¿Santo o cismático? Esta es la gran pregunta que la historia, y la misma Iglesia, se hace sobre esta interesante figura histórica: Lucifer de Cagliari. En efecto; considerado santo por algunos sectores por su obcecación en defender la ortodoxia cristiana, y precisamente condenado por esta misma inflexibilidad por otros pensadores. La polémica en torno a este eclesiástico del siglo IV siempre es candente. Hoy te contamos quién fue Lucifer de Cagliari, el obispo cristiano radical que fundó su propia secta.
Breve biografía de Lucifer de Cagliari, el obispo radical que fundó una secta
Lo primero que puede sorprendernos sobre este personaje es su nombre. No es para menos, ya que, en nuestra cultura, Lucifer es una nomenclatura asociada al demonio.
Sin embargo, en los primeros siglos del cristianismo esto no era así. De hecho, Lucifer era un nombre bastante común y muy del agrado de los cristianos, puesto que etimológicamente significa portador de luz. Según la tradición, era el nombre original del ángel caído que se rebeló contra Dios y, más tarde, se convirtió en el demonio que todos conocemos.
Lucifer de Cagliari vivió en el siglo IV, una época efervescente en la que el cristianismo construía lentamente sus fundamentos y su idiosincrasia. No fue un camino fácil, porque, a pesar de que todas las corrientes cristianas de la época se centraban en la figura de Cristo, existían ciertas discrepancias teóricas que llevaron a convocar el famoso Concilio de Nicea (325), en el que se estableció la ortodoxia cristiana y que sigue más o menos vigente en el catolicismo actual.
Es importantísimo conocer este contexto para entender por qué Lucifer de Cagliari resultó tan sumamente polémico y cuál fue el motivo de que, alejado de la Iglesia, fundara él mismo su propia ‘secta’ en Cerdeña.
Hacia la ortodoxia cristiana
En el siglo IV hacía casi cuatro siglos que Jesús había muerto. Desde entonces, los cristianos habían proliferado en el mundo romano, tanto occidental como oriental, hasta el punto de que el emperador Teodosio oficializó el cristianismo en 380, mediante el Edicto de Tesalónica. Constantino ya había decretado la tolerancia religiosa unos años antes, en el Edicto de Milán (313).
El Edicto de Tesalónica fue muy importante, porque estableció lo que era el cristianismo oficial y quiénes eran sus disidentes. Ya en 325, el Concilio de Nicea había decretado los preceptos oficiales del cristianismo, lo que consolidó el concepto de herejía para todos aquellos cristianos que seguían otras tendencias, como el arrianismo.
¿Qué era el arrianismo? Los arrianos fueron un grupo de cristianos muy abundante en los primeros siglos de nuestra era, que supusieron un auténtico dolor de cabeza para los dirigentes ortodoxos, como, por ejemplo, Lucifer de Cagliari. El arrianismo consideraba que Cristo no era consustancial al Padre, porque había sido creado por este. Este concepto era un desafío a la Trinidad y, por tanto, a la ortodoxia religiosa.
La política de la Iglesia oficial con los arrianos osciló entre la persecución violenta y los intentos de diálogo. Y fue precisamente este último caso el que no toleró nuestro personaje, hasta el punto de que fundó su propia secta de radicales ortodoxos en Cerdeña.
‘Instrumento del diablo’
El primer dato fehaciente que conocemos de Lucifer de Cagliari está fechado en 355, cuando el papa Liberio lo envía al Concilio de Milán para defender a San Atanasio. Lucifer era un reconocido obispo que abogaba por la intolerancia absoluta hacia los cristianos que estaban fuera de la ortodoxia de Nicea, incluso hacia aquellos que mostraran su arrepentimiento y solicitaran su admisión en la Iglesia oficial.
Su radicalismo chocó abiertamente con el mismísimo emperador, Constancio II, a quien Lucifer llegó a llamar ‘instrumento del diablo’ y ‘precursor del Anticristo’ por su, según él, excesiva blandura hacia las herejías, especialmente hacia los arrianos. Los escritos de Lucifer de Cagliari, escritos en un latín popular y muy agresivo, demuestran sus ideas extremas y su carácter belicoso.
Constancio II lo desterró, primero a Siria y más tarde a Egipto, desde donde Lucifer siguió arremetiendo contra él, contra los arrianos y contra el mismísimo papa Liberio. Su actitud era tan sumamente cismática que a este episodio se le ha denominado el Cisma Luciferino. De hecho, el obispo llegó a fundar su propia secta, totalmente escindida de la Iglesia oficial y en la que enseñaba que la tolerancia a las herejías (y, especialmente, a los arrianos) era un insulto a la religión.
¿Santo o demonio?
Hasta su muerte, acaecida en el año 370, Lucifer de Cagliari fue un espinoso problema para el emperador y los dirigentes de la Iglesia. La política que siguió Constancio II fue de acercamiento a los arrianos arrepentidos y que deseaban ser admitidos en el seno de la ortodoxia. Sin embargo, el extremismo de Lucifer era tal que no contemplaba ni siquiera la admisión de los herejes convertidos, porque consideraba que ‘manchaban’ la pureza de la Iglesia.
La pequeña secta que fundó no fue a más. Sin embargo, cuando en el siglo XVII se encontraron los restos del obispo cerca de la basílica de San Saturnino, en Cagliari (Cerdeña), su nombre volvió a ser popular. Considerado santo en algunas tradiciones cristianas, especialmente del sur de Italia (donde tuvo a sus seguidores), Lucifer no se encuentra sin embargo en el santoral de la Iglesia Católica. De hecho, la polémica alrededor de su figura continuó una vez muerto, divididas las opiniones sobre si su radicalidad era fruto de la santidad o de la ofuscación.
Por ejemplo, San Jerónimo dijo de él que, en una época en que muchos obispos cedían al arrianismo, Lucifer hizo honor a su nombre y aportó una ‘luz que nunca se apagó’. Y en Cerdeña, donde sus restos emergieron hace cuatro siglos, existe cierta veneración a su persona. Pero siempre queda pendiente la eterna cuestión: ¿fue Lucifer de Cagliari un santo o un demonio?


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