Las redes sociales son herramientas con un gran potencial para conectar con los demás y para difundir y recibir ideas, pero también tienen su lado negativo. Uno de ellos es la facilidad con la que nos “enganchamos” a ellas, dando lugar, incluso, a problemas de dependencia, prácticamente adicciones basadas en comportamientos repetitivos.

La población joven resulta especialmente vulnerable a este tipo de patrones de conducta, y es por eso que muchos padres y madres ven con preocupación que su hijo o hija dedica buena parte de las horas del día a centrar su atención en estas plataformas digitales. Por suerte, la Psicología da varias claves para ayudarles a superar esta especia de adicción.

¿Cómo actuar ante jóvenes que hacen un uso excesivo de las redes sociales?

Antes comentábamos que los jóvenes son más propensos a utilizar en exceso las redes sociales hasta el punto de dejar que estas absorban su atención. Esto se debe sobre todo a estos elementos que si bien no tienen por qué darse en todos ellos de manera individual, estadísticamente son características propias de la adolescencia y la post-adolescencia:

  • Les interesa más ganarse la aceptación y admiración de sus iguales.
  • Les interesa controlar la imagen que los demás tienen de uno mismo.
  • Quieren estar a la última y no quedarse rezagados con los temas y la estética dominantes.
  • Buena parte de sus formas de socializar ya se produce en Internet.
  • Son más vulnerables al malestar por falta de confianza en uno mismo, y en Internet pueden tener un “avatar”.

Tal y como hemos visto, por lo general la adolescencia se define entre otras cosas por fuerza aparentemente contrapuestas: las ganas de destacar y a la vez de encajar, el estrés de no revelar las inseguridades personales y a la vez la presión por tener presencia pública ante miles de internautas. Las redes sociales juegan con estas dinámicas creando tanto la promesa de incentivos ilusionantes (aceptación masiva) como el miedo a “quedarse fuera del juego”, lo que se conoce como síndrome FOMO (del inglés “fear of missing out”).

Por otro lado, si a esto le sumamos que las redes sociales aprovechan la información que sus millones de usuarios vuelcan en ellas para ofrecer una experiencia lo más personalizada y adictiva posible, el resultado es que muchos jóvenes prácticamente viven por y para estas plataformas.

¿Qué hacer ante esto, como padres, madres, tutores o educadores? Lo ideal es recurrir a la terapia infanto-juvenil si hemos detectado un caso de uso excesivo de redes sociales por parte de un adolescente, y si este problema se traduce en conflictos en la familia, la terapia familiar es otra opción a tener en cuenta. Sin embargo, más allá de eso hay varios consejos que pueden ayudar a que los jóvenes se “desenganchen”. Son los siguientes.

1. Establecer horarios y dar apoyo en su cumplimiento

Prohibirle totalmente en uso de las redes sociales a un adolescente es, en la mayoría de los casos, una mala idea: seguramente la mayor parte de su círculo de amigos utiliza esas plataformas habitualmente para comunicarse entre sí, para quedar, para hablar sobre experiencias en común, etc.

Por ello, seguramente terminará “saltándose” esa prohibición de alguna manera y no intentando ni siquiera dejar de utilizar excesivamente esas redes sociales, al ver como una imposición todo lo relacionado con ese empeño.

Lo mejor es establecer límites en la cantidad del tiempo que debería pasar usando las redes sociales, y verlo como un cambio cuantitativo, no cualitativo: podrá seguir haciendo todo lo que ya venía haciendo, solo que con más moderación.

2. Ayudarle a aprovechar el tiempo que gana

Para que se implique en este proceso, es importante ayudarle a poner el foco en lo positivo que consigue con ello.

La ventaja más visible de desengancharse de las redes sociales es disponer de más tiempo, así que haced cálculos juntos acerca de las horas que ganará limitando su utilización de estas plataformas, y planead un momento o dos a la semana que podrá dedicar a hacer algo que le gusta más allá de las pantallas (actividades con o sin tu participación).

Una vez hecho eso, proponle que se fije como objetivo disponer de esos momentos, poniéndolos físicamente en su horario; de este momento tendrá un recordatorio constante de cómo debe gestionar su tiempo, y aprenderá a valorarlo.

3. Ayudarle a detectar momentos en los que hace un uso innecesario del smartphone

El smartphone es un dispositivo electrónico que muchas veces simplemente utilizamos sin pensar en si realmente es necesario; lo usamos tan solo porque está siempre ahí, es accesible en cuestión de dos segundos y nos aporta estímulos con facilidad. Por eso, es una fuente de distracciones constantes, a pesar de que haríamos mejor en emplear ese tiempo de otras formas.

Por ello, reflexionad juntos acerca de cuáles son esos momentos del día en el que utiliza el smartphone incluso sin ganas. De este modo podréis prevenir esas situaciones y evitar que el móvil sea una tentación. Por ejemplo: ¿es realmente innecesario que use el teléfono como despertador, haciendo que dedique literalmente los primeros minutos del día a mirar una pantalla?

4. Dar ejemplo

Es muy importante predicar con el ejemplo y mostrarle que es perfectamente posible no estar siempre haciendo uso de las redes sociales.

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Referencias bibliográficas:

  • Karim, F.; Oyewande, A.A.; Abdalla, L.F.; Ehsanullah, R.C.; Khan, S. (2020). Social Media Use and Its Connection to Mental Health: A Systematic Review. Cureus, 12(6): e8627.
  • Pantic, I. (2014). Online Social Networking and Mental Health. Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, 17(10), 652 - 657.
  • Scott, H. y Clelland, H. (2019). Understanding Links Between Social Media Use, Sleep and Mental Health: Recent Progress and Current Challenges. Current Sleep Medicine Reports, 5(3), 141 - 149.