Un ejemplo de diversas subespecies: oso Grizzly (izquierda) y oso Kodiak (derecha). Fuente: Wikimedia Commons

La palabra subespecie es una categoría taxonómica que, en base a su nombre, se entiende que está por debajo de la especie.

Aunque puede parecer un taxon relativamente fácil de comprender, realmente es algo bastante complejo, tanto que incluso se confunde con otras etiquetas usadas en zoología, concretamente raza y variedad.

¿Hay diferencias entre estas tres palabras? ¿Hay subespecies en la especie humana? ¿Por qué tanta controversia? Todas estas preguntas las vamos a responder a continuación.

¿Qué es una subespecie?

A grandes rasgos, una subespecie es una categoría taxonómica que hace referencia a cada uno de los grupos en los que se encuentra una especie. Estos grupos, además de poseer las características propias de la especie en la que se encuentran, tienen caracteres morfológicos especiales que los hacen diferentes los unos de los otros.

El término subespecie es un tanto controverso y resulta difícil comprenderlo sin entender antes que son los conceptos de “raza” y “variedad” en zoología, términos los cuales, a veces, se usan como sinónimos de “subespecie” de forma inadecuada. Desde el punto de vista estrictamente sistemático, este taxón se encontraría a medio camino entre especie y raza zoológica o variedad botánica.

En taxonomía, para referirse a una subespecie se usa la nomenclatura trinominal, es decir, formada por tres palabras. La primera, que es la genérica, hace referencia al género taxonómico. La segunda, la específica, hace referencia a la especie. Y la tercera, la subespecífica, hace referencia a la subespecie en cuestión.

Por ejemplo, los perros son una subespecie, denominada Canis lupus familiaris. Canis lupus es la especie, en la que se engloban tanto perros como lobos, siendo el “familiaris” lo que se refiere al perro doméstico. Si dijéramos Canis lupus lupus nos referiríamos al lobo gris, el lobo más común.

¿Qué son las razas y las variedades?

Como hemos comentado, antes de entrar en más profundidad sobre lo que es una subespecie es necesario comprender las diferencias entre raza y variedad, dado que estos tres conceptos son muy confundidos, además de ser controversiales.

Lo que sin duda tienen en común es que designan a algún tipo de población animal, siempre dentro de una especie y que se distingue del resto de sus congéneros por algún rasgo morfológico visible.

Raza

Las razas son grupos en los que se subdividen las especies, teniéndose en cuenta sus rasgos fenotípicos, es decir, los que son externos. Los seres vivos tenemos un genotipo, que es el conjunto de instrucciones y códigos genéticos que se almacenan en nuestro ADN, y un fenotipo, que es la parte del genotipo que se llega a manifestar de forma externa. Ambos son heredables.

Las razas son una realidad biológica, pero no son categorías taxonómicas usadas en zoología. Es decir, científicamente hablando no se puede designar a un grupo de individuos usando la etiqueta de la raza, aunque sí tienen valor descriptivo.

En la actualidad, sin salirse del campo de la zoología aplicada a animales no humanos, el término “raza” se usa exclusivamente para animales domésticos, motivo por el cual hablamos de razas de vacas, razas de ovejas o razas de perros, pero no razas de leones, razas de águilas o razas de ballenas.

Como se usa para referirse a especies domésticas su uso suele estar relacionado con animales que han sido seleccionados artificialmente, es decir, sus características físicas son el resultado de la intervención humana. Por ejemplo, la vaca frisona tiene grandes ubres o las ovejas tienen mucha lana gracias a que los granjeros han ido seleccionando y permitiendo que se reprodujeran las que reunían esas características. Lo mismo sucede con los perros de caza y los caballos de carreras.

De todo esto se extrae que las razas implican rasgos físicos visibles. Cada raza tiene un tamaño, figura, color de vello, forma de extremidades, altura y otros aspectos llamativos, que las diferencian de las demás. Esto es fácil de ver comparando un chihuahua con un gran danés que, pese a ser ambos de la misma especie, tienen rasgos bien diferentes. Pero, por muy diferentes que sean estas razas de perro, de ser cruzadas, darán descendencia fértil. Todos ellos comparten un mismo perfil genético o filogenia.

