Hace tiempo que la sexualidad dejó de ser un tabú. En los tiempos que corren, es un tema del que se puede hablar sin tapujos.

En esta dinámica, no solo se habla de las orientaciones más clásicas o conocidas, sino que se proponen otras nuevas o más bien se le da nombre a ciertas prácticas que ya existían. Es el caso de la sociosexualidad, concepto que vamos a explorar en profundidad a continuación.

¿Qué es la sociosexualidad?

Cuando hablamos de sociosexualidad, nos referimos a una forma de patrón de conducta sexual cuya principal característica es la preferencia por el mantenimiento de relaciones sexuales casuales por el mero placer físico, sin que medie un vínculo emocional entre los participantes y sin que exista un compromiso entre ambos.

En este sentido, un individuo que se identifique a sí mismo como sociosexual, va a preferir mantener relaciones íntimas con un amplio número de parejas sexuales, sin establecer ningún compromiso con ninguna de ellas. Por el contrario, alguien que no se enmarque dentro del concepto de la sociosexualidad, tendrá una preferencia por las relaciones sexuales con una persona con la que tenga un vínculo y estableciendo un compromiso.

Otra forma de decirlo es hablando en términos de restricciones. Siendo así, las personas que estén mayormente restringidos en cuanto a la sociosexualidad, se sentirán menos atraídos por la posibilidad de tener prácticas sexuales con nuevos individuos solo por el placer de hacerlo. En el otro extremo, los sujetos con una baja restricción en la sociosexualidad, optarán por ampliar todo lo posible el número de relaciones esporádicas.

El término, como tal, lo habría acuñado el biólogo y sexólogo Alfred Kinsey, en la primera mitad del siglo XX. Otros autores, como Simpson o Gangestad recuperaron el interés por este campo a principios de los años 90, creando una prueba de orientación sociosexual, que constaba de tan solo cinco ítems. Ya en el siglo XXI, Penke recogió el testigo para crear el SOI-R, que veremos en detalle más adelante.

Como vemos, no es exactamente una nueva orientación sexual, sino un nuevo término para una conducta sexual que ha existido siempre y que muchos individuos eligen. La cuestión es que, en el pasado, dicho comportamiento se solía mantener en secreto, pues las rígidas normas sociales de la época eran incompatibles con dichas conductas. Sin embargo, a día de hoy no supone un problema ni un estigma para la persona.

De hecho, existen incluso aplicaciones tremendamente populares que conectan a estos individuos para que puedan disfrutar de estos encuentros, si es lo que ambos buscan, sin ningún tipo de impedimento.

Cómo se mide la sociosexualidad

Probablemente algún lector se esté preguntando cómo se mide esto de la sociosexualidad. ¿Alguien es sociosexual o no lo es? ¿Es un concepto categórico o se puede dar en diferentes grados? Para poder medir este factor, el autor Lars Penke creó una herramienta llamada inventario de orientación sociosexualidad, o SOI-R.

Dicha prueba consiste en un cuestionario donde el sujeto a evaluar debe responder a nueve cuestiones. Dichos ítems se agrupan en tres categorías diferentes.

La primera de ellas es la de comportamiento, que indica la cantidad de personas con las que ha practicado el sexo sin que mediara una relación emocional o vínculo. Para ello se selecciona la opción numérica que encaja con la respuesta que se quiera dar, entre nueve rangos diferentes.

La segunda categoría es la de la actitud, que nos informará acerca de la opinión que el individuo tiene acerca de la sociosexualidad, es decir, hacia el sexo casual. Serán tres ítems los que permitirán extraer estos datos, presentando unas afirmaciones sobre las que el sujeto tendrá que indicar su conformidad con las mismas, en una escala que va desde muy en desacuerdo hasta muy de acuerdo, es decir, con una escala Likert.

Por último, encontraríamos la categoría del deseo, es decir, las ganas que la persona tendría de mantener relaciones de tipo sociosexual. Este campo está representado por los tres últimos ítems de la prueba SOI-R, donde se realizan preguntas que la persona debe responder con una de las nueve opciones disponibles, que van desde nunca hasta al menos una vez al día.

Con la información aportada por los nueve ítems, agrupados en las tres categorías que hemos explicado, se obtendría un perfil de la compatibilidad del sujeto con la sociosexualidad.

Factores de diferenciación entre las personas

Una cuestión interesante que se plantearon los investigadores es si factores como el género o la orientación sexual suponían una diferencia significativa en cuanto a la sociosexualidad de una persona. Los estudios realizados al respecto mostraron que, efectivamente, estas y otras variables suponen resultados diferentes en la medición de esta cualidad en los sujetos evaluados.

