¿Qué es el lóbulo frontal y qué funciones tiene? Es la región más grande de la corteza cerebral, situada en la parte delantera del cerebro, justo detrás de la frente, y participa en la planificación, el control de los impulsos, la producción del lenguaje y el movimiento voluntario.
Pocas partes del cerebro despiertan tanto interés en psicología y neuropsicología. Al lóbulo frontal se le asocian capacidades que solemos considerar muy humanas: hacer planes a largo plazo, aguantarnos las ganas de responder mal en una reunión o cambiar de estrategia cuando algo no funciona. Conviene matizar esa fama desde el principio. El lóbulo frontal no decide por sí solo: trabaja en red con otras zonas del cerebro, y casi cualquier conducta compleja depende de esa coordinación.
¿Dónde está el lóbulo frontal y cómo es?
Cada hemisferio cerebral tiene su propio lóbulo frontal, de modo que en realidad hablamos de dos, el izquierdo y el derecho. Ocupan la parte anterior del cerebro y son los lóbulos más grandes. Hacia atrás, la cisura central o de Rolando los separa del lóbulo parietal; hacia abajo, la cisura lateral o de Silvio los separa del lóbulo temporal.
El Queensland Brain Institute, de la Universidad de Queensland, describe el lóbulo frontal como la región implicada en el movimiento, el lenguaje expresivo y las funciones cognitivas superiores. Es también una de las últimas zonas del cerebro en madurar: su desarrollo continúa durante la adolescencia y hasta pasados los 20 años, lo que ayuda a entender por qué el control de los impulsos mejora con la edad.
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Partes del lóbulo frontal
Se pueden distinguir muchas subdivisiones, pero las tres grandes áreas son la corteza motora, la corteza prefrontal y el área de Broca.
Corteza motora
Está situada justo delante de la cisura de Rolando y participa en la planificación, la ejecución y el control de los movimientos voluntarios. Se suele dividir en tres zonas:
- Corteza motora primaria: de ella parten muchas de las señales nerviosas que activan músculos concretos.
- Corteza premotora: ayuda a preparar los movimientos y a ajustarlos a lo aprendido, como al coger una taza sin mirar.
- Área motora suplementaria: interviene en secuencias de movimientos y en acciones que requieren coordinar ambas manos.
Corteza prefrontal
Es la parte más anterior del lóbulo frontal y la más relacionada con las funciones ejecutivas. Tiene a su vez varias regiones, como la dorsolateral, más ligada a la planificación y la memoria de trabajo, y la orbitofrontal, más relacionada con la valoración de recompensas y el ajuste de la conducta social. Para profundizar en esta zona concreta, con sus subdivisiones y los trastornos asociados, puedes consultar el artículo sobre la corteza prefrontal; aquí nos centramos en el lóbulo frontal en su conjunto.
Área de Broca
Situada habitualmente en el lóbulo frontal izquierdo, interviene en la producción del habla. Su nombre se debe a Paul Broca, que en 1861 describió a un paciente que comprendía el lenguaje pero apenas podía hablar, y que tenía una lesión en esta zona.
¿Para qué sirve el lóbulo frontal? Sus funciones principales
Las funciones del lóbulo frontal se reparten entre sus distintas áreas y siempre dependen de su conexión con el resto del cerebro.
Planificación y funciones ejecutivas
Las funciones ejecutivas son los procesos que nos permiten dirigir la conducta hacia un objetivo. La psicóloga Adele Diamond, en una revisión publicada en 2013, señala tres funciones ejecutivas centrales: el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva. A partir de ellas se construyen otras más complejas, como el razonamiento, la resolución de problemas o la planificación.
Un ejemplo cotidiano: preparar un viaje exige fijar una meta, ordenar los pasos, recordar lo que ya está hecho y cambiar el plan si cancelan un vuelo. En todas esas operaciones participa la corteza prefrontal, junto con otras regiones. Si quieres ver una lista más amplia, el artículo sobre las funciones ejecutivas del cerebro humano las repasa una a una.
Control de los impulsos y regulación emocional
La zona orbitofrontal mantiene una comunicación constante con estructuras del sistema límbico, muy implicadas en la emoción. Esa conexión ayuda a modular las respuestas emocionales y a adaptar la conducta a la situación, por ejemplo, a no gritarle a alguien aunque nos haya molestado.
El caso más citado es el de Phineas Gage, un capataz ferroviario que en 1848 sufrió un accidente en el que una barra de hierro le atravesó el cráneo y dañó parte de su lóbulo frontal. Según los relatos de su médico, sobrevivió, pero su carácter cambió de forma notable. Su historia sigue estudiándose con cautela, porque los testimonios de la época son limitados y algunos detalles se exageraron con el tiempo.
Lenguaje
Además del área de Broca, otras zonas del lóbulo frontal ayudan a organizar el discurso, elegir las palabras y mantener el hilo de una conversación. Las lesiones en esta región pueden provocar dificultades para hablar con fluidez aunque se entienda bien lo que se oye.
Movimiento voluntario
Cada vez que decides levantar la mano, escribir o caminar hacia la puerta, la corteza motora envía las órdenes que, a través de la médula espinal, llegan a los músculos. Por la forma en que se cruzan las vías nerviosas, el lóbulo frontal izquierdo controla sobre todo el lado derecho del cuerpo, y viceversa.
Cognición social
El lóbulo frontal también participa en la capacidad de atribuir intenciones y emociones a otras personas y de tener en cuenta las normas sociales al actuar. Este conjunto de procesos, que forma parte de la llamada cognición social, depende de una red amplia de regiones.
¿Qué pasa cuando se daña el lóbulo frontal?
Un traumatismo, un ictus, un tumor o algunas enfermedades neurodegenerativas pueden afectar al lóbulo frontal. Los efectos dependen de la zona y de la extensión de la lesión, y pueden incluir problemas de planificación, impulsividad, apatía, cambios de personalidad, dificultades del lenguaje o debilidad en un lado del cuerpo.
La evaluación la realizan profesionales de la neurología y la neuropsicología, que combinan pruebas de imagen con tests específicos. El NINDS, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, ofrece una guía divulgativa sobre la organización del cerebro. Gracias a la plasticidad cerebral, la rehabilitación puede ayudar a recuperar parte de las funciones, sobre todo cuando empieza pronto.
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Este contenido es educativo y no sustituye terapia ni la valoración de un profesional de la salud mental.












