El caso de Anna O., descrito por Sigmund Freud y Josef Breuer en “Estudios sobre la histeria”, fue calificado por el propio Freud como el desencadenante del surgimiento del psicoanálisis. La obra del padre de este movimiento, y por tanto en cierto modo también de la psicoterapia en general, no puede explicarse si no se tiene en cuenta el tratamiento de Bertha von Pappenheim.

En este artículo analizaremos las verdades y los mitos en torno al famoso caso de Anna O. Comprender las claves de la intervención que hizo famoso a Freud, incluso sin haber participado en ella, puede ser útil para reconceptualizar ciertas ideas falsas sobre el psicoanálisis que a día de hoy continúan lastrando el progreso de la psicología clínica.

El célebre caso de Anna O.

Josef Breuer fue un médico y fisiólogo que vivió entre 1842 y 1925. En el año 1880 Breuer aceptó el caso de Bertha von Pappenheim, una mujer joven de notable inteligencia que había sido diagnosticada de histeria. Sus síntomas principales consistían en parálisis, ceguera, sordera y mudez de carácter posiblemente psicógeno (es decir, generados por autosugestión).

Otros de los signos más relevantes del caso incluyen la presencia de alteraciones del lenguaje similares a la afasia, amnesia disociativa, rechazo a los alimentos e inestabilidad emocional. Von Pappenheim también tenía dolores faciales de origen neurológico que eran tratados con morfina, lo cual provocó que desarrollara una adicción a esta sustancia.

Asimismo los registros de Breuer describen a von Pappenheim como un caso con características similares a lo que hoy conocemos por la etiqueta “trastorno de identidad disociativo”. Según el médico, la paciente tenía una personalidad principal triste y temerosa, pero también otra de rasgos infantiles e impulsivos; ambas se exacerbaron con el tratamiento.

El nacimiento del método catártico

Von Pappenheim y Breuer notaron que los síntomas se aliviaban temporalmente si la paciente hablaba sobre ellos, sobre sus sueños y sobre sus alucinaciones y conseguía atribuirles una causa, especialmente mientras era sometida a hipnosis. Dado que von Pappenheim se mostró satisfecha con el procedimiento, Breuer decidió centrarse en éste.

La propia von Pappenheim dio a este método los nombres “limpieza de chimenea” y “cura del habla”. Fue este último término el que consiguió una mayor popularidad, junto con el que le otorgaron Breuer y Freud: “método catártico”, que consiste fundamentalmente en atribuir causas determinadas a los síntomas en un estado de hipnosis por tal de eliminarlos.

Los síntomas de von Pappenheim no remitieron con el tratamiento de Breuer (él y Freud mintieron sobre esto al documentar el caso en “Estudios sobre la histeria”), sino que finalmente fue internada; sin embargo, con el tiempo se recuperó y pasó a ser una figura relevante en la sociedad alemana y una opositora del psicoanálisis.

Breuer, Freud y “Estudios sobre la histeria”

Durante buena parte de su vida Breuer fue profesor de fisiología en la Universidad de Viena. Con toda probabilidad su alumno más recordado en la actualidad fue Sigmund Freud, considerado el padre del psicoanálisis. Fue precisamente el caso de Anna O. el que catapultó a Freud a la fama, a pesar de que jamás llegó a conocer a Bertha von Pappenheim.

El caso inspiró a Freud cuando oyó el relato de Breuer al respecto. A pesar de sus reticencias iniciales consiguió convencer a su maestro de que le permitiera incluirlo en un libro sobre la histeria y de que colaborara en su redacción. Además del de Anna O. -pseudónimo creado para esta obra-, “Estudios sobre la histeria” incluyó otros cuatro casos similares.

No obstante, Freud estaba convencido de que los síntomas tenían un origen psicosexual que se remontaba a experiencias traumáticas de la infancia, mientras que Breuer defendía que la histeria podía deberse a causas orgánicas. Ambas posturas coexisten en “Estudios sobre la histeria”, si bien la que se consolidó en el ámbito del psicoanálisis fue la de Freud.

¿Qué sucedió realmente? Invención del psicoanálisis

“Estudios sobre la histeria”, y en particular el caso de Anna O., fueron la semilla que permitió que germinara el enfoque psicoanalítico. Por supuesto, en este sentido fue inestimable el rol de Freud como promotor del método catártico -en el que confiaba mucho más que Breuer- tanto a través de su obra escrita como gracias al apoyo de la alta sociedad.

Breuer se mostró en desacuerdo con la actitud adoptada por Freud, que engrandeció los acontecimientos reales del caso de Anna O. de forma sistemática hasta popularizar la leyenda y conseguir que la mayoría de gente ignorara la versión de Breuer. Con toda probabilidad el objetivo de Freud era consolidar su posición como clínico.

Sin embargo fueron muchos quienes procuraron desmentir el relato de Freud, incluyendo algunos de sus discípulos, como Carl Gustav Jung, quien cumpliría un rol fundamental en el distanciamiento de las ideas de Freud que llevaron a cabo muchos practicantes del psicoanálisis.

Años después del tratamiento de Anna O. diversos expertos han analizado la evidencia disponible por tal de evaluar las causas de sus alteraciones. Muchos coinciden en que el origen parece orgánico y no psicógeno, pudiendo quedar explicados los síntomas por trastornos como la encefalitis, la epilepsia del lóbulo temporal o la meningitis tuberculosa.