¿Qué son las neuronas espejo? Son neuronas que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando vemos a otra persona realizar esa misma acción, como si el cerebro «ensayara» por dentro lo que observa fuera.
Se descubrieron en monos y su nombre resultó irresistible: unas células capaces de reflejar a los demás parecían la explicación perfecta de la imitación, el aprendizaje y hasta la empatía. Treinta años después, la neurociencia es más prudente. Las neuronas espejo existen y son un hallazgo importante, pero lo que explican es bastante menos de lo que prometían los titulares.
Un descubrimiento en un laboratorio de Parma
A principios de los años noventa, el equipo de Giacomo Rizzolatti en la Universidad de Parma, en Italia, registraba la actividad de neuronas individuales en la corteza premotora de monos macacos, en una zona llamada F5. Estudiaban cómo el cerebro planifica movimientos como tomar un trozo de comida. Al revisar los registros notaron algo inesperado: algunas de esas neuronas motoras también se activaban cuando el mono estaba quieto y simplemente veía a un investigador hacer el mismo gesto.
El primer informe se publicó en 1992 (Di Pellegrino y colaboradores) y en 1996 el grupo, con Vittorio Gallese y Leonardo Fogassi, les dio el nombre de neuronas espejo. Suele contarse que todo empezó cuando un investigador tomó comida delante del animal en una pausa; es una anécdota muy repetida, pero lo que dejó huella fue el registro sistemático posterior. Las neuronas espejo de F5 respondían a acciones con un objetivo, como agarrar o romper algo, y no a cualquier movimiento sin sentido.
Para entender el hallazgo conviene recordar cómo se comunican las neuronas entre sí; el capítulo sobre las células del sistema nervioso de OpenStax lo explica de forma sencilla.
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¿Y en los seres humanos?
En los monos se pueden registrar neuronas una a una; en las personas, casi nunca. Por eso la mayor parte de los datos humanos son indirectos: estudios de resonancia magnética funcional y de estimulación magnética que muestran que regiones premotoras y parietales se activan tanto al hacer como al ver acciones. A ese conjunto de áreas se le llama a menudo sistema espejo, aunque la resonancia mide la actividad de millones de neuronas a la vez y no permite saber si cada una de ellas tiene propiedades espejo.
La prueba más directa llegó en 2010. El equipo de Roy Mukamel registró neuronas individuales en 21 pacientes con epilepsia que tenían electrodos implantados por motivos médicos y encontró células que respondían tanto al ejecutar como al observar gestos y expresiones. Estaban en zonas frontales mediales y temporales, más allá de las áreas premotoras donde se esperaba encontrarlas. El mecanismo espejo existe también en nuestra especie, pero está más repartido de lo que sugería el modelo inicial.
Neuronas espejo y empatía: lo que sabemos
La idea más popular es que estas neuronas son «la base de la empatía». Hay algo de verdad: cuando vemos a alguien sonreír o hacerse daño, el cerebro activa parcialmente circuitos parecidos a los que usaríamos si nos pasara a nosotros. Un metaanálisis de Claus Lamm, Jean Decety y Tania Singer, publicado en 2011, mostró que sentir empatía por el dolor ajeno activa redes que se solapan con las del dolor propio, sobre todo la ínsula anterior y la corteza cingulada.
Pero la empatía es mucho más que una resonancia automática. Incluye entender lo que el otro piensa, distinguir sus emociones de las propias y decidir cómo responder, procesos que dependen de redes amplias del cerebro y de la experiencia. El centro Greater Good de la Universidad de Berkeley recoge en su definición de empatía esa doble vertiente, emocional y cognitiva. Las neuronas espejo pueden ayudar a captar intenciones y emociones de forma rápida, pero no explican por sí solas por qué una persona es más o menos empática.
El bostezo contagioso y la mímica
En la vida diaria se atribuyen a estas neuronas fenómenos como bostezar al ver bostezar a alguien o imitar sin darnos cuenta la postura de la persona con la que hablamos. Es una hipótesis razonable, porque implican copiar acciones observadas, pero los estudios no han demostrado que dependan específicamente de neuronas espejo. También influyen la atención, la cercanía emocional con la otra persona y el contexto.
Lo que las neuronas espejo no explican
Con el tiempo se les atribuyó casi de todo. Conviene separar los datos de las extrapolaciones:
- La civilización y la cultura. El neurólogo V. S. Ramachandran propuso que un sistema espejo más sofisticado permitió en algún momento de la prehistoria que habilidades como el uso del fuego o las herramientas se difundieran por imitación. Es una hipótesis sugerente, sin pruebas que la confirmen.
- El autismo. Durante años se defendió la teoría del «espejo roto», según la cual el autismo se debería a un fallo de este sistema. Una revisión sistemática de Antonia Hamilton (2013) concluyó que no hay pruebas sólidas de un déficit general del sistema espejo en las personas autistas.
- Leer la mente de los demás. Detectar si alguien miente o adivinar lo que siente depende de muchos procesos, entre ellos la teoría de la mente, y no de un único tipo de neurona.
Críticos como Gregory Hickok, en un artículo de 2009, y Cecilia Heyes y Caroline Catmur, en una revisión de 2022, han señalado además que comprender una acción no requiere necesariamente simularla. Heyes propone que las neuronas espejo se forman por aprendizaje asociativo: se refuerzan cuando vemos y hacemos lo mismo a la vez, por ejemplo cuando un bebé sonríe y un adulto le devuelve la sonrisa. Si es así, serían en parte un producto de la experiencia social, además de una de sus causas.
Aprender observando
Donde hay más acuerdo es en su papel en la imitación de acciones motoras. Ver a alguien atarse los cordones o tocar un acorde de guitarra activa circuitos que preparan esos movimientos, y eso facilita aprenderlos. Si quieres profundizar, en Psicología y Mente explicamos la relación entre las neuronas espejo y el aprendizaje.
Las neuronas espejo siguen siendo un campo de investigación activo. Su valor no está en ser la llave maestra de lo humano, sino en mostrar que percibir y actuar están mucho más entrelazados en el cerebro de lo que se pensaba. Conocer los mecanismos biológicos de lo que sentimos no le resta valor a la experiencia: saber cómo funciona el cerebro puede aumentar nuestra capacidad de asombro, en lugar de reducirla.
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Este contenido es educativo y no sustituye terapia ni la valoración de un profesional de la salud mental.


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