alguien, pudiendo hablar con normalidad en completa soledad, y no se debe a lesiones cerebrales o perceptivas.

El trastorno disfémico suele iniciarse entre los tres y ocho años de edad. Ello es debido a que en esta edad empieza a adquirirse el patrón normal del habla. En función de su duración pueden encontrarse varios subtipos de disfemia: de tipo evolutiva (dura unos pocos meses), benigna (dura unos pocos años) o persistente (siendo esta última la crónica que puede observarse en adultos).

4. Disartria

El trastorno del habla conocido como disartria hace referencia a la dificultad para articular palabras debido a un problema neurológico que causa que la boca y los músculos que emiten el habla no presenten el debido tono muscular y por tanto no respondan correctamente. Así pues, el problema no está tanto en los tejidos musculares (si bien estos también se resienten a la larga por su mal uso) sino en el modo en el que los nervios se conectan con ellos. Es uno de los tipos de trastornos del habla más conocidos.

5. Trastorno de la comunicación social (pragmático)

En este trastorno no encontramos problemas ni a la hora de articular, ni comprender el contenido literal del mensaje que se transmite. Sin embargo, quienes lo padecen sufren una gran dificultad, y es que este trastorno se basa en la presencia de dificultades severas en el uso práctico del lenguaje. 

Quienes padecen este trastorno tienen problemas para adecuar la comunicación al contexto en el que se encuentren, así como para entender el significado metafórico o implícito de lo que se les dice e incluso para cambiar la forma de explicar algo, regular la conversación con otros elementos como los gestos o respetar los turnos de palabra.

6. Disglosia

Al igual que la disartria, la disglosia es un trastorno que causa una severa dificultad en la articulación de los sonidos que configuran el habla. En este caso, sin embargo, el problema se encuentra en la presencia de alteraciones en los propios órganos bucofonatorios tales como malformaciones congénitas. Así pues, aquí ya hay fallos fácilmente identificables en la morfología de partes del cuerpo bien delimitadas.

7. Taquifemia o farfulleo

Se trata de un trastorno del habla caracterizado por un habla exageradamente rápida, perdiéndose palabras por el camino y cometiendo errores. Es común su presencia en personas con un estado de ánimo muy excitado, incluyendo casos en que el sujeto está en un episodio maníaco o como resultado de consumo de sustancias excitadoras. Sin embargo, puede darse también durante la infancia sin necesidad de que exista una alteración externa.

8. Afasias

Uno de los grupos de trastornos más conocidos y estudiados referentes al lenguaje es el de las afasias. Entendemos por afasia aquella pérdida o alteración del lenguaje en sujetos adultos (en niños estaríamos ante las anteriormente mencionadas disfasias) debida a la presencia de una alteración o lesión cerebral. En función de la localización o estructura cerebral dañada los efectos en el lenguaje van a ser diferentes, permitiendo su estudio encontrar diversas tipologías.

Tipos de afasias

Si bien podemos encontrar diversas clasificaciones como la de Luria o la de Jakobson, la clasificación más conocida y utilizada tiene en cuenta la presencia de fluidez verbal, comprensión verbal y capacidad de repetición en diferentes tipos de lesiones

  1. Afasia de Broca: Caracterizada por provocar una elevada dificultad para producir lenguaje y expresarse, pero manteniendo un buen nivel de comprensión. Sin embargo, las personas con este tipo de afasia por lo general no son capaces de repetir lo que se les dice. Es debida fundamentalmente a una lesión o aislamiento del área de Broca.
  2. Afasia motora transcortical: Al igual que en la afasia de Broca, se produce una dificultad para emitir un lenguaje fluido y coherente mientras que la comprensión del lenguaje se mantiene. La gran diferencia es que en este caso el sujeto es capaz de repetir (y con buen nivel de fluidez) lo que se le dice. Se produce por una lesión en las pars triangularis, región cercana al área de Broca y conectada con esta.
  3. Afasia de Wernicke: En esta afasia el paciente muestra un elevado nivel de fluidez en el lenguaje, si bien lo que dice puede no tener gran sentido. La principal característica de esta afasia es que provoca que haya severas dificultades para comprender la información auditiva, cosa que a su vez provoca que se sea incapaz de repetir la información procedente del exterior. La lesión cerebral se hallaría en el área de Wernicke. En pacientes con esquizofrenia que tienen afectación en el lenguaje es frecuente encontrar alteraciones parecidas a las propias de esta afasia.
  4. Afasia sensorial transcortical: Provocada por lesiones en el área que une los lóbulos temporal, parietal y occipital, esta afasia es semejante a la de Wernicke salvo por el detalle de que la repetición sí está preservada.
  5. Afasia de conducción: Las áreas de Broca y Wernicke están conectadas entre ellas por un haz de fibras nerviosas denominado fascículo arqueado. En este caso tanto expresión como comprensión verbales son relativamente correctas, pero la repetición estaría muy perjudicada Hay que tener en cuenta que para repetir algo primero tenemos que comprender lo que nos llega y a continuación re-expresarlo, con lo que si la conexión entre ambas áreas está deteriorada la repetición se ve perjudicada.
  6. Afasia global: Este tipo de afasia se debe a un daño masivo del hemisferio especializado en el lenguaje. Todas las vertientes del lenguaje se verían severamente perjudicadas.
  7. Afasia transcortical mixta: Los daños en los lóbulos temporal y parietal pueden provocar un severo déficit en casi todos los aspectos del lenguaje. Básicamente se produce un aislamiento del lenguaje, afectando a expresión y comprensión, si bien la repetición se mantiene e incluso es posible que la persona sea capaz de acabar frases.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Belloch, Sandín y Ramos (2008). Manual de Psicopatología. Madrid. McGraw-Hill. (vol. 1 y 2) Edición revisada.
  • Santos, J.L. (2012). Psicopatología. Manual CEDE de Preparación PIR, 01. CEDE: Madrid.