La infoxicación es un fenómeno que surge de la inclusión de las nuevas tecnologías en nuestro día a día, en el que la cantidad de información que recibimos nos satura y nos supera. Recibimos mucha información, pero ésta no siempre es de calidad ni llegamos a profundizar en ella.

En este artículo, Instituto de Asistencia Psicológica y Psiquiátrica Mensalus nos habla de un interesante tema: la gestión del exceso de información.

Sobredosis de información

¿Puede agotar psicológicamente el exceso de información?

El exceso de información de cualquier tipo puede generar estrés y tener consecuencias a nivel funcional.Especialmente, con la llegada de las nuevas tecnologías, hacer un «click» ofrece la posibilidad de estar en permanente conexión con la información. 

La inmediatez con la que accedemos a cualquier tipo de fuente nos abre las puertas a una dimensión infinita. Cada movimiento conduce a un espacio virtual distinto, siempre existe una posibilidad por explorar. El mundo cambia constantemente. En un segundo algo empieza y algo termina. La gran pregunta es: ¿hasta dónde queremos estar informados? 

Y, ¿hasta dónde nos informamos? Estar hiperconectados, sí, puede agotarnos psicológicamente. Además, la sensación de acumular cada vez más mensajes por responder, más links por consultar, más conversaciones por participar, puede generar una sensación de auténtica saturación mental

¿Qué más ha cambiado el «click»?

«La revolución del click» como algunos la llaman, sin darnos cuenta, ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y de ver el mundo. Vivimos en una realidad distinta, disponemos de mucha más información instantánea (lo último en fugacidad: los Smartwatch) y, por ello, es importante aprender a gestionarla. 

Esto no es ni bueno ni malo, es distinto. Cuando hablamos de una buena gestión resaltamos la diferencia entre estar informados e informarnos de aquello que necesitamos. En Occidente existe una creencia archirepetida y extrapolable a distintos ámbitos: el “cuanto más, mejor”. En el caso de la información (como en muchos otros) podríamos discutirlo largo y tendido.

¿Por qué vivimos enganchados a las nuevas tecnologías?

Así pues, en realidad, ¿necesitamos tanta información?

La necesidad se crea y desaparece, nuestra sociedad lo hace constantemente. Lo que en un momento puede parecernos importante, luego deja de serlo. Atender a las necesidades del momento y establecer un orden de prioridades ya es un modo cribar y gestionar los mensajes que nos llegan.

Por naturaleza, siempre deseamos obtener más información aunque no siempre podamos retenerla y digerirla. Quizás, ahí se encuentra el límite: cuando la cantidad de información me genera un elevado nivel de estrés que, impide incluso, concentrarme en aspectos de mi vida diaria, relajar mi mente, estar presente y disfrutar del aquí y ahora....

¿Estoy absorbiendo demasiada información? Respondida esta pregunta: 

  • ¿Necesito lidiar con tal cantidad de mensajes? 
  • ¿Puedo decir no? 
  • ¿Quiero hacerlo?

En realidad tenemos el poder de decidir qué información deseamos y cuál no.

¿Qué es exactamente la infoxicación?

La infoxicación es un término que refiere al exceso de información y que se relaciona con el hecho de estar en permanente activación. Esta realidad puede generar incapacidad por parar y profundizar (tal y como dice el refrán: “quien mucho abarca, poco aprieta”).

Existe un interesante concepto para definir el funcionamiento de la persona infoxicada: el "working interruptus", es decir, aquel individuo que abre muchos temas pero la mayoría se quedan a medias. Al final, el “tocar tantas teclas” es lo que genera un elevado nivel de estrés ante la imposibilidad de responder a todas ellas.

Síntomas y problemas

En resumen, ¿cuándo podríamos decir que una persona está infoxicada?

Cuando siente que no puede manejar toda la información que cree que debería y esto le genera ansiedad y otras consecuencias a nivel psicológico y físico como falta de concentración, desánimo, apatía, tensión muscular y fatiga.

Una actitud habitual en la persona infoxicada es la incapacidad por leer un texto pausadamente (las famosas lecturas en diagonal) y/o leer sin entender. En estos casos, comentarios del tipo «ya no recuerdo lo que he leído» son representativos de la falta de atención durante la lectura. De hecho, muchas veces la persona ha realizado una lectura totalmente distraída sin intención de profundizar en su contenido, únicamente con la finalidad de “tachar” la información como “atendida”. Esto sucede especialmente con la gestión de correos electrónicos (los individuos infoxicados es habitual que tengan la bandeja de entrada repleta de “sobres” pendientes).

¿Cómo podemos hacer una buena gestión de la información?

Por ejemplo, fijándonos en la calidad en lugar de la cantidad. Tal y como decíamos, estar todo el día conectado a multitud de fuentes puede confundir y generar distress.

Así mismo, entrar en contacto con las necesidades de cada instante nos ayuda a decidir qué prioridad damos a la información. Lo que nos resulta útil en un momento vital (por ejemplo: “me divierte estar en distintas redes sociales y participar en distintos grupos y foros”) puede que cambie (“llevo unas semanas especialmente ajetreado en el trabajo y me resulta un esfuerzo participar con la misma frecuencia”).

Las personas funcionamos por hábitos, pero esto no significa que no podamos cuestionar su sentido y plantearnos un cambio. Los automatismos, en ocasiones, nos dificultan el “dejar ir” y poner límites a aquello que ya no deseamos abarcar. Por otro lado, nuestro estado de ánimo también nos indica cuándo precisamos un cambio. Estar atentos a cómo nos sentimos y el significado que se esconde detrás de la emoción es un modo de poner freno al impulso de absorber más información.

Recuperando el "aquí y ahora"

Es curioso como, muchas veces, no somos conscientes de la cantidad de información que gestionamos diariamente, la repercusión que tiene en nosotros (cómo nos hace sentir) y, lo más importante, si queremos o no tomarla. ¿Qué herramientas podemos entrenar para ser más conscientes de nuestras necesidades y de nuestro mundo emocional?

Existen multitud de técnicas y ejercicios dirigidos a estar presentes física y mentalmente en el “aquí y ahora” por medio de la detección de pensamientos y emociones. 

Para conectar con nuestras necesidades, en primer lugar, tenemos que aprender a parar y sentir el momento presente. Un buen ejercicio consiste en disfrutar de la respiración profunda mientras nos fijamos en aquello que sucede a nuestro alrededor sin vernos obligados a responder. 

Es revelador cuando estamos especialmente acelerados y experimentamos la sensación que el estado de contemplación, por momentos, genera en nosotros. Comprender que podemos frenar nos convierte en personas más libres y permisivas con nosotras mismas y los demás...