Se observó que los hombres tendían a lograr puntuaciones más altas al realizar la prueba SOI-R, respecto a las mujeres. Sin embargo, es importante indicar que dicha diferencia es en promedio, pues dentro del grupo de hombres, al igual que dentro del grupo de mujeres, hay una gran variabilidad, con sujetos que puntúan alto, otros que puntúan medio y otros que puntúan bajo.

Al introducir la variable de la orientación sexual, se aumenta la segmentación de los resultados. En el caso de las mujeres, fueron las que se declararon bisexuales las que denotaron un nivel de sociosexualidad más elevado, quedando por debajo aquellas que se identificaban como heterosexuales o como lesbianas. En el caso de los hombres, no se observaron diferencias en el campo de la actitud, pero sí en el del comportamiento.

En ese caso, los hombres homosexuales fueron los que mostraron una tasa de sociosexualidad más alta. En segundo lugar se situaron los hombres bisexuales. Por último, se encontrarían los hombres heterosexuales.

Pero esas no son las únicas variables que se han estudiado. Igualmente, se han medido las diferencias individuales asociadas a la sociosexualidad. Los estudios parecen indicar que las personas que puntúan alto en esta medida, también suelen hacerlo en otras como son la apertura a la experiencia, la extraversión o la impulsividad. A su vez, puntúan bajo, en promedio, en variables como la amabilidad, la humildad o la honestidad.

Las personas sociosexuales suelen tener menos problemas para asumir situaciones de riesgo y son más erotofílicas. En cuanto al estilo de apego, se observa que predomina en estos individuos el apego de tipo evitativo, siendo menos probable el desarrollo de un apego seguro. En las mujeres, la uniformidad en los ritmos circadianos y la masculinidad también presentan una correlación con la sociosexualidad.

Pero la lista de diferencias individuales no termina ahí. También se ha observado una mayor puntuación en la conocida como triada oscura, que se compone de las variables de psicopatía, maquiavelismo y narcisismo, en aquellas personas con un alto nivel en la condición que nos ocupa. El autocontrol también sería una de ellas.

Finalmente, al contemplar las variables relacionadas con la religión de las personas estudiadas, se observó que una orientación religiosa intrínseca, es decir, aquella en la que la religión es el fin en sí mismo, correlacionaría con una sociosexualidad baja. Por el contrario, las personas que se orientan a la religión de manera extrínseca, o lo que es lo mismo, para lograr otros objetivos, tenderán a puntuar más alto en esa característica.

Motivaciones de la sociosexualidad

Ahora nos centraremos en explorar algunas de las motivaciones que se esconden detrás de una alta sociosexualidad. Respecto a las mujeres, parece que aquellas con alta puntuación en dicha orientación perciben ciertos beneficios a corto plazo. Algunos podrían ser la obtención de determinados recursos y otros simplemente se referirían a la propia gratificación sexual obtenida durante el acto.

En los hombres, por el contrario, no se observa esta búsqueda del beneficio a corto plazo. Los hombres con baja sociosexualidad se fijarían más en los rasgos sociales de una mujer atractiva, mientras que los altamente sociosexuales fijarían su atención en los propios rasgos físicos por los cuales dicha mujer les parece atractiva.

En el caso de las mujeres, si puntúan más alto en la condición de sociosexualidad, probablemente tenderán a interesarse más por lo popular que pueda ser un hombre atractivo respecto a aquellas que puntúen más bajo en dicha variable. Sin embargo, estas últimas mostrarán un mayor deseo de establecer un compromiso con su pareja sexual.

Tanto los hombres como las mujeres que tienen un alto grado de sociosexualidad, parecen preferir mantener relaciones con personas experimentadas. En el caso de las mujeres que no concuerdan con la condición sociosexual, tienen preferencia por las relaciones sexuales con individuos inexpertos.

Por último, el atractivo físico es una condición más importante para las personas sociosexuales, mientras que aquellas que no lo son tienden a fijarse más en las cualidades de la persona y en aquellos factores relacionados con la potencial crianza. Además, la percepción de riesgo ante enfermedades infecciosas puede hacer descender el nivel de sociosexualidad de una persona.

Referencias bibliográficas:

  • Kinsey, A.C., Pomeroy, W.B., Martin, C.E., Gebhard, P.H. (1998). Sexual behavior in the human female. Indiana University Press.
  • Kinsey, A.C., Pomeroy, W.B., Martin, C.E. (2003). Sexual behavior in the human male. American Journal of Public Health.
  • Penke, L. (2011). Revised sociosexual orientation inventory. Handbook of sexuality-related measures.
  • Simpson, J.A., Gangestad, S.W. (1992). Sociosexuality and romantic partner choice. Journal of personality. Wiley Online Library.