¿En qué pensamos todos tras las tradicionales doce uvas? Año nuevo… vida nueva. Y esa vida nueva la llenamos cada 365 días de nuevos propósitos y otros que vamos renovando tras las campanadas como una tradición más. ¿Cuántas veces nos hemos planteado mejorar la figura? ¿Cuántas cambiar de hábitos o adquirir otros nuevos más “recomendables”?

Pero no todos consisten en sacrificios; también están aquellos que plantean llevar a cabo ese “caprichito” que por unas circunstancias u otras no acabamos de concedernos: hacer un viaje, cambiar de tele por “una de esas planas”, arreglar la cocina… Son propósitos que como tales se plantean porque surgen de una necesidad, pero que en muchas ocasiones por autoconvencimiento de que no es el momento los acabamos postergando.

¿Por qué no plantearnos para este 2015 hacerlos por fin realidad? Ese debe ser nuestro propósito principal. ¿Qué hay cuestiones económicas de por medio? No caigamos en ese autoconvencimiento del que hablamos, la cuestión es si nos merecemos darnos ese “caprichito”, y después de 365 días de duro trabajo la respuesta debería ser un sí.

“No todos los propósitos deben ir encaminados hacia el sacrificio. Los “caprichitos” también deben forman parte de los planteamientos anuales”

¿Que las Navidades han esquilmado todo rastro de euros en tu cuenta? Plantea ese desembolso para un periodo a medio plazo: para el parón de verano por ejemplo, el mejor momento para meterse en obras o abordar unas vacaciones, con seis meses de por medio para planificarlo todo o acude a soluciones express como los préstamos de dinero online: te permitirán disponer de liquidez para abordar ese proyecto que te mereces sin más demora y sin complejas cláusulas ni excesivos intereses que frenen tu decisión de cumplir el ilusionante propósito.

Propósitos que nunca cambian

Por otra parte volviendo a los propósitos “clásicos”, que tampoco te supongan una tortura si no quieres repetir fórmula en 2016 ¿Quieres apuntarte al gimnasio pero te da alergia el chandal? Prueba inicialmente con fórmulas más sencillas y que no te comprometan de antemano como ir a correr al parque. Busca pequeños detalles que te motiven como ir conjuntamente con un amigo al que apenas tienes tiempo de ver entre semana o aprovecha las rebajas para adquirir esa equipación deportiva que tanto te entró por los ojos pero nunca pensaste en darle utilidad.

¿Crees que dejar de fumar es una utopía? ¿Por qué no combinarlo con otro propósito que te sirva como recompensa? Prueba a, mediante una hucha, depositar el gasto diario que te supondría continuar con este vicio, y no inviertas ese dinero en la matrícula de un gimnasio, sino en ese viaje que siempre quisiste. De esta forma la motivación es doble: mejorar en salud y cumplir ese objetivo aparcado de viajar.

En definitiva, de lo que se trata es de evitar la acumulación de proyectos año tras año, pero sobre todo que estos no supongan un esfuerzo más a añadir a la ya dura cuesta de enero, de febrero, marzo etc. Está claro que la fuerza de voluntad es clave, pero también lo es disfrutar de lo que hacemos. Y tú ¿Qué propósito vas a cumplir sí o sí este año?