Variedad

El término variedad es muy vago, y suele usarse como sinónimo de raza pese a no serlo. Al igual que sucede con raza, no constituye ninguna categoría taxonómica en zoología, pero sí en botánica. En el mundo vegetal la palabra “variedad” hace referencia a una categoría taxonómica por debajo de “subespecie” y por encima de “forma”.

Hasta 1961 variedad era usada en el mundo de la zoología con el mismo sentido que subespecie. Sin embargo, fue a partir de ese año que la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICZN) solo usaría la categoría “subespecie” por debajo de “especie” y ninguna más.

En la actualidad y, pese a que ya no es un taxón zoológico, la palabra variedad es usada en zoología para indicar a una población de individuos de una especie que se diferencia del resto de congéneres en un único rasgo morfológico. Esto es una diferencia con respecto a raza, dado que las razas implican varios rasgos morfológicos.

Si el término “raza” se suele usar mayormente para animales domésticos, la palabra “variedad” se usa para la fauna salvaje y plantas. Pese a esto, ambos términos destacan la idea de que las diferentes poblaciones, sean razas sean variedades, siempre van a mantener el mismo perfil genético que su población de referencia, esto es, la especie en su conjunto o la subespecie de la que se extraiga.

Un caso de variedad lo tenemos en el caso de la pantera negra. La pantera negra no es una especie ni subespecie por sí sola, sino que es una variedad del leopardo, solo que presenta melanismo, condición biológica que hace que tenga un tono de piel excesivamente pigmentado. Panteras y leopardos forman parte de la especie Panthera pardus. Las panteras y los leopardos son, morfológicamente hablando, idénticos salvo por el hecho de que las primeras son totalmente negras.

Subespecies y taxonomía: yendo al fondo de la cuestión

Entendidas las ideas de lo que son la raza y la variedad entramos con más detalle sobre la subespecie, y por qué este término es controvertido. Esto no es de extrañar, dado que su categoría inmediatamente por encima de ella, la especie, es un término muy discutido. Si ya es difícil establecer dónde empieza y dónde acaba una especie, esta misma cuestión con la subespecie se hace más complicada. Igualmente, a diferencia de variedad y raza, la subespecie sí es una categoría taxonómica, como especie, reino, familia o clase.

Como ya íbamos comentando al principio, una subespecie es un grupo de individuos de una especie que, además de compartir las características propias de la misma, tienen en común otros caracteres morfológicos que los distinguen de las demás subespecies o de la población nominal. En base a esta definición, puede parecer que subespecie y raza son lo mismo, pero esto no es así. Su diferencia fundamental es que en la raza se mantiene la unidad genética fundamental de la especie, mientras que en la subespecie se constituyen líneas genéticas distintas.

Se podría decir que las subespecies son el paso previo para la formación de una nueva especie, siempre y cuando se den las condiciones adecuadas. Normalmente, en estado salvaje, las subespecies de una misma especie no comparten territorio ni se solapan entre sí, con lo cual no se cruzan, haciendo que evolucionen de forma separada hasta llegar un punto en el que no pueden cruzarse y tener descendencia híbrida fértil, considerado esto como la línea que demuestra que ya no forman parte de una misma especie.

¿Todas las especies tienen subespecies?

No todas las especies tienen subespecies. Existen especies, llamadas monotípicas, que no presentan subespecies. Es decir, sí que pueden tener razas o variedades pero, como hemos dicho antes, todos los individuos de esa especie, más allá de presentar una o varias diferencias morfológicas, provienen de una misma línea genética. Un ejemplo de ello lo tendríamos con el caso del guacamayo jacinto (Anodorhynchus hyacinthinus).

En cambio, las especies que sí tienen subespecies son denominadas politípicas. Estas sí tienen poblaciones con rasgos morfológicos diferentes y provenientes de diferentes líneas genéticas. Dentro de estas especies se conoce como población nominotípica a la primera población de esa especie que fue descrita, usualmente siendo la que da nombre a la especie en su conjunto.

