Explicando de manera sencilla un proceso emocional muy complicado.

El tipo de tristeza, añoranza e incluso desesperación que sentimos al perder a algo o a alguien a quien nos sentíamos unidos tiene un nombre en el ámbito de la psicología: duelo.

De hecho, el duelo es uno de los procesos psicológicos más dolorosos que existen, y en ocasiones puede hacer que seamos incapaces de disfrutar de la vida. Eso sí, la asistencia psicológica a traés de la terapia con psicólogos puede ayudarnos a superar ese malestar y a aceptar que hay ciertos momentos que ya no volverán y que eso es natural.

Precisamente esta experiencia adquirida en psicoterapia hace que los psicólogos tengan una perspectiva única acerca de lo que es el duelo y cómo lo podemos gestionar emocionalmente. Por eso, en esta ocasión entrevistamos a una especialista en la materia: Laura Palomares, de Avance Psicólogos, que trabaja en terapia de duelo.

Laura Palomares: el punto de vista de una experta en duelo

Hablamos con Laura Palomares Pérez, psicóloga experta en duelos y en vínculos emocionales y Directora del centro de psicología madrileño Avance Psicólogos, para que nos hable sobre el duelo, tanto en lo relativo al dolor que provoca como en lo relativo a cómo se trabaja en psicoterapia para superarlo.

Normalmente se entiende que el duelo es algo que surge al perder a alguien querido, por ruptura de pareja o muerte. Sin embargo, hay otras causas, ¿verdad? ¿Qué es lo que define al duelo?

El duelo es un estado de recuperación y readaptación después de una pérdida. Por este motivo no debemos considerar el duelo una enfermedad, sino un proceso normal de reequilibrio con diferentes fases, que va a ayudarnos a recuperar poco a poco la normalidad.

La pérdida puede ser por ruptura de una relación o por muerte de un ser querido, pero efectivamente puede deberse a la pérdida de un trabajo, de una casa, a un cambio drástico de vida, a la pérdida de una mascota, la amputación de un miembro, etc.

El proceso de duelo va a ser diferente en función de lo importante que para nosotros sea la pérdida, ya sea un ser querido o un acontecimiento que provoca un cambio vital.

El duelo es hasta cierto punto un fenómeno psicológico normal cuando aparece tras perder a alguien o a algo que era importante para nosotros. ¿A partir de qué punto se entiende que es motivo para asistir a psicoterapia?

El proceso de duelo conlleva una serie de fases que es importante respetar. Decimos que un duelo es patológico o no resuelto, cuando se da un bloqueo en cualquiera de ellas.

Si nos hemos instalado en la tristeza o en la rabia, no encontramos sentido a nuestras vidas, no terminamos de creer lo ocurrido o recreamos la pérdida con la misma intensidad emocional que cuando ocurrió, si notamos que desde entonces han aparecido miedos nuevos como a la muerte o a las enfermedades, fobias, crisis de ansiedad o pánico, etc., eso motivo para asistir a psicoterapia.

Alteraciones del sueño o de la alimentación, pensamientos obsesivos o catastrofistas o conductas compulsivas, son otras señales que han de atenderse.

También denotan que hay un duelo sin resolver conductas como mantener todos los objetos personales como las dejó el ser querido, hablar de él en presente o no hablar de él en absoluto.

¿Cuáles son los fundamentos de la terapia psicológica aplicada al sufrimiento por duelo?

La terapia psicológica parte del conocimiento de que expresar las emociones de angustia y dolor sin miedo al juicio es determinante para la superación del duelo.

En Avance Psicólogos trabajamos desde diferentes corrientes de la psicología, aprovechando cada una de sus técnicas. De este modo, la psicología humanista consigue profundizar en lo emocional y hacerlo emerger, con diferentes técnicas como el role playing, la silla vacía, la evocación de recuerdos a través de fotografías y objetos, etc.

Se trata de ahondar en los sentimientos y en favorecer la resolución de emociones ambivalentes, de culpa, enfado, situaciones sin resolver, etc., con el objetivo de prepararse para la despedida, lo cual no significa el olvido del ser querido u objeto del duelo, sino de encontrar un nuevo lugar para éste en nuestro imaginario emocional.

Por otro lado, la psicología cognitivo conductual ayuda a reestructurar a nivel de pensamiento y de conducta la nueva situación ante la pérdida, favoreciendo la aplicación de recursos para ir asumiendo y afrontando la nueva realidad ante la pérdida.

La aplicación de las Terapias de Tercera Generación, en especial la Terapia de Aceptación y Compromiso, se centra en la aceptación de la pérdida sin olvidar el contexto y valores de la persona, fundamentales para que el duelo fluya de modo natural y acorde a las diferencias individuales y necesidades concretas de cada persona.

Por vuestra experiencia en Avance Psicólogos, ¿cuáles son las estrategias que debe seguir un terapeuta para adaptarse a este motivo de consulta por parte de un paciente?

