Los demás suelen contar contigo. Sabes escuchar, resolver problemas y, si alguien te pide ayuda, siempre estás disponible. Y cuando eres tú quien está pasando por un mal momento, sueles responder: «No te preocupes, no pasa nada, estoy bien».
Puede que te guste ser alguien en quien otros se apoyen. Pero también hay días en los que te gustaría que alguien se diera cuenta de que tú estás cansado. Que te preguntara cómo estás y se quedara a escuchar la respuesta. O, tal vez, a veces, simplemente necesitarías no estar disponible. Porque poder con muchas cosas no significa que no pesen.

Silvia Crespo Flores
Silvia Crespo Flores
Psicóloga Sanitaria
Cuando hacerse cargo se vuelve lo habitual
Puede que desde siempre hayas tenido que aprender a resolver problemas por tu cuenta o responsabilizarte de cosas que no te correspondían. Quizá en tu familia había poco espacio para tus dificultades, necesitabas no preocupar a nadie o recibías reconocimiento por ser responsable y no dar problemas. También puede que, en algún momento, pedir ayuda no sirviera de mucho.
Otras veces, este lugar se va construyendo poco a poco. Empiezas asumiendo algunas responsabilidades y terminas siendo quien organiza, anticipa lo que hace falta y está pendiente de cómo se encuentran todos. Los demás se acostumbran y tú también.
Cada historia es diferente. Pero, cuando llevas tanto tiempo funcionando de esta manera, puedes dejar de preguntarte si quieres o puedes hacerte cargo. Simplemente lo haces.
Necesitar a alguien puede ser un riesgo o resultar incómodo
Quizá en algún momento aprendiste a estar pendiente de los demás, complacer o quitarle importancia a tu malestar. Puede que esas formas de adaptarte fueran necesarias en las relaciones que tenías. Y ahora, cuando piensas en pedir ayuda, aparecen pensamientos como «no es para tanto», «hay gente que está mucho peor» o «debería saber gestionarlo».
¿Qué ha pasado en tu historia para que te cueste apoyarte en alguien? Tal vez te preocupa ser una carga o has vivido situaciones en las que mostrar tu malestar no fue bien recibido. O te resulta extraño mostrarte inseguro ante personas que suelen verte como alguien fuerte.
Esa dificultad puede dejarte bastante solo, aunque tengas gente cerca. Los demás ven lo que resuelves, pero no siempre conocen el esfuerzo que te supone ni lo que estás necesitando.
El cansancio no siempre se nota desde fuera
Es posible seguir trabajando, cumpliendo y atendiendo a todo el mundo mientras te sientes desbordado. A veces lo notas en que tienes menos paciencia, cualquier petición te pesa o te cuesta disfrutar de cosas que antes te apetecían.
También puede aparecer enfado: «¿Por qué tengo que estar siempre pendiente yo?». Después, quizá te sientes culpable por pensarlo, especialmente si quieres a las personas a las que cuidas.
Ese enfado merece ser escuchado. Puede estar señalando que estás asumiendo demasiado, que necesitas más reciprocidad o que llevas tiempo dejando tus propias necesidades para después. Querer a alguien y estar cansado de hacerte cargo de tantas cosas pueden convivir.
Dejar espacio para que también te cuiden
Cambiar esta forma de relacionarte puede dar vértigo. Si estás acostumbrado a hacerte cargo de todo y estar siempre disponible, puede que te asuste hacer algo diferente por cómo puedan reaccionar los demás o por las consecuencias que pueda tener. Incluso puede que aparezca la culpa.
Puedes empezar por algo pequeño: contar cómo estás sin restarle importancia, pedir una ayuda concreta o detenerte antes de aceptar otro compromiso. Preguntarte «¿tengo espacio para esto?» permite que tu respuesta también te tenga en cuenta.
Habrá personas que respondan con cercanía y otras a las que les cueste adaptarse. Tú también puedes necesitar tiempo para sentirte cómodo recibiendo apoyo.
En terapia podemos explorar cómo has llegado a ocupar ese lugar, qué temes que ocurra si dejas de responder siempre y qué necesitas en tus relaciones. Contar con un espacio donde puedas mostrar cansancio, dudas o enfado sin tener que cuidar a quien te escucha puede ser un comienzo importante.
Si te has reconocido en estas líneas y sientes que necesitas apoyo, puedes ponerte en contacto con nosotros. Te acompañaremos a comprender lo que te pasa y a encontrar una manera de cuidar tus vínculos en la que también haya sitio para ti.

Silvia Crespo Flores
Silvia Crespo Flores
Psicóloga Sanitaria