Algunos ejemplos de especies politípicas la tenemos en el Canis lupus, habiendo Canis lupus familiaris y Canis lupus lupus, o la Panthera tigris (tigre), habiendo Panthera tigris tigris y Panthera tigris sondaica.

La polémica con el término subespecie

La polémica del término subespecie lo tenemos en el hecho de que, pese a ser una categoría taxonómica, la forma en la que se decidía que era una subespecie y qué podría ser considerado como una raza o variedad era muy poco objetiva.

Si bien en la actualidad se ha hecho hincapié en estudiar el perfil genético de las poblaciones, hasta hacía poco la forma en cómo se decidía si una era una subespecie o no era, básicamente, ver cómo de diferentes eran sus rasgos con respecto a la población nominotípica.

Solía ocurrir que aquel que había “descubierto” la subespecie era quien había hecho la descripción y resaltado, sin dejar de lado la subjetividad, rasgos que consideraban como indicadores suficientes de que se trataba de una población muy diferente a la que anteriormente se hubiera descubierto.

Hay muchos casos de esto. Por ejemplo, en el caso de la Panthera tigris, hasta 2017 se consideraba que había hasta 9 subespecies de este gran felino. No obstante, ese mismo año, y basándose en el perfil genético, se estableció que, en realidad, habían solo las dos que hemos comentado antes: Panthera tigris tigris y Panthera tigris sondaica. El resto de antiguas subespecies se pueden englobar en una de estas dos subespecies actuales, siendo variedades.

¿Qué sucede con el ser humano?

Gracias a las excavaciones paleoantropológicas se han ido encontrando restos de homínidos, los cuales han permitido comprender de dónde venimos los seres humanos actuales. Estos descubrimientos han permitido ir dibujando el árbol evolutivo de los humanos, pero también han despertado incógnitas y controversia.

Hasta hacía relativamente poco se consideraba que los humanos actuales no contamos con subespecies. El motivo por el cual llegamos a tener nombre trinominal, Homo sapiens sapiens, fue el descubrimiento de los neandertales, a quienes se les consideró una subespecie dentro del Homo sapiens.

Sin embargo, con el paso del tiempo se descartó la idea de que los neandertales fueran sapiens, aunque sí que es cierto que podían cruzarse con los primeros de nuestra especie y tener descendencia fértil. Esto es motivo de verdadero debate, dado que si eran una especie diferente a la nuestra, ¿cómo era posible que se pudieran cruzar con nosotros? En teoría, dos especies son diferentes si su descendencia no suele ser fértil o capaz de sobrevivir hasta la madurez sexual.

Pese a que los neandertales ya no son considerados Homo sapiens, en los años noventa se descubrieron restos óseos de lo que, a día de hoy, se sigue considerando una subespecie humana: el Homo sapiens idaltu. De ser verdaderamente una subespecie y no una raza humana con variedad humana, se tendría que renombrar a lnuestro linaje Homo sapiens sapiens.

Pero todo esto no es lo que genera la peor controversia en el caso del estudio científico de la especie humana. Lo que genera verdadera polémica es el hablar de si los seres humanos estamos subdivididos en razas en la actualidad.

Está claro que los seres humanos no somos homogéneos físicamente hablando. Si pensamos en una persona de raza africana se nos viene a la cabeza una persona con una piel oscura, labios gruesos y pelo muy rizado. Si, en cambio, nos tratamos de imaginar a una persona de raza asiática pensamos en alguien con la piel más pálida, ojos rasgados y pelo oscuro y lacio. En el caso de una persona blanca del norte de Europa pensamos en alguien con la piel muy pálida, cabello rubio y ojos azules.

Todas estas descripciones son muy genéricas y, claramente, dentro de una misma raza hay diversidad de rasgos morfológicos. No obstante, queda claro que las razas, en su definición tradicional, existen como categorías para describir rasgos físicos. No sabemos cuántas hay y tampoco podemos decir dónde “empieza” una y dónde “acaba” otra, además de que existe el mestizaje y si dos personas de razas diferentes tienen un hijo estéril, lo más probable es que sea por problemas médicos no relacionados con las razas de sus padres. Por muchas razas que haya hay unidad en el linaje genético en los seres humanos modernos.