El profundo respeto al dolor de la persona que llega a consulta, desde una actitud de acompañamiento absoluto e incondicional, es fundamental en el modo de estar y sentir la relación con el paciente del terapeuta. Sin esto no hay terapia. La relación terapéutica debe sentirse como un espacio extremadamente seguro, en el que no caben el juicio, ni las prisas.

A partir de ahí, el terapeuta centra su atención en apoyar y acompañar para facilitar la aceptación y reconocimiento de la pérdida, para expresar las emociones y sentimientos que devienen de ella, para afrontar de manera práctica la nueva situación vital y realidad ante la pérdida y finalmente, para acompañar en la despedida con un nuevo sentido de vida.

¿De qué manera se da la recuperación y la vuelta a la normalidad? ¿Cuánto tiempo se suele tardar para superar el duelo?

La recuperación se da con el cierre y superación de cada una de sus fases, respetando los tiempos de cada persona y asegurándonos de que las va resolviendo.

Las fases del duelo son la de negación, es decir, no aceptar o asumir la falta del ser querido que suele darse al principio, en el momento del shock; la fase de enfado, que consiste en sentimientos de rabia e ira muchas veces contra el mundo, con la necesidad de buscar culpables, a veces también de rabia contra uno mismo, e incluso el enfado soterrado con la persona a la que se ha perdido, al sentirnos “abandonados” por ella; la fase de tristeza, que va acompañada de sentimientos de pérdida del sentido de la vida pero que empieza a ser una preparación para la despedida y para alcanzar la última fase de aceptación, con la que finalmente se llega al sosiego.

Estas fases no siempre se dan en orden y suelen mezclarse, y se van dando hasta su resolución de manera natural si son respetadas y trabajadas adecuadamente durante la terapia. La fase de aceptación deviene de permitirse las anteriores, sobre todo el dolor y la tristeza, aunque muy a menudo la persona que está haciendo un duelo se siente forzada a recuperarse por los que le rodean. Expresiones como “tienes que ser fuerte”, “ya deberías estar mejor”, no hacen sino entorpecer el proceso de duelo y aumentar la angustia.

En cuanto al tiempo del proceso de duelo, suele depender fundamentalmente del nivel de profundidad e intensidad del vínculo, los rasgos individuales de personalidad, el apoyo del entorno con el que cuenta la persona, etc. Establecer un tiempo aproximado no es fácil. Es importante tener en cuenta además que, si la pérdida es repentina, el duelo lleva más tiempo y corre más riesgo de cronificarse.

Para terminar… ¿podrías explicarnos por encima algún caso de paciente por duelo cuya recuperación os haga sentir especialmente satisfechos?

Se me ocurren varios, de los que guardo un grato recuerdo y un especial cariño, pero os hablaré de dos.

Una vez acudió a consulta R., una mujer de 28 años, divertida y vital pero que se quejaba de llevar meses con ansiedad y fuertes dolores de espalda que no respondían a ninguna causa física. Al ahondar durante las primeras sesiones de evaluación, reconocimos R y yo, el profundo dolor que aún sentía por la muerte de su padre, sucedida hacía ya 8 años, de manera repentina por un infarto. Su emoción al hablar de ello era como si acabara de ocurrir, y su llanto era desesperado.

En el momento en el que nos pusimos a trabajar su duelo, atendiendo también a las evitaciones que desde entonces venía dando en su entorno, sus síntomas físicos fueron desapareciendo, dejó de sufrir dolores de espalda, la ansiedad fue remitiendo y lo mejor es que la relación con su madre y su pareja mejoró significativamente.

Recuerdo un caso reciente, el de A., un hombre de 36 años que prácticamente tiene el alta y solo acude a sesiones de seguimiento cada dos meses en el momento actual. Nos llamó la atención a A. y a mí que volviera a sentir una intensa ansiedad, con dificultades serias para dormir y una profunda tristeza. Me habló de la tremenda frustración que sentía por haber tenido que vender su casa de la playa.

Esa casa era para él un refugio, significaba mucho más que una propiedad material; para A. esa casa simbolizaba un lugar seguro, que le proporcionaba el descanso y la posibilidad de recuperarse del cansancio al que se veía sometido a lo largo del resto del año, debido a la intensidad de su trabajo.

Una vez entendimos que se encontraba en pleno duelo, pudimos trabajarlo e incluso formalizar una despedida del lugar, la casa, el barrio, etc., con el propósito de encontrar una manera alternativa de pasar las vacaciones y desconectar, en la misma ciudad en la que tanto le gustaba disfrutar de sus vacaciones.

Los momentos de duelo, sobre todo cuando se deben a la pérdida de un ser querido, son los más duros y difíciles en la vida de una persona. Pero también sabemos que si son encauzados de forma natural hacía su superación, son momentos de profunda transformación que conlleva muchos aspectos positivos. La persona se hace más consciente de disfrutar el presente, desarrolla la resiliencia, aprende a relativizar e incluso pierde miedos.