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Los trastornos del espectro autista (TEA) son un conjunto de trastornos del desarrollo, con síntomas que suelen ser crónicos y que pueden ser de leves a graves. 1 de cada 100 niños puede parecer algún tipo de trastorno del espectro autista, aunque investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos afirman que el TEA tiene una prevalencia de un 68%.

De manera general, el TEA se caracteriza por la alteración de la capacidad del individuo de comunicarse y entablar relaciones sociales. Es un trastorno complejo que afecta al desarrollo del individuo que lo padece y, generalmente, suele ser diagnosticado alrededor de los los 3 años.

Existen distintos tipos de trastorno del espectro autista. Ahora bien, esta clasificación ha sufrido alguna modificación con la publicación del Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V). A continuación repasaremos los distintos subtipos de TEA y los cambios reflejados en el DSM-V en sus últimas ediciones.

Cambios en el DSM-V respecto al trastorno del espectro autista (TEA)

En su quinta edición, el DSM, publicado por la American Psychiatric Association, ha incorporado cambios respecto a al TEA, pues ha eliminado criterios diagnósticos utilizados desde hace décadas. De hecho, a lo largo de los años, el TEA ha sido objeto de distintas modificaciones en este manual. En su primera edición (1952), fue clasificado con el término de “esquizofrenia infantil”, lo que dista mucho del concepto actual. Cada uno de estos cambios ha creado cierta polémica, y la nueva edición del DSM no ha sido una excepción.

Una de las modificaciones más notables respecto al DSM-IV hace referencia a la sintomatología del TEA. Si en la cuarta edición la definición diagnóstica del trastorno del espectro autista se caracterizaba por tres síntomas conocidos como la triada: deficiencias en la reciprocidad social, deficiencias en el lenguaje o en la comunicación y repertorio de intereses y actividades restringido y repetitivo. En la quinta edición solo existen dos categorías de síntomas: deficiencias en la comunicación social (es decir, que incluye las dos primeras categorías anteriores aunque presenta algunos cambios respecto a éstos) y los comportamientos restringidos y repetitivos. 

Además, si en el DSM-IV el autismo pertenecía a los “trastornos generalizados del desarrollo” (TGD). En el DSM-V, se ha sustituido esta definición por “trastornos del espectro autista” (TEA), que se incluye dentro de “trastornos del neurodesarrollo”.

Por otro lado, las subcategorías de este trastorno también han sufrido modificaciones. En la cuarta edición se incluían cinco subtipos de autismo: el trastorno autista, el Síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil, el trastorno generalizado del desarrollo no especificado (TGD no especificado) y el síndrome de Rett. En la quinta edición, se ha prescindido del Síndrome de Rett, quedando solo 4 subtipos.

Tipos de trastornos de Trastorno del Espectro Autista

Pero, ¿qué características presentan tipos de autismo? En las siguientes líneas te lo explicamos detalladamente, si bien hay que tener en cuenta que todos los fenómenos descritos por estas categorías diferenciadas, a la práctica, se solapan mucho y comparten características.

1. Autismo o Síndrome de Kanner

Éste es el trastorno que la mayoría de individuos asocia con el trastorno del espectro autista, y recibe en nombre de Síndrome de Kanner en relación con el Dr. Kranner, un médico que estudió y describió esta condición en los años 30.

Los sujetos con autismo poseen una una limitada conexión emocional con los demás, y parece que estén inmersos en su propio mundo. Son más propensos a mostrar comportamientos repetitivos, por ejemplo, pueden organizar y reorganizar el mismo grupo de objetos, hacia adelante y atrás durante períodos prolongados de tiempo. Y son individuos altamente sensibles ante estímulos externos como sonidos. 

Es decir, pueden estresarse o agitarse cuando se expone a ruidos específicos, luces brillantes o sonidos o, por otro lado, van a insistir en el uso de determinadas prendas de vestir o colores o van a querer ubicarse en determinadas zonas de la habitación sin ningún motivo aparente.

