Todo empieza por potenciar la autoestima. Unsplash

En las relaciones personales ocurre algo curioso: una vez que hemos decidido luchar por el bienestar de las personas de nuestro entorno y empezamos a sacrificarnos por los demás, nuestros actos de bondad del pasado pueden llegar a esclavizarnos. O, al menos, si perdemos el control de la situación.

El motivo de esto es que si todo el mundo asume que estamos ahí para lo que los demás necesiten, dejar de ofrecer nuestra ayuda y nuestros esfuerzos pasa a ser una muestra de egoísmo, o incluso de crueldad. Ahora bien, es posible romper con esta dinámica y luchar por uno mismo en vez de hacerlo siempre por los demás.

7 claves para vivir para mí y no para otros

A la hora de ganar autonomía y libertad, es necesario actuar tanto en nuestras creencias y pensamientos como en nuestros hábitos. Veamos cómo hacerlo. Todo esto, para responder a la pregunta de: ¿cómo empezar a vivir para mí?

1. Trabaja en la autocompasión

Hay quien dice que quienes viven por y para los demás lo hacen porque experimentan algo similar al masoquismo. Esta clase de afirmaciones son claramente una exageración, pero contienen algo de verdad.

Y es que quien se ha acostumbrado a sacrificarse siempre por otras personas lo hace en base a una creencia muy interiorizada según la cual uno mismo le debe algo al resto; es decir, que su existencia debe ser compensada constantemente por buenas acciones. Los motivos por los que se ha adoptado esta creencia pueden variar mucho según el caso, pero ese sentimiento de desprecio hacia uno mismo está ahí.

Es por eso que resulta imprescindible trabajar en la autocompasión, abrazar el hábito de no juzgarse a uno mismo constantemente y de manera cruel.

2. Adopta una perspectiva distanciada

En las situaciones en las que hay choques de intereses que suelen resolverse en una persona aceptando siempre las condiciones de las otras, es bueno que la que se sacrifica aprenda a adoptar una perspectiva más objetiva.

Para ello, es necesario que se ciña a datos que resultan innegables y que saque conclusiones a partir de la reflexión sobre los mismos. Para hacer esto puede ser útil incluso utilizar bolígrafo y papel y apuntar en una tabla las ventajas e inconvenientes que aceptar esa propuesta tiene para uno mismo, por un lado, y para la otra persona u organización, por el otro.

3. Aprende a decir que no

Algo tan sencillo como decir que no ante ciertas peticiones hace mucho bien, especialmente cuando hasta ese momento estábamos aceptando cualquier petición que nos planteasen.

Lo complicado en estos casos es saber gestionar la ansiedad que pueden llegar a producir las situaciones en las que queremos declinar una de estas “invitaciones” a esforzarnos para que otra persona se beneficie de ello. En este sentido no hay más truco que auto-obligarse a ello, proponerse firmemente que, pase lo que pase, debemos responder con un claro “no”.

Plantéatelo así: puede que te parezca cruel tener que hacer eso, pero eso solo es porque probablemente no tienes la costumbre de realizar peticiones y “malos tratos” a los demás y, por consiguiente, tampoco te has acostumbrado a que te nieguen esta clase de favores.

4. Detecta formas de manipulación

No es fácil, pero para liberarse de la costumbre de vivir para los demás hay que aprender a reconocer la manipulación allí donde se da.

Por ejemplo, acusaciones de haber pedido con anterioridad favores que en realidad no fueron atendidos o de tener mucho tiempo libre pueden parecer muy evidentes si quedan explicados por escrito, pero en el transcurso de un diálogo en tiempo real pueden funcionar y hacer que nos sintamos culpables de un modo irracional, sin caer en lo cínico de esta clase de planteamientos.

5. Acepta la posibilidad de dejar que se vayan personas

Hay relaciones que, aunque en muchos casos empezaron bien, con el tiempo solo se mantienen a partir del chantaje emocional y los conflictos enquistados. Esto es natural y con el paso del tiempo es casi inevitable que no pasemos por una de estas situaciones.

Pero más importante que el dolor que relaciones tóxicas como estas puedan producirnos, es aceptar que no pasa nada por cortar el contacto con alguien que ha estado en nuestro día a día durante mucho tiempo. Básicamente porque lo contrario es que estas personas pueden usarnos como “rehenes” para que hagamos lo que quieren a cambio de que no se marchen de nuestro lado.

6. Date caprichos

Empezar a respetarse a uno mismo es una manera de hacer que nuestras acciones empiecen a formar nuevas creencias sobre la propia identidad. Y es que si nos tratamos habitualmente con respeto y cariño, al final nuestra propia autoimagen tiene muchas posibilidades de ajustarse a esta nueva realidad, desprendiéndose de ideas preconcebidas de culpabilidad. La autoestima también es clave en este proceso.

7. Lánzate a nuevos proyectos personales

Si todo el mundo parece muy atareado y te pide cosas para que ayudes a cumplir objetivos ajenos, también puede ser, en parte, porque tú no tienes objetivos importantes que cumplir. Por eso, inicia aventuras y desarrolla proyectos que te interesen de verdad. Así, saldrá de ti usar tu tiempo en actividades que te llenen, y no siempre para contentar a otros.