La razón de ser de la psicoterapia es, en parte, que algunos de los problemas que nos generan un sufrimiento excesivo e innecesario no están en lo que ocurre a nuestro alrededor, sino en cómo gestionamos nuestras emociones y prioridades. Esto significa que, muchas veces, el ser humano se convierte en su peor enemigo: desde dinámicas de autosabotaje que minan nuestra salud mental y física, hasta comportamientos aprendidos que nos arrastran hacia el aislamiento social y los conflictos.
Hoy hablaremos con una experta en ayudar a quienes sufren una de las formas más comunes que pueden adoptar esas dinámicas de autosabotaje: charlaremos sobre la Evitación Experiencial con la Psicóloga General Sanitaria Marta Lardín.
Entrevista a Marta Lardín: así funciona la Evitación Experiencial
Marta Lardín Sobrino es psicóloga cognitivo-conductual con mirada transdiagnóstica y enfoque basado en las terapias contextuales, especialmente la Terapia de Aceptación y Compromiso.
En esta entrevista con ella, hablamos sobre cómo la evitación puede pasar de ser algo completamente normal que la gente siente ante situaciones dolorosas, y pasa a convertirse en un problema cuando se extiende a muchas otras áreas de la vida.

Marta Lardín | Emocionales Consulta Psicología
Marta Lardín | Emocionales Consulta Psicología
Psicóloga General Sanitaria
¿Qué es la evitación experiencial y por qué es una reacción tan humana y comprensible frente al malestar?
La evitación experiencial es la tendencia a alejarse o suprimir emociones, pensamientos o sensaciones internas que consideramos desagradables. Es una reacción muy humana porque nuestro cerebro está diseñado para protegernos del dolor: tanto físico como emocional.
¿En qué momento este mecanismo psicológico defensivo, que parece ayudarnos, se convierte en una trampa que alimenta el sufrimiento?
En nuestra sociedad actual parece que estemos obligados a sentirnos bien y evitar el sufrimiento. Rechazamos la visión del mundo como “un valle de lágrimas” y queremos “estar chill” en todo momento. Esta tendencia puede acabar resultando una trampa ya que, si no estamos dispuestos a asumir un cierto grado de tensión o malestar interno, podemos acabar alejándonos de lo que valoramos.
Por ejemplo, alguien que evita hablar de un conflicto por miedo a sentirse vulnerable puede acabar alejándose de las personas que más quiere.
¿Cómo se manifiesta la evitación experiencial en problemáticas tan diversas?
La evitación experiencial no es en sí misma patológica. Lo es cuando acaba limitando lo que la persona quiere hacer en su vida al estar centrada en la reducción o control del malestar en lugar de en la consecución de sus metas.
En la ansiedad, por ejemplo, se expresa evitando lugares o situaciones que generan miedo. En la depresión, evitando actividades o decisiones que impliquen esfuerzo o riesgo emocional. En los trastornos alimentarios, puede verse en el intento de controlar el cuerpo para no contactar con inseguridades más profundas. Cada síntoma puede parecer distinto, pero comparten el mismo patrón: tratar de huir de una experiencia interna que resulta dolorosa.
¿Cómo se vincula la evitación experiencial con la procrastinación, o la tendencia al "ya lo haré mañana"? Especialmente cuando evitamos tareas que nos generan ansiedad o inseguridad.
Procrastinar es aplazar lo que nos incomoda. No porque no sepamos hacerlo, sino porque no queremos sentir la ansiedad, la duda o el esfuerzo que esa tarea nos genera. Así se convierte en una estrategia de alivio a corto plazo y una forma muy habitual de evitación experiencial. Recordemos que el cerebro busca alivio rápido, y aplazar la tarea lo proporciona… pero solo por un rato. Con el tiempo, la culpa y la autoexigencia aumentan, reforzando el ciclo de malestar.
Como terapeuta, ¿consideras que es importante abordar esta conducta desde una mirada transdiagnóstica y no solo sintomática?
Totalmente. La evitación experiencial no pertenece a un diagnóstico concreto: es una estrategia de afrontamiento de distintos problemas personales. Recordemos que llega a resultar problemática cuando la persona la aplica de forma generalizada y, consecuentemente, vive una vida muy limitada.
Por su parte, el modelo transdiagnóstico, propone centrarse en los mecanismos psicológicos comunes a distintos trastornos, en lugar de en las etiquetas diagnósticas. Algunos de estos procesos son: la rumiación o pensamientos en bucle, la autocrítica, el déficit de regulación emocional, los patrones de pensamiento crítico o la evitación experiencial, entre otros.
La mirada transdiagnóstica es importante porque ayuda a la persona a comprender sus emociones y cómo se relaciona con ellas a través de su pensamiento y su conducta. Esa comprensión repercute además en otras áreas de su vida y no solo en el motivo inicial de consulta, lo que le convierte en un tratamiento altamente efectivo y práctico.
Desde el enfoque de ACT, ¿cómo se trabaja con las experiencias que las personas suelen evitar?
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es una forma de psicoterapia que no intenta eliminar el malestar, sino cambiar la manera en que te relacionas con él. Suena raro al principio, porque estamos acostumbrados a pensar que “sentirse bien” significa no tener emociones difíciles. Pero ACT parte de otra idea: “Sufrimos menos cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos”.
¿Cómo ayuda el concepto de “aceptación” a romper con el ciclo de evitación sin caer en resignación o pasividad?
La aceptación ayuda a romper el ciclo de evitación porque reduce la lucha interna que amplifica el problema y desactiva el miedo al malestar. Con ello libera a la persona. Es importante entender que, la aceptación, nunca va sola. En ACT siempre va unida a los Valores (qué tipo de persona quiero ser aquí) y a la Acción comprometida (qué conducta pequeña, realista y elegible puedo hacer). Por ejemplo:
- Aceptación: “Estoy sintiendo miedo y tensión”.
- Valor: “Cuidar mi autonomía”.
- Acción: “Enviar el mensaje aunque me tiemblen las manos”.
Sin valores, la aceptación puede parecer resignación. Sin embargo, sin aceptación, la acción queda secuestrada por el malestar. Finalmente la combinación de ambas es lo que rompe el ciclo.
¿Qué mensaje darías a quienes se sienten frustrados por procrastinar, pero no ven claramente qué están evitando emocionalmente?
Si procrastinas y no sabes muy bien qué estás evitando, el mensaje sería este: no es falta de voluntad ni pereza. Muchas veces procrastinamos porque la tarea activa emociones incómodas —duda, miedo a fallar, autoexigencia, aburrimiento— que pasan desapercibidas, pero pesan.
En lugar de buscar “la emoción exacta”, puede ser más útil preguntarte: ¿qué se vuelve incómodo si empiezo? y dar un paso pequeño aun con esa incomodidad. La claridad suele llegar después de empezar, no antes. Procrastinar no dice algo malo de ti; suele decir que hay algo difícil intentando protegerse.


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