Existen muchas formas de llevar a cabo una tarea, pero es evidente que esta acción será más sencilla si se realiza en grupo.

Pero no basta con que haya varias personas para que automáticamente se dé esta coordinación, sino que hay que cumplir con una serie de premisas. Vamos a descubrir cuáles son los fundamentos del trabajo colaborativo y a ver algunos ejemplos relacionados.

¿Qué es el trabajo colaborativo?

El trabajo colaborativo es una manera de producir elementos o bien servicios cuya clave es la formación de una comunidad de personas que se coordinan en la realización de las diferentes tareas necesarias para lograr, entre todos, el resultado común que el grupo busca. Esta forma de trabajo también se conoce como peer production, o producción por pares. En algunos lugares también se le denomina colaboración en masa.

Para poder llevar a cabo un trabajo colaborativo es necesario establecer previamente un sistema sociotécnico por el cual todos los individuos puedan conectar sus actividades para alcanzar el nivel de cooperación necesario. Por supuesto, hoy en día, el factor que ha posibilitado esta forma de actividad no es otro que internet. Gracias a la red de redes, personas en lugares geográficamente muy separados, pueden colaborar entre sí sin ninguna dificultad.

Otra característica del trabajo colaborativo es que no existe una formalidad estricta entre los colaboradores y el proyecto resultante, sino que se trata de una especie de pacto tácito entre todos ellos. Por lo tanto, el resultado final no cuenta con la autoría de nadie en concreto, sino todos los que han aportado su esfuerzo, en conjunto, como una auténtica comunidad de iguales.

Esta metodología recuerda a la de organismos que trabajan como una especie de mente colmena, siendo el de las abejas y el de las hormigas los ejemplos más claros. En las sociedades de estos animales no existe el individuo, solo la comunidad de todos ellos. Por ello, todas las tareas aportadas forman parte de un objetivo en común, y son igual de importantes para los fines y necesidades del conjunto.

Etimológicamente, los términos de trabajo colaborativo fueron propuestos por el catedrático de Derecho Empresarial en la Universidad de Harvard, Yochai Benkler. Para establecer la definición de este nuevo concepto, Benkler afirmaba que había que tener en cuenta dos pilares fundamentales.

Uno sería el bien común, que es lo que buscan todos los individuos del grupo que están colaborando en la tarea. El otro sería el altruismo, ya que no hay ningún fin egoísta en las acciones de ninguno, sino que se hace para todos. De ahí que no exista una autoría individual en este tipo de proyectos, puesto que nadie es más importante que otro, independientemente de que algunas personas hayan dedicado más tiempo o más esfuerzo que otras, ya que se entiende que cada individuo aporta lo que puede o quiere, sin que esto suponga un problema.

Diferencias con el trabajo en equipo

Existen varias características que hacen que el trabajo colaborativo y el trabajo en equipo se parezcan, pero sean conceptos muy diferentes. Para empezar, el equipo está conformado por un grupo definido para esa tarea, mientras que en la colaboración, una serie de sujetos decide poner en común sus conocimientos y su esfuerzo. El equipo, además, cuenta con un líder claro, figura que no necesita el trabajo colaborativo, puesto que todos cuentan con el mismo estatus, sin que exista una jerarquía entre ellos.

La responsabilidad de las tareas en el equipo está compartida entre todos los integrantes; en una colaboración, por el contrario, cada sujeto es responsable de la tarea que está haciendo en ese momento.

Otro concepto que también varía es el objetivo que se busca, ya que en el equipo este se ve reflejado en un resultado optimizado, y en el trabajo colaborativo es una producción de conocimiento nuevo, gracias a la unión de las aportaciones de cada uno.

El último punto en el que ambos estilos diferirían sería en la existencia de coordinador, el encargado de ir asignando y conectando las tareas de cada miembro del equipo. Este cargo no encaja en la definición del trabajo colaborativo, y es que cuando un individuo decide unirse a uno de estos proyectos ya selecciona él mismo la parte que va a desarrollar en ese momento, sin necesidad de que exista un encargado que se lo indique.

Es interesante observar los procesos psicológicos que se dan en el trabajo colaborativo y que no necesariamente encontramos en el trabajo en equipo. El conocimiento se va construyendo entre todos los colaboradores del proyecto, y todas las tareas están reguladas por la totalidad de los miembros, en lo que se conoce como actividad metagrupal. La motivación llega de la colaboración en sí misma, puesto que el individuo quiere ser parte del conjunto, mediante su participación.