2. Síndrome de Asperger

El Síndrome de Asperger es un trastorno del espectro autista más complicado de diagnosticar y, en ocasiones, este diagnóstico se suele realizar más tarde que el caso anterior. Esto ocurre porque estos sujetos con Asperger presentan una inteligencia media (alta) que puede ocasionar que se infravaloren las dificultades y limitaciones que presentan estos sujetos.

El déficit se encuentra, por tanto, en el campo de las habilidades sociales y el comportamiento, siendo lo suficientemente importante como para comprometer seriamente su desarrollo e integración social y laboral. Además, las personas con Síndrome de Asperger muestran carencias en la empatía, poca coordinación psicomotriz, no entienden las ironías ni el doble sentido del lenguaje y se obsesionan con ciertos temas.

La causa del Síndrome de Asperger parece ser la disfunción de varios circuitos cerebrales, y las zonas afectadas son la amígdala, los circuitos frontoestriados y temporales y el cerebelo, áreas del cerebro que están implicadas en el desarrollo de la relación social.

A pesar de que los medios e comunicación han ayudado a difundir una imagen del síndrome de Asperger en la que se describe esta condición como una alteración mental asociada a una alta inteligencia, hay que señalar que la mayoría de personas agrupadas en esta categoría no puntúan significativamente por encima del CI normal, y una cantidad muy pequeña de ellas obtiene puntuaciones muy altas.

3. Trastorno desintegrador infantil o Síndrome de Heller

Este trastorno, normalmente referido como Síndrome de Heller, suele aparecer sobre los 2 años, aunque puede no diagnosticarse hasta pasados los 10 años. 

Es similar a los TEA anteriores porque afecta a las mismas áreas (lenguaje, función social y motricidad), aunque se diferencia de éstos en su carácter regresivo y repentino, lo que puede provocar que incluso el propio sujeto se de cuenta del problema. Los individuos con Síndrome de Heller pueden tener un desarrollo normal hasta los 2 años, y pasado este tiempo sufrir la sintomatología característica de este trastorno. Distintos estudios concluyen que este trastorno es entre 10 y 60 veces menos frecuente que el autismo. Sin embargo, su pronóstico es peor.

4. Trastorno generalizado del desarrollo no especificado

Cuando los síntomas clínicos que presenta el sujeto con trastorno del espectro autista son demasiado heterogéneos y no encajan en su totalidad con los tres tipos anteriores, se emplea la etiqueta diagnóstica de “trastorno generalizado del desarrollo no especificado”. 

El sujeto con este trastorno se caracteriza por tener un déficit de reciprocidad social, problemas severos de comunicación y la existencia de intereses y actividades peculiares, restringidas y estereotipadas. 

Cabe destacar que si el resto de tipos de autismo ya son diversos de por sí, en esta última categoría aún es más importante tener en cuenta las características únicas de cada individuo, y no caer en la trampa de dejar que la etiqueta explique completamente a la persona. Este sistema de clasificación es tan solo una ayuda que permite apoyarse en una serie de conceptos para comprender mejor esta condición, pero que no agota todas las explicaciones posibles sobre lo que está experimentando cada persona ni lo que esta necesita.

Dificultades a la hora de estudiar el autismo

Algo que hay que tener en cuenta acerca de los diferentes tipos de autismo es que es muy complicado estudiarlos sin caer en sesgos

Por ejemplo, resulta problemático investigar acerca de los patrones de comunicación de las personas autistas utilizando para ello su capacidad para interpretar las emociones plasmadas en la expresión de los ojos, dado que tienden a no fijarse en esa parte de la cara. 

Así, la inhabilidad para interpretar esas expresiones no significa exactamente que no sepan interpretar las emociones de los demás, sino que no saben hacerlo de esa manera concreta, pero quizás sí utilizando otros modos para ello.

A su vez, los errores cometidos por no tener en cuenta estas variables que contaminan los estudios pueden hacer que se creen distinciones artificiales entre tipos de autismo allí donde realmente solo están funcionando variables de personalidad, de motivación a la hora de seguir las instrucciones, etc.

Referencias bibliográficas:

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  • Szatmari, P. (2006) Una mente diferente. Guía para padres. Editorial Paidós.