Diferentes maneras de establecer una mejor conexión comunicativa. Wikimedia Commons.

Buena parte de nuestro día a día se basa en la comunicación. No podríamos tener los estándares de calidad de vida que tenemos si no fuese porque vivimos en sociedad. Sin embargo, a veces se nos olvida que nosotros también tenemos que aportar algo a esta fórmula. Para que la comunicación fluya, es importante aprender a escuchar de verdad.

A fin de cuentas, todos sabemos quedarnos quietos mientras el otro habla, pero llegar a participar realmente en una conversación requiere de la capacidad de mantenerse activo incluso cuando el otro tiene la palabra.

En este artículo nos centraremos en repasar diferentes consejos acerca de cómo aprender a escuchar en las conversaciones que mantenemos con amigos, familiares y seres queridos en general.

Consejos para aprender a escuchar

Ser bueno escuchando al resto es una virtud que subestimada en muchos sentidos. Pero si se domina, nos vuelve mucho más hábiles a la hora de trazar vínculos con otros. Y recordemos que la calidad y la cantidad de estos vínculos son algo que define nuestra calidad de vida. A poca gente le gusta tratar habitualmente con alguien que no le hace caso mientras habla.

Así pues, considera los siguientes consejos a la hora de aplicarlos a las conversaciones en las que participes, incluso si a la práctica se parecen más a un monólogo que a un diálogo (hay veces que una persona necesita desahogarse y ser escuchada). Ten en cuenta que con leer restas ideas no es suficiente; deberás aplicarlas a tu día a día de manera constante para habituarte a ellas, y adaptarlas a las características de tu vida.

1. Estima las necesidades de la otra persona

Para empezar, es bueno mantener la atención puesta en lo que el lenguaje no verbal de la otra persona y lo que dice entre líneas nos cuenta acerca de las necesidades que la mueven a hablar. ¿Busca ser escuchada para explicar un hecho que ha tenido un fuerte impacto emocional en ella? ¿O simplemente quiere explicar algo para que utilicemos esa información para hacer algo?

Dependiendo de estas necesidades, nuestra participación en la conversación debe ser más basada en el escuchar, o en el escuchar y el hablar.

2. Mantén el contacto visual

Mantener el contacto visual es uno de los aspectos fundamentales de cualquier conversación cara a cara. Si ni se cumple este norma, no solo se crea una sensación de distanciamiento con respectoa a la persona con la que nos estamos comunicando; además, incluso pueden aparecer malentendidos y fallos a la hora de interpretar los pensamientos y las intenciones del otro.

Por consiguiente, incluso aunque no hables, mira a la otra persona a los ojos. Si por algún motivo esto te cuesta, ya sea por timidez o por falta de costumbre, limítate a mirar en dirección a su cara. Si haces esto, sin obsesionarte por establecer contacto visual, seguramente te saldrá de manera natural y tras una temporada utilizando esta técnica ya no tendrás que pensar más en ello.

3. No te lo tomes como un descanso

Escuchar no es menos que hablar; es tan o más importante, de hecho. Así pues, no te tomes estos ratos como momentos de descanso en los que puedes hacer lo que quieras. Porque si lo haces, simplemente te limitarás a decir lo que quieres decir para luego desconectar, dejar de prestar atención y dedicarte a fantasear, tararear mentalmente canciones o a recordar experiencias. Con unas pocas ocasiones en las que la otra persona se dé cuenta que no le estás dedicando nada de atención, es posible que deje de intentar hablar contigo.

4. Practica la escucha activa

No solo tienes que prestar atención a lo que la otra persona te dice. Además, tienes que hacer saber que estás prestando atención. De este modo, la otra persona tendrá un aliciente para hablar tanto como quiera, sin sentirse coartada, y la comunicación genuina fluirá.

Para conseguirlo, asegúrate de darle ritmo a la conversación asintiendo y mostrando claramente tus reacciones a lo que la otra persona dice (con gestos o con exclamaciones). También puedes aportar breves comentarios acerca de lo que la otra persona comunica, pero sin llegar a hacerlos tan largos que supongan una interrupción. La idea es complementar los esfuerzos del otro por explicarse con esfuerzos propios a la hora de comunicar qué pensamos de lo que está diciendo.

5. Pregunta las dudas que te surjan

Una conversación es siempre algo dinámico, en buena parte improvisado. Por eso, tú también puedes contribuir a que sea significativa, incluso en el rol de persona que escucha, formulando preguntas sencillas o pidiendo aclaraciones.

De esta manera se compensarán las omisiones de información en las que nuestro interlocutor puede caer simplemente por no haber planificado lo que iba a decir, a la vez que se muestra interés o incluso se facilita la aparición de momentos en los que aparecen dudas que a nadie se le habían ocurrido antes y que ayudan a ver el tema desde otra perspectiva.