Una gran parte de la población tiene el deseo de tener hijos. Ser padre o madre es un sueño para muchos, a quienes la idea de criar, educar, dar afecto y en definitiva ayudar a un ser frágil y vulnerable a crecer y ver el mundo resulta emocionante y motivante. La mayoría de personas experimenta la voluntad de proteger a los niños. 

Sin embargo algunos progenitores maltratan a sus hijos llevando a cabo acciones como por ejemplo zaranderlos violentamente cuando lloran continuamente con tal de hacerlos callar. Este tipo de malos tratos puede llegar a provocar severos daños cerebrales en un organismo tan frágil como el de un bebé. Es lo que ocurre en los casos de síndrome del bebé sacudido.

El síndrome del bebé sacudido

Se denomina síndrome del bebé sacudido al conjunto de síntomas presentados por bebés que han sido sometidos a sacudidas (generalmente provocadas por la actuación de un adulto) sin que exista un traumatismo externo, siendo dichos síntomas resultado de una lesión intracraneal producto de haber sido zarandeado violentamente.

El zarandeo tiene como consecuencia que se genere una lesión cerebral que puede llegar a ser muy severa que es capaz de provocar la muerte del bebé (de hecho es una las causas más frecuentes de mortalidad infantil), o bien secuelas de gravedad considerable. Este síndrome tiende a aparecer en bebés de menos de tres años de edad.

Si bien las lesiones pueden ser variables, por lo general se considera que existen tres que se presentan en la mayoría de casos de este síndrome y que permiten su diagnóstico: hemorragia retinal, encefalopatía o daño cerebral (como por ejemplo daño axonal difuso) y hematoma subdural. También es habitual la hidrocefalia.

Los síntomas de estas lesiones pueden ser muy diferentes en función de las áreas que resulten dañadas, pero suele cursar con un daño axonal difuso. Es habitual que el bebé comience a padecer brotes epilépticos, letargia, hipotonía o pérdida de tono muscular, anorexia, vómitos o problemas respiratorios. Además de ello, pueden producir graves secuelas a largo plazo.

Secuelas y síntomas

Además de los síntomas anteriormente mencionados, los daños provocados en el encéfalo suelen generar secuelas graves y permanentes.

De entre estas secuelas destacan la aparición de discapacidad intelectual de gravedad variable. No es extraño que aparezca parálisis cerebral. En ocasiones también pueden observarse síntomas semejantes al autismo, retrasos en el desarrollo e incapacidad para el lenguaje. 

También pueden surgir infecciones que provoquen una inflamación del cerebro y empeoren el estado del menor. Asimismo, no es infrecuente que aparezcan también discapacidades sensoriales como ceguera o sordera adquiridas.

¿Cómo se produce?

El motivo más frecuente de la aparición del síndrome del bebé sacudido, la causa del zarandeo, suele ser la presencia de llanto por parte del bebé que uno o más adultos intentan hacer cesar con violencia. Se trata por lo general de un maltrato no planificado. En otros se lleva a cabo de manera voluntaria e intencional.

Sin embargo, en ocasiones también se ha visto en algunos casos en que se está intentando reanimar a un bebé que ha dejado de respirar, en accidentes de coche (por ejemplo un latigazo cervical aunque el menor lleve puesto el cinturón) e incluso en algunos trastornos pueden aparecer síntomas parecidos sin necesidad de zarandeo (si bien estos últimos son detectables). Es por ello que no se tiene que asumir que necesariamente sean producto de malos tratos.

Las sacudidas provocan que la masa encefálica se desplace con violencia e impacte contra las paredes del cráneo, así como que se dañen los nervios espinales al no ser el cuello del niño lo suficientemente fuerte para resistir la aceleración.

Asimismo, se considera que los problemas y lesiones surgen también debido a la presencia de hipoxia o disminución del oxígeno que llega a las regiones cerebrales durante la sacudida debido a las alteraciones respiratorios provocadas durante ésta y a los daños en el tronco encefálico.

Tratamiento de este síndrome

La muerte neuronal que provoca el síndrome del bebé sacudido no presenta un tratamiento curativo. Con el tiempo es posible que algunos de los síntomas disminuyan y en algunos casos es posible que se logre una recuperación, pero el pronóstico general no es muy positivo. Sin embargo, una rápida intervención puede llegar tanto a salvar la vida del menor como a disminuir las posibles secuelas.

Es importante drenar la sangre extravasada en las hemorragias internas, así como el líquido cefalorraquídeo excesivo si aparece hidrocefalia. También es imprescindible disminuir la presión intracraneal. Ello puede provocar que haya menos tejido anegado o comprimido.

Asimismo, la terapia ocupacional y otro tipo de estrategias puede ser de ayuda para que los niños afectados puedan recuperar funciones, ser estimulados o aprender diferentes estrategias que puedan mejorar su autonomía y calidad de vida.

Mecanismos de prevención

Uno de los principales métodos para frenar la aparición de este síndrome es el establecimiento de medidas preventivas. En muchos casos los progenitores sacuden al bebé porque no saben qué es lo que provoca que llore y no saben cómo hacer que deje de hacerlo.

La prevención se debe hacer mediante la concienciación social y la información de los efectos (aunque parezca sorprendente muchas personas no saben el daño que puede provocar una sacudida en un bebé). 

Intentar educar a través de diferentes programas como el Period of Purple Crying ofrecido por el National Center on Shaken Baby Syndrome puede generar que ante el lloro del bebé sus cuidadores sean capaces de establecer diferentes estrategias como arrullarlos, sacarles a pasear o ponerles sonido blanco para tranquilizarlos a la par que se aprende a gestionar el estrés del propio adulto.

Obviamente, en caso de que el maltrato haya sido voluntario con propósito de provocar un daño (como por ejemplo producto de la violencia vicaria) deben imponerse medidas legales como el alejamiento del individuo del bebé.

Referencias bibliográficas:

  • Nieto, T.; Fernández, S. (2008). Síndrome del bebé sacudido: ¿Es posible el diagnóstico diferencial?. Psicopatología Clínica Legal y Forense, 8; 107-127. Universidad Complutense de Madrid.
  • Rufo, M. (2006). El síndrome del niño sacudido. Cuadernos de Medicina Forense, 43-44. Málaga.