Un resumen de las características de este trastorno del estado de ánimo. Pixnio.

La depresión es uno de los tipos de trastornos más comunes en la población y de los que más se conoce. Puede suponer un alto grado de afectación en la vida del individuo, habiendo tanto inactividad como alta irritabilidad.

Tradicionalmente, se apuntaba que una persona estaba verdaderamente deprimida si el episodio depresivo en cuestión duraba más de 14 días. En caso de que no fuera así, lo habitual era que la persona no recibiera un diagnóstico para este trastorno.

Sin embargo, en los últimos aos, se ha realizado una extensa investigación que, si bien todavía pudiera parecer provisional, ha indicado que se puede sufrir de verdadera depresión en episodios breves de tiempo. Estos episodios no son una versión leve de lo que se ha llamado depresión mayor, dado que el grado de afectación en la vida del individuo puede ser tal que llegue incluso a cometer suicidio.

Vamos a hablar de un trastorno cuya duración ha generado un amplio debate: el trastorno depresivo breve recurrente. Explicaremos qué es, cuales son sus antecedentes históricos, qué piensan la OMS y la APA al respecto además de diferenciarlo de otros trastornos anímicos.

¿Qué es el trastorno depresivo breve recurrente?

El trastorno depresivo breve recurrente, también llamado depresión breve recidivante, es una alteración psicológica caracterizada por episodios depresivos intermitentes. Estos episodios no están ligados al ciclo menstrual en las mujeres, y tienen una duración corta, de entre 2 y 14 días, siendo lo habitual que duren entre 5 y 7 días. Los episodios se dan entre unas 6 y 12 veces al año. Pasado un año, la suma de los días en los que se ha estado deprimido pueden llegar a sumar cerca de un mes.

Aunque los episodios son breves, el grado de depresión que se alcanza es tan grave que pueden afectar a la funcionalidad de la persona, además de llevar a cabo intentos autolíticos y cometerse suicidio. Además, las personas que lo padecen suelen tener ansiedad e irritabilidad.

Debido a las características del trastorno puede ser confundido con la depresión mayor y otros trastornos asociados, siendo diferenciados no por la gravedad de los síntomas, sino por la duración del episodio depresivo.

Antecedentes de la etiqueta diagnóstica

Ya desde el siglo XIX se han visto algunos trastornos cuya aparición se da de forma ocasional y por episodios breves, yendo desde horas a días. Antiguamente, este tipo de problemas del estado de ánimo, sobre todo si se mostraban en forma de depresión, recibían varios nombres, como ‘melancolía periódica’ o ‘depresión intermitente’.

Cuando se publicó el DSM-III (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), elaborado a partir de un amplio cuerpo de investigaciones psiquiátricas, entre los criterios para la depresión se especificó explícitamente que el episodio depresivo tuviera una duración superior a las dos semanas. Así pues, no había etiqueta diagnóstica en la que se contemplaran los mismos síntomas de la depresión mayor pero con una menor duración.

Jules Angst, un psiquiatra suizo, acuñó en 1985 el término ‘depresión breve recurrente’ basándose de datos epidemiológicos y propuso una serie de criterios para poder diagnosticar este tipo de trastorno del estado del ánimo. A raíz de esto, y gracias a varios estudios a nivel europeo, la Organización Mundial de la Salud sí incluyó en la décima versión de la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) en 1992, mientras que la APA optó por ofrecer criterios diagnósticos provisionales para este trastorno en la cuarta edición del DSM.

Síntomas

Generalmente, las personas que padecen trastorno depresivo breve recurrente sufren los mismos síntomas que en la depresión mayor. Presentan ansiedad e irritabilidad, además de manifestar hipersomnia.

La depresión, en términos generales, es un síntoma y conjunto de trastornos que pueden llegar a producir un elevado grado de deterioro en el funcionamiento y adaptación de la persona. Además, la vida de los pacientes puede verse perturbada a causa de esto, pudiendo alterarse los horarios y rutinas que haya adquirido la persona mientras no padecía el episodio.

Diagnóstico diferencial

En la CIE-10 (), el trastorno depresivo breve recurrente es definido como aquel trastorno que cumple criterios propios de los episodios depresivos leves, moderados y graves. La particularidad que hace que este trastorno sea distinto a la depresión mayor es que dura menos, siendo los episodios depresivos menores a dos semanas.

Así pues, la depresión breve recidivante no se diferencia de la depresión mayor en la gravedad de los síntomas ni tampoco se debe ver como una forma leve de este tipo de trastorno. En los episodios depresivos, aunque breves, son particularmente peligrosos dado el riesgo que hay de que la persona cometa suicidio. Es por ello que la depresión mayor y el trastorno depresivo breve recidivante son considerados dos trastornos relacionados pero diferentes.

También se diferencia de la depresión mayor con patrón estacional de recurrencia por el hecho de que los episodios depresivos en el trastorno depresivo breve recurrente ocurren cada mes y son de más corta duración.

En cuanto al trastorno bipolar con ciclos rápidos, la depresión breve recidivante no presenta episodios hipomaníacos o maníacos. En cuanto al trastorno disfórico premenstrual, se diferencia de él porque no está asociado al ciclo menstrual.

Cabe decir que este trastorno presenta alta comorbilidad con trastornos de ansiedad, como la ansiedad generalizada, además de poder dar inicio a un consumo abusivo de ciertas sustancias y darse una adicción.

Causas

La causa de la depresión breve recidivante aún se desconoce, y lo más probable es que sea un fenómeno multicausal, con muchas variables influyendo en su aparición. Sin embargo, se ha apuntado que podría haber algún tipo de relación entre este trastorno y el bipolar, además de relacionarse con posibles factores genéticos.

Se ha visto que un reducido grupo de pacientes diagnosticados con este trastorno presentan epilepsia del lóbulo temporal.

Prevalencia

Aunque de momento la investigación en este trastorno ha dado a luz a más bien pocos datos, se estima que cerca del 5% de la población puede padecer en algún momento de su vida un episodio que cumpla las características anteriormente mencionadas. Esta frecuencia llega al 10% en adultos jóvenes de edades comprendidas entre los 20 y 30 años.

Tratamiento

Las personas que están pasando por un episodio de estas características pueden adquirir un mayor grado de bienestar acudiendo a psicoterapia. De esta manera, se facilita la adopción de hábitos que debiliten la presencia del trastorno, hasta hacer que sus efectos se desvanezcan o lleguen a tener mucho menos poder sobre las personas.

Además, en la práctica clínica se recetan psicofármacos, concretamente ISRS, estabilizadores del estado del ánimo, como el litio, y antiepilépticos. Sin embargo, los fármacos por sí solos no hacen que el trastorno se desvanezca, y su objetivo es mitigar los síntomas a medio plazo.

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