Desde que adquirimos las primeras nociones de lo que ocurre a nuestro alrededor, empezamos a escuchar el término “amor”. El amor a la familia, a los amigos, a los hijos... se fomenta la idea de un amor romántico de pareja con el cual acaban todas las películas, siendo felices y comiendo perdices.

Pero la realidad no es como el que el cine, y sobre todo el más infantil, nos lo quiere vender. Es por ello, que las primeras relaciones que se presentan en la pubertad aparecen las primeras frustraciones, al enfrentar la realidad con ese mundo idealizado.

Por otro lado, no podemos negar que las redes sociales forman parte de nuestro presente y que determinan, cada vez con mayor fuerza, nuestras relaciones con los demás y con el mundo. Lejos de acercarnos a la realidad del amor, en las redes sociales se muestra aquello que se desea que los demás perciban de nosotros mismos y refuerzan la idea de reflejar modelos aprendidos de lo que es el amor en la pareja y la felicidad.

Pero la exposición continua e indiscriminada de nuestra intimidad y movimientos genera en algunas parejas una situación de control llena de inseguridades y desconfianza, donde aparecen los celos irracionales, el amor problemático comienza a dar sus primeras señales.

¿Qué es el amor tóxico?

El amor problemático, o amor tóxico, es aquel en el que la necesidad de control y los celos se convierten en las bases de la relación, donde las lágrimas suman más que las sonrisas y la propia felicidad depende de la pareja. Este tipo de relación va desgastando la autoestima, la propia identidad del individuo y fomenta un aprendizaje erróneo de lo que es una relación de pareja, cuyo vínculo llega a ser difícil de romper.

El enamoramiento es un estado emocional en el que la felicidad nos invade, aumentan las ganas de compartir más tiempo con la pareja, nos sentimos valorados y queridos, pero en ocasiones estas sensaciones se van limitando cada vez más para compartirlas con sentimientos de profunda tristeza, angustia y miedo. En medio de esas intensas emociones, resulta difícil ser consciente de la realidad de lo que está ocurriendo para poner fin a esa peligrosa espiral.

La dependencia emocional

Cuando se habla de una dependencia emocional patológica, se hace referencia al fuerte vínculo que se establece con la pareja, de manera que en su ausencia aparecen emociones negativas. El miedo a que la relación termine, la angustia que produce la separación, pensamientos obsesivos relacionados con la pareja y un malestar continuado cuando no está con la otra persona.

Cuando esto ocurre, la persona se siente incompleta sin la pareja, renuncia a sí mismo y pierde el valor de su propia identidad, deseos y necesidades en beneficio y bajo la aprobación del otro. Este tipo de relación tóxica desemboca en una baja autoestima, reflejada en miedos irracionales e inseguridades sobre uno mismo.

En el momento en el que tu bienestar depende de otra persona, el miedo a acabar la relación no es tanto por las cosas que os unen y hacen felices juntos, sino porque sin esa persona, que es el todo, solo queda la nada.

Éste es un problema cada vez más habitual que lleva a la persona, una vez es consciente del malestar que le produce su relación de pareja, a acudir al psicólogo, donde se intenta fomentar la autonomía, la autoestima y el desarrollo de correctas habilidades sociales y resolución de conflictos. Además, con la terapia cognitivo-conductual se trabaja con las ideas y concepciones erróneas sobre el amor y las relaciones de pareja.

Celos y redes sociales

Los celos obsesivos son un problema cada vez más habitual en las parejas jóvenes que ven estas respuestas emocionales de control excesivo como señales de amor.

Si bien los celos en una relación son muestra de lo que nos importa y permite, mediante la confianza, establecer límites en la relación en el que ambos estén de acuerdo y favorece una relación sana, cuando estos son irracionales y obsesivos pueden llevar al malestar del que los padece por la ansiedad y miedo que les produce, como a la persona que los sufre, llevando a la destrucción de la pareja.

Los celos patológicos están relacionados con inseguridades, desconfianza, la necesidad de posesión y el miedo a la ruptura, provocados por una baja autoestima y una idea equivocada de lo que es el amor. Las personas celosas padecen un sufrimiento psicológico que les impiden disfrutar de la relación más allá de buscar razones que justifiquen esos pensamientos que les generan la desconfianza en su pareja.

Las redes sociales han aparecido como el arma que retroalimenta al celoso y sus necesidades de control. Las fotografías, las historias, los pensamientos, las ideas, el lugar donde se encuentra en cada momento, son algunas de las informaciones publicadas en redes sociales, donde la interpretación y la imaginación pueden llevar a la confirmación de ideas irracionales. El control sobre el tiempo que está en línea, un “me gusta” a una foto, a quién sigue en las redes, así como coger el móvil para ver conversaciones privadas que limitan la intimidad, privacidad y libertad de la otra persona.

Esto convierte la relación en miedo, y el miedo deriva en mentiras para evitar discusiones y cuando estas mentiras se descubren; suponen reforzar la desconfianza previamente irracional y ahora con argumentos.

Este círculo vicioso se hace autodestructivo, donde el amor no es suficiente, en el que la desconfianza y el sufrimiento aumenta en un laberinto sin salida donde la ruptura duele demasiado pero el estar juntos les hace infelices.

La importancia de reaccionar ante los primeros problemas

Son numerosas las parejas que van a terapia cuando ya el desgaste ha secado hasta las raíces de la relación y lo único que queda es salvarse de manera individual y empezar a aceptar que se acabó. Lo recomendable es acudir a terapia cuando aparecen los primeros indicadores de que la relación no es sana y los celos cada vez condicionan más la relación de la pareja. Para ello, se ha de trabajar de manera individual la autoestima, los miedos y las creencias irracionales que generan los celos obsesivos para dejar paso al bienestar.