A lo largo de la historia de la paleoantropología se han encontrado todo tipo de huesos, tanto de humanos primigenios como de especies de las que o bien descendemos o bien evolucionaron de forma paralela a la nuestra pero se extinguieron.

Sin embargo, los huesos del Homo sapiens idaltu, restos humanos encontrados en Etiopía, parecieron ser la prueba de un eslabón perdido entre los humanos extinguidos y los humanos actuales, aunque generando una verdadera controversia en la comunidad científica.

Veamos a continuación quienes fueron estos homínidos y por qué se generó tanta controversia.

¿Qué es el Homo sapiens idaltu?

El Homo sapiens idaltu, conocido también como hombre de Herto, fue, de acuerdo con el punto de vista actual de la comunidad científica, una subespecie del Homo sapiens. Los restos de este homínido se encontraron en Etiopía en 1997 y, aunque se consideran pertenecientes a nuestra especie, los restos presentaban unas características morfológicas que los hacía significativamente diferentes a cómo son los humanos actuales pero no lo suficiente como para considerarlos una especie separada.

El nombre científico de esta especie, Homo sapiens idaltu, como se puede ver es trinominal. En taxonomía se usan nombres trinominales para referirse a subespecies, siendo las dos palabras el género y el nombre específico de la especie, mientras que la tercera palabra hace referencia a su subespecie. En este caso, Homo se refiere a los homínidos, “sapiens” a que forma parte de la especie humana (sapiens en latín significa sabio) e idaltu es una palabra en amárico, idioma de la región en donde se descubrió, que significa “anciano”.

Descubrimiento

El Homo sapiens idaltu fue descubierto en Herto Bouri, motivo por el cual coloquialmente es llamado hombre de Herto. Esta región está en Etiopía, cerca del Awash medio en la depresión de Afar, zonas que se caracterizan por tener debajo capas de origen volcánico, con una antigüedad de entre 154.000 y 160.000 años.

El hallazgo se realizó en 1997 por el equipo de paleoantropólogos de Tim White, Berhane Asfaw y Giday WoldeGabriel, científicos de la Universidad de California en Berkeley y del Natural History Museum de Londres. Pese a que el hallazgo se hizo en la década de los 90, el descubrimiento se haría público varios años después, en 2003, tras asegurarse de que efectivamente habían encontrado un nuevo tipo de homínido pero dentro de la especie humana.

Estos restos se corresponden a los cráneos de tres individuos, dos adultos varones y un niño. La antigüedad de estos restos óseos es de 158.000 años, viviendo en el período prehistórico Chibaniense o Pleistoceno medio. Su hallazgo fue realmente importante, dado que hasta aquel momento había una laguna en el registro fósil humano, faltando fósiles intermedios entre los prehumanos y los humanos modernos, en el período de 300.000 a 100.000 antes de nuestra era.

Los restos del Homo sapiens idaltu fueron considerados como los especímenes más antiguos de la especie Homo sapiens hasta 2005. En ese año se encontraron los fósiles Omo I y Omo II, restos de Homo sapiens más antiguos, con una antigüedad de 195.000 años. Posteriormente, en 2017 se descubrieron en Marruecos fósiles humanos en Jebel Irhoud, con una datación de 315.000 años.

Morfología y taxonomía

Los restos del Homo sapiens idaltu difieren de formas cronológicamente más tardías de los primeros Homo sapiens. De hecho, los hombres de Herto poseen rasgos que recuerdan a otras especies homínidas encontradas en África.

Los tres cráneos encontrados encajan bastante con la forma del cráneo del Homo sapiens moderno, especialmente en la forma globular del cráneo y la cara. Aún así poseen rasgos distintivos que han hecho que se los considerara una subespecie diferente a la nuestra. Estos rasgos son visibles en el arco supraciliar, además de tener una constitución más robusta y una protuberancia occipital muy proyectada.

