Varias pautas para ayudarle a superarse.

La infancia es una etapa potencialmente ilusionante, pero también está llena de temores. A una edad tan temprana, los pequeños tienden a adoptar un tipo de razonamiento llamado pensamiento mágico, que les hace propensos a inventar entidades que están detrás de las cosas que ocurren a su alrededor y que no comprenden del todo. La incertidumbre que esto produce puede hacer que se sientan intimidados en ciertos tipos de situaciones normales del día a día.

En este artículo veremos varios consejos acerca de cómo ayudar a los niños a superar sus miedos más irracionales, tanto en lo referente al mundo que les rodea como en lo que respecta a sus percepciones sobre sí mismos, y qué podemos hacer como padres y educadores para que confíen en sus habilidades de una manera razonable y realista.

Qué hacer para ayudar a los niños a superar sus miedos

Los consejos que encontrarás a continuación deben ser adaptados a la realidad de cada familia y de cada niño, dado que su eficacia depende siempre del contexto en el que se vive y de las características de cada uno de los menores a los que vamos a ayudar. Tanto el entorno material en el que se ha estado creciendo, como las dinámicas relacionales que se han consolidado entre los niños y su familia, así como la personalidad y el autoconcepto (percepción que se tiene de uno mismo) de cada infante, son elementos muy importantes a tener en cuenta.

Dicho esto, pasemos a ver los consejos concretos acerca de lo que resulta recomendable para que los niños superen sus miedos.

1. Abre una vía de comunicación honesta con el menor

Antes de nada, es indispensable crear las condiciones para que el niño o niña sienta que puede expresar sus temores de manera libre y honesta, sin sentirse juzgado o juzgada ni contribuir a que le pongamos una “etiqueta” despectiva. En las sociedades occidentales los miedos suelen ser vistos como debilidades, y por consiguiente se tiende a ocultarlos. Pero si mostramos interés por saber de ellos para ayudar a superarlos, la cosa cambia.

Así pues, lo principal es, en primer lugar, ganarse su confianza y mostrar buenas intenciones desde el principio.

2. Pregunta directamente por la raíz del miedo

Es necesario no andarse con rodeos y conocer cuál es la percepción que el niño o niña tiene acerca de lo que le da miedo. De esta manera sabremos establecer ciertas previsiones acerca del tipo de situaciones en las que este temor se expresará, y por otro lado sabremos si se basa en entidades imaginarias o si tiene una base mínimamente material. No es lo mismo no atreverse a ir a la escuela porque se cree que en el camino de ida vive un demonio, que tener miedo a perderse en los lugares oscuros.

3. No ridiculices sus temores

Desde la perspectiva de una persona adulta, es muy fácil asumir que los miedos irracionales de un niño o niña son tonterías, fruto de una mente todavía en desarrollo. Sin embargo, adoptar esa perspectiva es un grave error, ya que impedirá que conectemos con el punto de vista de la persona a la que queremos ayudar.

Así pues, cuando pidas información acerca de lo que ocurre, actúa tal y como lo haría una persona que no pone el foco de la cuestión en lo lógico o razonable de ese temor, sino en la importancia que las repercusiones emocionales de ese miedo tienen para el pequeño. Lo importante no es analizar crítica y racionalmente la cadena de pensamientos que sostienen el miedo, sino cómo desprenderse de ese miedo.

4. Sé un ejemplo

Esta es una manera de empezar a romper el temor. Demostrando que es posible vivir tranquilamente actuando como si la fuente de ese miedo no existiera, mostramos que no hay motivos para seguir pendientes de esa preocupación. Para ello, realiza actos que el niño o niña no se atrevería a realizar, en u compañía. Sin embargo, es preferible no hacerlo a forzar al menor a estar presente, porque el hecho de ser obligado o obligada a ello es en sí otra fuente de estrés.

5. Crea situaciones fáciles en las que romper con el miedo

Siguiendo una curva de dificultad ascendente, crea situaciones en las que haya una pizca de ese temor que el niño debe superar, y haz lo posible por que pase por ellas sin echarse para atrás para evitar ese malestar. Salir de su zona de confort de esa manera resultará gratificante, porque le mostrará que su mundo de posibles acciones es más amplio del que ese miedo le hacía ver en un principio. Poco a poco, reto tras reto, será más sencillo seguir progresando hasta que el temor prácticamente no exista. Sin embargo, procura estar siempre cerca para que la situación no se descontrole.