Un ejemplo: software libre y de código abierto

El mejor ejemplo de trabajo colaborativo es el de los diferentes proyectos de software libre y de código abierto que cientos de programadores de todo el planeta han desarrollado, trabajando en comunidad aún encontrándose a miles de kilómetros unos de otros. Gracias a su altruista trabajo hoy en día existen multitud de programas que hacen que todos podamos realizar multitud de tareas, algunas bastante complejas, utilizando un ordenador, sin tener que pagar un coste económico por ello.

Por supuesto, esto no implica que, todo aquel que lo desee, pueda hacer la aportación que considere, a modo de donación. Muchas veces ese dinero es reinvertido para poder costear los gastos de servidores y otros elementos necesarios en el desarrollo de software, y de esta manera poder seguir ofreciendo nuevos productos a toda la ciudadanía, de una forma totalmente libre y altruista.

En este tipo de trabajos entran ejemplos tan conocidos como Wikipedia, una enciclopedia global en la que cualquiera puede convertirse en editor y aportar su conocimiento, siempre con unas fuentes debidamente referenciadas. Actualmente es una de las principales fuentes de conocimiento a nivel mundial, e incluso puede ser descargada en un pendrive (lógicamente hasta el punto en el que esté editada en ese momento) para llevarla a lugares sin conexión a internet y de esa forma proporcionar acceso una rica fuente de saber.

También es muy popular Linux, así como sus diferentes variantes. Se trata de un sistema operativo de código abierto que rompe con las limitaciones de los clásicos Windows o macOS, y en el que todos pueden aportar su técnica para seguir mejorándolo cada día, ofreciendo así una alternativa gratuita para toda persona que decida instalarlo en su ordenador.

Existen programas también como LibreOffice u OpenOffice, que aportan las mismas funcionalidades que los del paquete Office, de Microsoft, con la diferencia de que los primeros no tienen ningún coste y cualquiera puede descargarlos e instalarlos sin el más mínimo problema. Al ser compatible con los programas clásicos de Word, Excel, PowerPoint y demás, muchos usuarios deciden optar por esta alternativa para crear y abrir sus documentos.

Otros ejemplos de colaboración

Aunque el trabajo colaborativo es un mecanismo altruista y por lo tanto, gratuito, algunos organismos y empresas han sabido aprovechar este tipo de actividad para lograr otro tipo de beneficios. Es el caso, por ejemplo de la NASA, la agencia espacial norteamericana. La NASA pidió la colaboración a los ciudadanos anónimos para una tarea muy importante, pero a la vez larga y tediosa, como era el mapear una determinada zona de la superficie de cráteres en el planeta rojo.

Dicha propuesta resultó ser un éxito absoluto, ya que más de 85.000 personas decidieron prestar su ayuda, en intervalos de tiempo muy cortos, pero que sumados entre todos, permitieron liberar a los doctores de la NASA de cientos de horas de esfuerzo, que pudieron dedicar a otro tipo de cuestiones para sus investigaciones. Es todo un ejemplo del potencial y la fuerza que puede adquirir el trabajo colaborativo, incluso con aportaciones muy pequeñas de sus distintos componentes.

También lo logró IBM, aunque desde un prisma diferente. En este caso, el gigante tecnológico lo que decidió fue hacer aportaciones económicos a diferentes proyectos de software libre y de código abierto, como los ejemplos que hemos visto anteriormente. Pero, ¿cuál era su beneficio con esta práctica? ¿Era una inversión a fondo perdido? Nada más lejos de la realidad. Esta práctica, a la larga, le retornaba a IBM unos buenos beneficios.

Y es que, al contribuir a ampliar la oferta de software libre y hacer que el uso de computadoras fuera algo sencillo y económicamente muy accesible para el ciudadano medio, muchas personas decidirían adquirir un equipo para su uso doméstico (e incluso laboral), y en muchos de estos casos optarían por uno de los ordenadores que la casa IBM les ofrecería. Un plan magistral, que demuestra cómo todos pueden beneficiarse del trabajo colaborativo, incluso a largo plazo.

Referencias bibliográficas:

  • Frutos, A.E. (2010). Interculturalidad, mediación y trabajo colaborativo. Madrid. Narcea S.A. de Ediciones.
  • Lucero, M.M. (2003). Entre el trabajo colaborativo y el aprendizaje colaborativo. Revista iberoamericana de Educación.
  • Pérez, M.M. (2007). El trabajo colaborativo en el aula universitaria. Laurus.
  • Vázquez, J.M., Hernández, J.S., Vázquez-Antonio, J., Juárez, L.G., Guzmán, C.E. (2017). El trabajo colaborativo y la socioformación: un camino hacia el conocimiento complejo. Educación y Humanismo.