El simple hecho de pasar de una situación en la que no tenemos muchas opciones de comportamiento a otra en la que tenemos más posibilidades entre las que elegir no siempre da paso a un mayor bienestar psicológico.

Aunque resulte paradójico, enfrentarse a una mayor complejidad es un reto capaz de generar problemas comparables a la falta de ocasiones en las que podamos tomar decisiones.

En esta línea, la salida del contexto de confinamiento por la pandemia de coronavirus es un factor que puede facilitar la aparición de problemas en las personas que conviven, y más específicamente, en las relaciones de pareja. Veamos por qué.

Los problemas de pareja vinculados al fin del confinamiento

Tras la primera ola de contagios por coronavirus, el sentido común lleva a pensar que mientras no se vuelvan a colapsar los hospitales y vuelva a ser necesario confinar, la mayor parte de los problemas vinculados a la expansión del COVID-19 ya son cosa del pasado. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así en todos los casos.

La crisis sanitaria, económica y social desencadenada por el coronavirus ha hecho que muchas familias se hayan visto forzadas a atravesar un periodo de cambios relativamente súbitos, ante los cuales no siempre ha sido posible prepararse de la manera ideal.

Y lo cierto es que esta situación anómala de cambios aún no ha cesado, por mucho que ya no tengamos que pasar mucho tiempo en nuestras casas. Por algo llamamos a este contexto “la nueva normalidad”: el confinamiento ya ha pasado, pero la situación actual no es la misma que la de antes de que la pandemia llegase al país.

Y es que poder salir a pasear, a trabajar o a los establecimientos de ocio y hostelería no es lo mismo que hacerlo tras haber pasado por una fase de cuarentena y confinamiento casi absoluto. Con la vuelta a las calles se han ido muchos problemas, pero también han aparecido otros nuevos a causa de la situación de confinamiento que hemos atravesado hace no tanto tiempo. Y esto se nota, por ejemplo, en el ámbito de la pareja.

Estos son los principales motivos por los que formas de malestar asociadas al desconfinamiento pueden aparecer en un matrimonio o una relación de noviazgo.

1. Discrepancias acerca de la seguridad de exponerse a los demás

Este es uno de los principales motivos por los que el fin del confinamiento puede alimentar los conflictos de pareja: las asimetrías en lo que se percibe que es seguro y lo que no.

Esto es algo que influye sobre todo en las parejas con trato habitual con sus padres, quienes tienen una edad avanzada

2. Cambios en el reparto de tareas del hogar y de crianza

Las parejas con hijos de corta edad se ven en la obligación de adaptar su rutina a una situación nueva. Esto aporta un elemento caótico a la relación de pareja, cuyos planes para el futuro inmediato se pueden ver muy afectados incluso por algo tan sencillo como no saber si habrá curso escolar normal o será todo a través de Internet.

3. Diferentes expectativas sobre las vacaciones

Para muchas personas, especialmente para las que se someten a un mayor estrés laboral, resulta muy frustrante no poder tener las vacaciones que habían planeado.

En una etapa de incertidumbre como la del contexto post-confinamiento esto da pie a discusiones, dado que el exterior es lo suficientemente seguro como para ir a muchos destinos de vacaciones interesantes, pero la falta de conocimiento acerca de lo que ocurrirá en las próximas semanas puede hacer que aparezca el miedo a tirar el dinero, o incluso de apenas poder salir. Y ante esto, es muy fácil que se aviven discusiones y viejas hostilidades que se habían ido acumulando.

4. Necesidades familiares desiguales

Asumiendo que cada miembro de la relación de pareja tenga otros familiares vivos por los que se preocupa, no es raro que una de las personas sienta más que la otra la falta de tiempo con sus familiares, ya sea para ayudarles o para hacer una visita tras no haber podido hacerlo durante meses por la fase de cuarentena.

Pensemos, por ejemplo, en alguien cuya familia está en otro país y a la que hace meses que no ve. Viajar implicaría correr el riesgo de no poder volver con normalidad y pasar un tiempo sin ver a su pareja, ya sea por la falta de vuelos disponibles o por una cuarentena forzada impuesta a quienes llegan de otros Estados en situación de riesgo.

Pensemos también en alguien que quiera visitar a su familia a pesar de convivir con su pareja y con el padre de esta, población de riesgo ante el COVID-19 por su edad o por una enfermedad.

5. Cambios en el estado de ánimo

Para muchas personas, la ansiedad continúa también en la fase de fin del confinamiento. Esta clase de alteraciones psicológicas de carácter individual pueden dar paso a problemas psicológicos de tipo relacional, es decir, que afectan a dos o más personas. Pensemos en el malestar que experimenta quien ve sufrir a la persona a la que ama, pero a la que a la vez no la comprende del todo porque no experimenta el presente del mismo modo.

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Centro de Psicología Begoña Fernández

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