Esta hembra de homínido vivió hace más de 3 millones de años.

Muchas son las teorías evolutivas y antropológicas en torno al origen de nuestra especie, de quiénes fueron los primeros bípedos humanos o de qué cadena biológica procede la especie humana. Sin embargo, los registros fósiles sirven para esclarecer estas incógnitas. En este sentido, uno de los esqueletos más famosos del mundo es el de Lucy la Australopithecus. A continuación veremos en qué se fundamenta su valor, y por qué gracias a este hallazgo conocemos más acerca del ser humano.

¿Quien es Lucy?

Corría el otoño del año 1974, cuando a las afueras de la capital etíope a unas dos horas en coche, en Hadar, se hizo uno de los más relevantes hallazgos de la historia de la humanidad. Lucy es el resultado de unas excavaciones en las que se recuperó aproximadamente el 40% de los restos de un esqueleto. Los científicos tardaron semanas en confirmar a qué especie pertenecían.

El paleontólogo Donald Johnson y su equipo concluyeron en que los restos de huesos descubiertos corresponden a la especie Australopithecus afarensis, ancestro del Homo sapiens y que explica con mayor claridad la relación entre el resto de primates y humanos.

Así era esta Australopithecus

Lucy fue una hembra que medía poco más de un metro, tenía las piernas muy similares a las de los humanos, vivió unos 22 años y pesó unos 28 kilos.

Una de las características más reveladoras de Lucy es que, al pertenecer al sexo femenino, se descubrió que había tenido hijos. ¿Cuántos hijos? No se sabe con determinación, pero se calcula que pudo haber dado a luz a un número no inferior a tres.

El nombre de Lucy no es casual. Un equipo de investigadores paleontólogos, en una de sus actividades en el país africano de Etiopía, descubrieron unos restos de esqueleto mientras escuchaban música de los Beatles. Sonó el famoso éxito de Lucy in the sky of diamonds, y dieron con el premio. Según fuentes del National Geographic, este fósil tiene una antigüedad de 3,2 millones de años.

Anterior al Homo sapiens

Otro de los datos a tener en cuenta es la faceta evolutiva del cerebro. Se ha destacado que en Lucy la Australopithecus la inteligencia no era demasiado alta. En lo que respecta al tamaño de la cavidad craneal, y estaba al mismo nivel de desarrollo que el de un chimpancé, fenómeno que se daba por la poca capacidad a nivel físico que tenía Lucy para interactuar con su entorno, con la imposibilidad de manejar objetos y construir su realidad.

Por otro lado, en la parte de África en la que se descubrió a Lucy es donde se han dado lugar a los hallazgos más significativos en este campo. Buena parte de las pistas de la cadena evolutiva llevan allí. Tras el descubrimiento de este conjunto de huesos fosilizados, se han encontrado unos 300 fósiles de 17 individuos distintos.

Un fósil de gira internacional

Debido a la gran importancia que tiene el especimen a nivel científico e histórico, Lucy está guardada “bajo llave” en el Museo de la Historia Natural en Addis Abeba, en Etiopía. Nada ni nadie se le puede acercar, pues los restos están en una cámara de seguridad blindada, con vigilantes privados y cámaras infrarrojos. En algunas ocasiones se han hecho intentonas de sustraer algunas piezas del esqueleto, sobre todo en algunos años de conflicto interno que puso en vilo la seguridad del museo.

Sin embargo, consolidada la estabilidad política en el país africano, el gobierno etíope decidió sacar a Lucy en el año 2007, organizando un costoso y peligroso viaje hacia los Estados Unidos de América. La logística no estuvo exenta de peligros, de modo que optó por fletar un vuelo chárter de carácter privado. El periplo duró 7 años, y diferentes ciudades y estados pudieron conocer a Lucy de primera mano.

Lo mismo sucedió con el ya ex presidente norteamericano, cuando en una visita oficial a Etiopía se le concedió el privilegio de visitar la cámara donde descansa Lucy. No únicamente esto, sino que las autoridades les permitieron acariciar directamente los huesos del esqueleto.