Veamos cómo se clasifican estas reacciones de combustión. Unsplash.

Desde la más remota antigüedad el fuego ha sido siempre tanto objeto de veneración como de miedo y temor. Esta doble visión de las llamas proviene del hecho de que somos conscientes de que el fuego es un elemento con capacidad para destruir, pero también de que nos ha facilitado supervivencia al permitir alumbrarnos, entrar en calor, cocinar los alimentos y defendernos de animales y enemigos.

Pero no todos los fuegos son iguales, sino que existen diferentes clasificaciones respecto a los tipos de fuego que podemos llegar a encontrarnos. Es sobre dicha diversidad de tipologías sobre la que vamos a hablar a lo largo del presente artículo.

El fuego: ¿qué es y cómo se genera?

Antes de entrar a precisar los tipos de fuego que existen, puede ser de utilidad pararnos a reflexionar sobre qué es el fuego y la manera en que se genera. El fuego, más que un elemento per se, es la manifestación de un proceso o una reacción química de combustión que se genera de manera violenta y más o menos rápida.

Se trata de un proceso de oxidación a nivel exotérmico en la que un material se oxida a tal velocidad que llega a provocar la transmisión de energía lumínica y calorífica, algo que permite la aparición de las llamas como producto de gas en combustión.

Para que una llama pueda formarse, es necesario que existan y se den una serie de factores sin los cuales la combustión no podría llegar a aparecer. En primer lugar es necesario un combustible o material con la capacidad de entrar en ignición en determinadas circunstancias, el cual hará de agente reductor.

Además de ello otro de los requisitos imprescindibles es un comburente o material/elemento capaz de provocar la combustión (el más común es el oxígeno). En este sentido el comburente hará el papel de agente oxidante

El tercer elemento, de gran relevancia, es la presencia de algún tipo de energía que permita que la combustión se inicie, como por ejemplo la energía calorífica generada por la fricción. Por último, es necesario que la reacción se de en cadena con el fin de mantenerse, o de lo contrario el fuego se apagaría. Las llamas y el fuego pueden ser de diferentes tonalidades y colores y tener comportamientos diversos en función de qué elementos estén sirviendo de comburente y combustible.

Clasificación de los tipos de de fuego según el tipo de combustible

Una de las formas más habituales, y de hecho la más aceptada y oficial mundialmente, de clasificar diferentes tipos de fuego la podemos encontrar en aquella que toma como criterio de diferenciación el tipo de combustible que participe en la reacción. En este sentido se divide en cinco clases principales, aunque en ocasiones se ha llegado a considerar una sexta.

Clase A

Se conocen como fuego de clase A toda aquella reacción de combustión que se origina a partir de un combustible sólido, y a menudo de tipo orgánico. Se trata del tipo de fuego que realizamos en hogueras o los provocados en bosques o en tejidos vivos. También pueden surgir por la combustión de plásticos. Es posible apagarlos con agua, sea a chorro o pulverizada, si bien también pueden emplearse otros métodos como polvo seco o dióxido de carbono.

Clase B

Los fuegos de clase B son tipos de fuego los cuales aparecen a partir de la combustión de materiales líquidos con capacidad inflamable, o bien de sólidos con capacidad de licuarse. Se trata del tipo de fuego que se produce ante la combustión de alcohol, gasolina, cera o pintura, entre otros. En este sentido el fuego de las velas o faroles antiguos pertenecería a este grupo. Su extinción requiere de polvo seco, aunque también puede utilizarse agua pulverizada o CO2.

Clase C

Se consideran como fuegos de clase C al conjunto de tipos de fuego que son producto de la combustión de gases a alta temperatura, como los utilizados en aparatos eléctricos o en la cocina. Así, la combustión de metano o gas natural produciría este tipo de fuego, el cual suele aparecer de manera más rápida que en el caso de los anteriores. Las reacciones de este tipo requieren de polvo seco para poder apagarse.

Clase D

La clase D, en lo que se refiere a los tipos de fuego, hace referencia a aquellas reacciones de combustión en las que el combustible es algún tipo de metal o polvo de metal inflamable. Ejemplos de ello son el provocado por el magnesio. No deben apagarse con agua dado que la reacción es extremadamente virulenta, sino que deben emplearse extintores de polvo especial.

Fuegos de clase F o K

Este último tipo fuego son un tanto especiales, ya que hacen referencia al fuego iniciado ante un combustible en forma de aceite o grasa, el cual es empleado en equipos de cocina. En Europa era denominado fuego de clase F, y en territorios de habla inglesa se conocen como fuegos de clase K (de kitchen o cocina).

Aunque técnicamente podría corresponderse con los de clase B, se creó esta clase al ver que el comportamiento de las llamas y el tipo de elementos que pueden utilizarse para apagarlas son diferentes (por ejemplo, no se podría apagar con dióxido de carbono). Para apagarse se suelen emplear extintores de agua con algunos componentes específicos.

Clase E

Si bien técnicamente no suele considerarse un tipo de fuego apartado de los anteriores sino que cada caso se englobaría en el tipo de combustible que correspondiera, en ocasiones se ha hablado del tipo de fuego de clase E. Esta clasificación incluiría principalmente las llamas producidas por alteraciones vinculadas a elementos que funcionan o por las cuales circula la electricidad. El motivo de su no consideración como clase real es el hecho de que en el fondo lo que se quema son componentes determinados que pertenecen a clases anteriores. Apagarlos requiere extintores de dióxido de carbono, nunca agua.

Referencias bibliográficas:

  • Dirección General de Protección Civil y Emergencias. (2013). Manual de primera intervención frente al fuego mediante el uso de extintores portátiles y bocas de incendio equipadas. Secretaría General Técnica. Ministerio del interior. Madrid, España.