Pese a todo esto, no son pocas las personas quienes consideran que la aceptación de esto es racista y que, realmente, no hay razas dentro de la especie humana. El motivo de esto está en la historia del estudio científico de las razas, iniciado en el siglo XIX y que implicó catastróficas consecuencias a nivel social, siendo motivo segregación racial, eugenesia y genocidios, aunque cabe destacar que el racismo no fue “inventado” en ese siglo.

El estudio científico de las razas

Uno de los antecedentes más importantes del estudio científico de las razas lo tenemos en El Origen de las Especies de Charles Darwin. La publicación de este libro coincidió con la Segunda Revolución Industrial en Europa y Norteamérica.

Los países anglosajones y germánicos alcanzaron grandes niveles de desarrollo económico, cultural y social, cambiando su forma de ver el mundo y considerándose pueblos superiores. Los países blancos se propusieron “civilizar” a los demás y en el derecho de explotarlos. Es el surgimiento del darwinismo social.

Detrás de estas ideas se justificó la colonización de África, continente que las potencias europeas se repartieron como un pastel. Más tarde, motivaría la creación de leyes segregadoras en Estados Unidos y la aplicación del Apartheid en Sudáfrica, junto con la puesta en marcha del Holocausto en Alemania Nazi.

Afortunadamente, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la población de los países occidentales fue adquiriendo, muy poco a poco, una mayor sensibilidad hacia las injusticias raciales. Esto motivó que el estudio científico de las razas entrara en declive en la década de los cincuenta, lo cual fue positivo para ir acabando con las ideas darwinistas sociales, pero a su vez produciéndose el efecto radicalmente opuesto y separado de las evidencias biológicos: no existen razas humanas.

Aspectos biológicos vs constructos socioculturales

La nueva visión sostenía que en vez de usar la palabra “raza” se debía optar por el término “etnia”. El primero hace referencia a una realidad biológica, mientras que el segundo hace referencia a un aspecto sociocultural, algo que depende de la identidad e historia personal de cada uno.

La etnia, realmente, no hace referencia al tono de piel o rasgos físicos, sino a la lengua, cultura, religión, tradiciones, vestimenta e identidad del individuo.

Por ejemplo, una persona de raza africana que ha sido adoptada por padres suecos, que habla sueco, que se siente sueca, que viste de forma occidental, es luterana y se llama Anette Bergquist es, sin lugar a dudas, una persona de etnia sueca. Ser de raza africana no le impide ser sueca, y su etnia sueca no la hace ni más ni menos de raza negra. Ambas realidades son perfectamente combinables y nadie le puede decir que es menos de cada cosa.

Esta misma idea se puede extrapolar al sexo biológico y la identidad de género. El sexo es biológico, determinado por los cromosomas X e Y. Una persona con cromosomas XX es de sexo femenino, mientras que una persona con cromosomas XY es de sexo masculino. El género, en cambio, es un constructo sociocultural, y depende de la identidad de cada uno. Ser mujer, hombre o de un género no binario no es algo determinado por el sexo, aunque culturalmente predomine el binomio hombre-masculino y mujer-femenina.

Una mujer transgénero es una persona cuyo género es el de una mujer, formando parte de su identidad, pero su sexo seguirá siendo el masculino. Ser de sexo masculino no invalida su identidad de género como mujer, de la misma manera que ser de sexo femenino no invalida ser de género hombre en el caso de los hombres trans.

Sea como sea, una realidad biológica no debe ser considerada como un argumento sólido para discutir la propia experiencia e identidad de cada quien. La raza y el sexo son aspectos biológicos, científicamente abordables desde las ciencias de la salud, mientras que tanto la etnia como el género son aspectos correspondientes a las ciencias sociales, aspectos que dependen de cómo haya sido la historia personal del individuo y que constituyen su experiencia vital.

Referencias bibliográficas:

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