Uno de los rasgos que los hace destacar es que no presentan prognatismo, algo habitual en los neandertales. Esto hizo que los expertos confirmaran que estos restos no pertenecían al Homo neanderthalensis. Esto dio fuerza a la idea de que los primeros sapiens evolucionaron en África mucho antes de que desaparecieran los neandertales europeos, refutando la idea de la “fase neandertal” en la evolución humana.

La conclusión ante el hallazgo es que son una transición de los homínidos africanos más primitivos a los seres humanos modernos. En base a los rasgos, la comunidad científica considera al Homo sapiens idaltu una subespecie de Homo sapiens extinta, que deben haber sido nuestros ancestros directos de la especie humana actual, defendiendo la idea de la teoría del origen africano reciente.

A continuación veremos con un poco de más detalle las características morfológicas de estos tres cráneos.

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Se trata de un cráneo casi completo de un adulto, con una capacidad craneal de unos 1450 centímetros cúbicos. Estos es verdaderamente sorprendente, dado que esa capacidad craneal es superior a muchos de los humanos modernos.

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Se corresponde a otro cráneo adulto, aunque no tan completo como el primero. Su tamaño podría ser incluso mayor que el anterior.

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Este cráneo es el de un niño. Debía tener entre unos 6 o 7 años, estimado a partir de los dientes, con una capacidad craneal de 1250 centímetros cúbicos. Estaba fragmentado en más de 200 trozos, y fue necesaria una minuciosa reconstrucción para analizarlo.

Polémica

El descubrimiento de esta subespecie homínida desató polémica entre investigadores del campo de la paleontología. Las voces críticas consideraron que el Homo sapiens idaltu no era más que un ser humano normal, como los de la actual especie de los Homo sapiens, pero que poseía algún rasgo morfológico arcaico.

Ese rasgo, comparado con el de otros fósiles de Homo sapiens, indujo a pensar que se trataba de una subespecie diferente, cuando quizás en realidad simplemente presentaban alguna diferencia. Un ejemplo de restos de Homo sapiens con rasgos llamativos son los hombres de Cro-Magnon y los hombres de Grimaldi, pero estos homínidos no son considerados subespecies del sapiens.

Cabe decir que la comunidad científica tiene problemas para establecer cuando dos poblaciones son dos subespecies diferentes. Los rasgos morfológicos pueden no ser suficientemente diferentes como para afirmar que dos individuos no forman parte del mismo linaje evolutivo. De hecho, esto mismo fue observado por Chris Stringer en 2003, cuando salió a la luz el hallazgo del Homo sapiens idaltu. Stringer dijo en un artículo de la revista Nature que los cráneos no parecían poseer rasgos tan diferentes como para considerar al hombre de Herto una subespecie de Homo sapiens.

A día de hoy, y pese a que se ha conservado el nombre trinomial y la idea de que es una subespecie, sigue habiendo debate. De hecho, el uso de este nombre es controvertido dado que, de ser correcta la tesis según la cual el Homo sapiens idaltu es una subespecie de la nuestra, habría que rescatar la antigua denominación de Homo sapiens sapiens para referirse a los individuos humanos actuales.

El término Homo sapiens sapiens se usaba antaño cuando se pensaba que el hombre de Neanderthal era una subespecie humana en vez de una especie homínida diferente a la nuestra. Igualmente, cabe decir que la afirmación de que humanos y neandertales son especies diferentes sigue siendo debatida, dado que se ha comprobado que cuando ambos tipos de homínidos coincidieron en la historia evolutiva, hubo cruces que dieron a híbridos fértiles. De hecho, la población europea presenta en su genotipo genes neandertales.

Referencias bibliográficas:

  • Smith, Fred H.; Ahern, James C. (2013). The Origins of Modern Humans: Biology Reconsidered. John Wiley & Sons. ISBN 978-1-118-65990-8.
  • White, Tim D.; Asfaw, Berhane; DeGusta, David; Gilbert, Henry; Richards, Gary D.; Suwa, Gen; Clark Howell, F. (2003). Pleistocene Homo sapiens from Middle Awash, Ethiopia. Nature 423 (6941): 742-747.
  • Stringer, Chris (2003). «Human evolution: Out of Ethiopia». Nature 423 (6941): 693-695.