Un fenómeno explicado por la psicología social. Pixabay.

Las personas no actuamos igual en solitario que cuando estamos dentro de un grupo. Tampoco lo hacemos igual cuando estamos con otra persona.

Es decir, la presencia (real, imaginada o implícita) de los demás influye en cómo pensamos, sentimos y nos comportamos. La psicología social se encarga de estudiar y entender estas relaciones e influencias.

Dentro de ella, existen numerosos fenómenos que aparecen en la interrelación de las personas y en la percepción que tenemos de estas. Hoy hablaremos de uno de ellos: el efecto MUM. A todos nos gusta dar buenas noticias, pero, ¿y las malas? ¿Ocurre lo mismo con ellas? Lo veremos a continuación.

¿En qué consiste el efecto MUM?

Cuando debemos comunicar una mala noticia, es frecuente que nos resistamos a ello o las distorsionemos, incluso que las hagamos menos negativas. Esto ocurre aunque no tengamos nada que ver con tal noticia.

La razón radica en que no queremos que nos asocien con el suceso negativo, y como consecuencia, que nos consideren menos atractivos.

El efecto MUM ocurre ante una gran variedad de noticias, circunstancias y posibles receptores. Aún así, aunque sea un efecto muy frecuente y validado, no es un fenómeno universal. Pensemos por ejemplo en los telediarios; tenemos la sensación de que “siempre” transmiten malas noticias; o por ejemplo los mitos, los rumores, etc.

Parece entonces que el efecto MUM está asociado a situaciones en las que las noticias afectan al bienestar propio o del posible receptor.

¿Por qué aparece? Sus causas

El efecto MUM tiene que ver en psicología social con las teorías del refuerzo. Las teorías del refuerzo (Lott y Lott, Byrne) nos hablan de la atracción hacia personas que están presentes o que hacen algo que activa un afecto, sea positivo o negativo.

Por otro lado, las personas, ya sea de forma consciente o inconsciente, buscamos gustar a los demás, sentirnos aceptados, etc. Esto es un fenómeno natural y humano, que se da para conservar y potenciar la autoestima.

En general, podemos hablar de varias preocupaciones que dificultan o impiden que comuniquemos malas noticias:

  • Preocupación por nuestro propio bienestar, queriendo evitar un sentimiento de culpa.
  • Preocupación por el bienestar del receptor (por empatía) al recibir una mala noticia.
  • Usar como guía normas situacionales como “hacer lo que se debe hacer”.
  • Miedo a que nos asocien con la mala noticia y en consecuencia, que resultemos menos atractivos.

Estas cuatro explicaciones han sido evidenciadas por la experimentación científica para explicar las causas del efecto MUM. De esta forma, y en relación al primer punto, la preocupación por el propio bienestar, estamos hablando de un miedo a tener un sentimiento de culpa por estar comunicando algo negativo a alguien.

Podemos relacionar esto con la “creencia de un mundo justo”, esto es, creer que no existen las injusticias y que todos tenemos lo que nos merecemos (tanto bueno como malo). Se trataría de un sesgo cognitivo de la visión de la realidad, que manifiestan muchas personas.

Así, comunicar algo que además de malo es injusto, entraría en conflicto con nuestras creencias sobre el mundo, y podría generar además estos sentimientos de culpa o incluso tristeza. Y, por supuesto, las personas tendemos a evitar el sentimiento de malestar o tristeza.

Preocupaciones por dar malas noticias

Ahondando un poco más en estas preocupaciones, se conoce que tampoco queremos que el receptor se sienta triste “por nuestra culpa”, aunque sea un pensamiento irracional y no tengamos nada que ver con la noticia. Somos el mero transmisor, pero sin embargo, cuando se pregunta a las personas por qué deberían o no comunicar buenas o malas noticias, suelen centrar su atención en el receptor.

El efecto MUM también ocurre cuando cometemos un error frecuente: presuponer que el receptor no querrá escuchar la mala noticia.

Pensemos por ejemplo en los médicos; se ha visto en algunas encuestas que muchos creen que los pacientes no quieren escuchar malas noticias. Sin embargo, estos últimos afirman querer escucharlas.

Se sabe que cuanto más bueno es un mensaje, más disposición tendremos a transmitirlo. Pero no ocurre de la misma forma cuando el mensaje es negativo, ya que una vez es malo; no importa si lo es en mayor o menor medida, ya que la disposición a comunicarlo siempre será baja.

Reglas sociales y receptor en el efecto MUM

A menudo no existen reglas claras sobre qué hacer con las malas noticias, si comunicarlas o no. Parece ser que cuando las noticias son buenas, las normas son más claras que cuando son malas.

Además, muchas veces, al decir una mala noticia, se producen consecuencias en el receptor (tristeza, ira, enfado…) que no siempre sabremos gestionar. Esto puede causar miedo, además de la preocupación por no querer parecer un entrometido o entrometida. Para evitar estar sensaciones, ocultamos las malas noticias.

El efecto MUM se reduce cuando los emisores saben a ciencia cierta que el destinatario de las noticias (sean buenas o malas) quieren conocerlas. Así, el miedo o preocupación a dar malas noticias se disipa, y acabamos por expresarlas sin distorsionarlas.

Referencias bibliográficas:

  • Tesser, A., & Rosen, S. (1975). The reluctance to transmit bad news. In L. Berkowitz (Ed.). Advances in experimental social psychology, Vol. 8, pp. 194-232. New York: Academic Press.
  • Hogg, M.A. (2010). Psicología social. VAUGHAN GRAHAM M. PANAMERICANA. Editorial: PANAMERICANA