Motivos por los que pensárselo mucho a veces no es bueno. Unsplash.

Imagina que tienes que tomar una decisión importante en tu vida: qué carrera estudiar, dónde comprar casa, terminar una relación, tener hijos o no. ¿Cuál es tu actitud frente a ésta toma de decisiones? ¿Eres de los que lo piensa unos días y luego se aventura esperando lo mejor? ¿O quizá eres de los que pasan meses analizando, juntando información, preguntando, reflexionando y pasando noches sin dormir antes de anunciar tu elección final?

Aunque se nos ha enseñado que hay que tener mesura antes de tomar decisiones, caer en el extremo no siempre es bueno y las desventajas de pensar demasiado se nos pueden caer encima, dejándonos arrumbados en la inacción.

Desventajas de pensar demasiado

Ser analítico y reflexivo es de ayuda en la toma de decisiones. Las personas con estas características suelen tener la cualidad de visualizar diferentes escenarios posibles; pero cuando estas cualidades se tornan excesivas las desventajas de pensar demasiado se hacen presentes. Estas son las principales.

1. Angustia

Pensar demasiado va provocando una acumulación de preocupaciones. Tras un nuevo pensamiento, va apareciendo una nueva angustia. Sin embargo estos pensamientos y estas angustias están solo en el imaginario, son posibles circunstancias que se darán si sucede X o Y pero aun no existen en lo real y aun así ya generaron temor por lo que pudiera suceder.

Prospectar todos los posibles escenarios en torno a una situación puede ser útil y ayuda a vislumbrar el panorama y tomar acción en consecuencia. El problema radica en que frente a cada situación se puede ir generando una preocupación que se convierte en algo abrumador.

2. Preocupación excesiva por el futuro

¿Debo elegir estudiar medicina o leyes? Si elijo medicina debo considerar que pasaré muchos años en la escuela y quizá al final no encuentre trabajo y me quede solo porque no habré tenido tiempo para convivir con amigos y conocer a alguien para casarme; o puede suceder que me convierta en un exitoso doctor y llegue a ganar mucho dinero, pero entonces tendré que pensar en mudarme a otra ciudad y quizá eso me aleje de mis seres queridos. Si por otro lado me inclino por estudiar leyes, podría suceder que me vea envuelto en asuntos peligrosos al ejercer mi carrera o que pueda hacer trabajo social y ayudar a gente que lo necesite, pero entonces no tendré dinero para sobrevivir y tener una familia.

Al final es muy probable que se tenga que decidir por una carrera o la otra, pero haber imaginado todo lo que puede ocurrir ya permeó el estado de ánimo llenándonos de dudas y preocupaciones. Aunque se opte por otra profesión diferente igualmente existirán dudas y miedo sobredimensionados por haber pasado demasiado tiempo pensando lo que pueda pasar.

Por esta razón, todas las preocupaciones que se generan durante el análisis exhaustivo de una situación dan forma a una de las desventajas de pensar demasiado que las personas con estas características pueden enfrentar: la dificultad para poner un límite a las previsiones.

3. Caer en la inacción o la “parálisis por análisis”

Como hemos visto, hay decisiones que tienen “tiempo de caducidad". Llega un momento en el que hay que elegir. Cuando una persona que piensa demasiado se enfrenta a ese momento, puede ser que se incline por una opción de las muchas que pensó, y aún con duda o miedo o atormentándose sobre si será la mejor elección, al final tendrá que haber tomado una determinación.

Pero hay situaciones que no exigen una fecha o tiempo específico para actuar. No hay una presión social externa, y aunque la haya, de alguna manera se puede postergar. Incluso situaciones en las que precisamente se analiza si se debe o no llevar a cabo. En estos casos la toma de decisión puede extenderse conforme aparecen escenarios infinitos y preocupaciones y angustia por lo que podrá suceder.

Es en esta inacción donde proyectos creativos, familiares y profesionales se ven truncados. Ese negocio que nos entusiasma pero que no estamos seguros de que funcione, lo dejamos suspendido en forma de hipótesis, y nos perdemos en ideas vagas que pensamos y pensamos sin llegar a nada. El viaje que hemos soñado desde hace años pero no sabemos si podremos realizar. Mudarnos a esa ciudad o país que siempre nos hace ilusionarnos y donde nos han ofrecido trabajo pero en el que no estamos seguros de que nos vayamos a adaptar...

Si bien la acción debe estar acompañada de reflexión, debemos ser muy cuidadosos en no caer en las desventajas de pensar demasiado que nos dejan paralizados y sin tomar acción.

Por estas razones debemos entender que el establecimiento de planes es solo una fase del proceso, y detenernos ahí demasiado tiempo nos puede traer más frustración y angustias que la satisfacción de darle acción a nuestros pensamientos para dar paso al aprendizaje y la experiencia que nos da llevar a cabo nuestros planes.

4. Perfeccionismo y autoexigencia exacerbada

Es bueno también reconocer que pensar demasiado también es bueno. Es de utilidad para la fase de planeación de cualquier proyecto, es enriquecedor en el debate de ideas, en la estructuración del pensamiento crítico, el análisis de propuestas... obviamente en la elaboración de hipótesis e investigaciones y en la vida cotidiana misma tener un amplio panorama de posibles escenarios, es de ayuda en la toma de decisiones.

El problema de pensar demasiado es cuando esto se conjuga con el temor, el perfeccionismo y la autoexigencia, dejándonos imposibilitados de concretar una elección y postergando sin más razón que la de “aun lo estoy pensando” debido a que no hay una fecha que nos orille a tener un resultado. Además, un excesivo perfeccionismo puede dañar significativamente la autoestima.

Referencias bibliográficas:

  • Hewitt, J.P. (2009). Oxford Handbook of Positive Psychology. Oxford University Press.