El deseo sexual es, según Kaplan, un impulso producido por una red de células nerviosas del cerebro cuyo funcionamiento afecta a los órganos genitales durante las fases de orgasmo y excitación.

Por otro lado, según Cottraux, es una fase en la secuencia del comportamiento sexual que se traduce en fenómenos afectivos, precediendo al comportamiento consumatorio, representándose como una anticipación de las actividades sexuales, siendo consciente y el resultado de procesos mentales y fisiológicos y bioquímicos. Aquí conoceremos algunos aspectos del funcionamiento del deseo sexual tanto en los casos en los que hay trastornos que afectan en este como en los casos en los que estos no se dan.

El papel de las hormonas en el deseo sexual

La testosterona interviene de modo efectivo en el aumento de la frecuencia de las tumescencias nocturnas del pene. En la mujer también son los andrógenos la base el deseo sexual.

El efecto de la testosterona sobre el deseo sexual no es inmediato, sino que hay que esperar de siete a diez días para observar un aumento de su presencia. Los andrógenos no se relacionarían con el funcionamiento sexual mismo, sino con el apetito sexual. Sus efectos se situarían más en la esfera del deseo.

Aspectos afectivos y mentales

El deseo sexual está aliado con las experiencias de placer. Los episodios sexuales vividos satisfactoriamente suelen actuar como motor de sucesivas experiencias. De igual modo, las ideas negativas acerca el sexo, las experiencias altamente frustrantes o dolorosas asociadas a la experiencia sexual, parecen tener un claro efecto inhibidor. El deseo sexual está claramente influido por los procesos psicológicos de tipo emocional.

Por otro lado, la calidad del vínculo afectivo existente en la relación de pareja puede llegar a afectar mucho a la presencia del deseo. Y las fantasias sexuales, como forma de anticipación y de recreación sexual, parecen ser un motor del deseo sexual.

Factores a tener en cuenta

El deseo sexual ha de verse en relación a varios factores, los cuales veremos a continuación.

1. Importancia de las fantasias

Cargan de energía al deseo y meten ese componente de juego necesario en las relaciones sexuales y refuerzan la conducta, anticipando la posibilidad de aparición de un encuentro y preparando el sistema neuroquímico para ello. Cuando la relación se convierte en monótona, esa parte divertida, necesaria, va desapareciendo.

2. Las dinámicas del sistema límbico

Hay ocasiones en que en nuestro sistema límbico, en la parte emocional, hay una "grabación" primitiva que carga negativamente contra la respuesta sexual, sintiéndolo como algo malo, ya sea por experiencias o por los mensajes transmitidos desde nuestro entorno.

3. Los aprendizajes sexuales son importantes

Si la persona ha tenido malas experiencias, no habrá un buen aprendizaje sexual, tendiendo el sistema a evitarlo y dando lugar a la ausencia de deseo. Esto ocurre con frecuencia cuando el sexo se convierte en algo obligado o que se hace por un compromiso con la pareja más que por un deseo.

4. El objeto de atracción sexual es muy importante

Esto influye tanto como si la pareja deja de gustarnos, como si existe una homosexualidad encubierta que impide que la persona pueda expresar sus deseos de forma natural y sana.

5. La educación sexual que recibe la persona y la percepción del otro es básica

Si entendemos que el otro sexo va a usarnos, utilizarnos o hacernos daño, el componente de atracción va a ser ambivalente, una parte lo necesita y otra lo recha. Aquí incluimos cuando la conducta sexual en si mismo se considera peligro ya sea por posibles embarazos, o anticipación a la relación como algo que genera alerta.

Trastornos de la falta del deseo

La sexualidad normal: No debemos sacar la interpretación errónea de que todo estado hipoactivo de deseo es igual a trastorno. La falta de deseo o deseo bajo se convierte en problema cuando la persona vivencia tal situación con carencia generando angustia.

Causas físicas de la falta de deseo

Algunas disfunciones con origen físico pueden interferir en la aparición del deseo sexual. Las más comunes son las siguientes:

  • Bajo nivel de testosterona.
  • Problemas de tiroides.
  • Anemia.
  • Epilepsia.
  • Alto nivel de estrés, cansancio.
  • Estados depresivos.
  • Drogas: ansiolíticos, antidepresivos, sedantes y tranquilizantes.

Causas psicológicas de la falta de deseo

Las más frecuentes son las siguientes:

  • Miedo al fracaso. Falta de placer en alguna de sus relaciones sexuales.
  • Miedo ante alguna disfunción como vaginismo, eyaculación precoz, dolor...
  • Miedo al placer (a ser consideradas guarras) o ideas negativas sobre el sexo.
  • Angustia por miedo a tener hijos o adquirir el nuevo rol de madre.
  • Cuando el afecto disminuye ya que la mujer sobre todo relaciona afecto y sexo o simplemente la no atracción sexual de la pareja.
  • Miedo al descontrol (causa muy importante).
  • Ausencia de fantasias.
  • Presencia de relaciones sexuales sin ganas.
  • Uso de técnicas sexuales no agradables.

Un aparte requiere las personas que han sufrido algún tipo de abuso en esta área. El porcentaje de la población general de mujeres y hombres que han sufrido algún tipo de abuso infantil es muy alto. Eso puede generar una respuesta traumatizada ante el componente sexual, con una tendencia a la evitación. En muchos casos la persona no puede acceder a esa información por distintos motivos, como forma de defensa de nuestra mente, apareciendo una respuesta de congelación ante la conducta sexual, sin una causa que la persona pueda identificar.

Técnicas de tratamiento

Estas son las técnicas más utilizadas en psicoterapia ante este tipo de problemas:

  • Exploración física y tratamiento de los problemas de origen fisiológico, si los hubiera.
  • Lectura erótica.
  • Revivir mentalmente situaciones sexuales agradables.
  • Técnicas del placereado: ejercicios en los que se excluye el coito por un tiempo.
  • Planificar relaciones sexuales con la pareja.
  • En caso de evaluarse un posible trauma, el trabajo es recomendable que este dentro del marco terapuetico.