La identidad también se construye con otros: es relacional y colectiva

Describimos el modo cómo nuestra identidad se construye en sociedad.

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La comprensión relacional y colectiva nos saca de una mirada individualista que entiende la identidad como la imagen que tenemos de nosotros mismos a partir de características esenciales o intrínsecas que nos distinguen de otros. Esta perspectiva se retroalimenta de las palabras Auto: Autoconocimiento, autoestima, autosuficiencia, autocuidado, entre otras que refuerzan discursos individualistas que nos oprimen y que generan sentimiento de culpa y frustración. Consideramos que la falla, dificultad, problema o cualidades y características que nos enorgullecen están siempre y solo en nosotros, en nuestro yo.

Por ejemplo, es muy notorio como cada vez más se ha ido internalizando el discurso de ser autosuficiente, en donde ya no es otro externo quien me señala y me enjuicia. Ahora interiorizamos esa presión social y somos nosotros mismos quienes nos exigimos internamente sintiendo que nunca es suficiente quienes somos y lo que hacemos. A su vez, la autosuficiencia recalca que la meta y los logros son más validos si llegamos por nuestros propios méritos y solos. Necesitar ayuda y acompañarnos de otros es visto como debilidad, depender de otros no es algo deseable para la construcción de una identidad que busca hacerse sola así misma.

Siempre nos hacemos en relación a otros

Si bien, la responsabilidad de nuestros actos es importante y hay aspectos individuales e intrapsíquicos, el significado que le damos a estos aspectos esta siempre inscrito dentro de un consenso social que lo carga de significado. Dicho esto, es necesario dejar de centrar todo en el yo como identidad separada y pensarnos también como una identidad colectiva, donde los otros juegan un papel muy importante en la manera como nos vemos a nosotros mismos y el sentido que le damos a quienes estamos siendo.

Esto nos permite entender que la identidad no es natural ni estable, sino que justamente se va construyendo de nuestros vínculos y experiencias y por lo tanto va cambiando. Las relaciones que vamos teniendo en nuestra vida influyen en la construcción de nuestra identidad. Somos un tejido de lo que hemos ido experimentando, de las personas que han hecho parte de nuestra historia vital y de su retroalimentación hacia nosotros.

Si hacemos el ejercicio reflexivo de ver como se hicieron importantes para nosotros ciertos valores, creencias, deseos, sueños, metas, etc. que abanderamos en nuestra vida y que hacen parte de nuestra identidad, seguro aparecen en el recuerdo nuestros papás, amigos, profesores e incluso escritores, mascotas, películas con las cuales hemos tenido algún tipo de relación y que han sido significativos para nosotros.

De igual modo, muchos de lo que nos duele, nos frustra, nos angustia tiene una historia que contiene a otros en el escenario. Interiorizamos la mirada de otros en la construcción de quien somos. Existe una relación de reciprocidad y, por lo tanto, nuestros vínculos impactan en la manera como nos concebimos y nosotros impactamos en la vida de otros. Además, las características que rechazamos de nosotros es probable que hayan sido rechazadas por otros, al igual, que las cualidades que nos gustan de nosotros mismos es posible que hayan sido aplaudidas y validadas por otros.

Si entendemos que nuestra identidad es colectiva y relacional, comprendemos que siempre que hablamos de quienes somos, estamos priorizando unos aspectos de nuestra vida sobre otros. No siempre nos describimos de la misma manera, esto varía según las personas con las que estemos y el contexto. Y es que, al ser seres complejos, podemos incluso hablar de identidades, no tenemos solo una, tenemos muchas que apelan a nuestras multihistorias y a las diferentes relaciones que vamos teniendo en nuestra vida.

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La identidad se construye colectivamente

Existen discursos sobre cómo debería ser una persona, es decir, sobre las características que son socialmente aceptadas y las que son negadas o rechazadas. Por ejemplo, la fortaleza es una característica deseable en nuestra identidad porque se nos dice que nos llevará a lograr lo que queramos, en cambio la fragilidad o la vulnerabilidad no son deseadas en un mundo que se busca alcanzar cierto tipo de éxito y reconocimiento.

Estos discursos sociales que reproducen “verdades” y “normas” de como deberíamos pensar, sentir y actuar, nos generan ansiedad, frustración, miedo, angustia y tristeza al sentir constantemente que nunca somos suficientes y que el problema somos nosotros mismos. Es importante comprender que la vulnerabilidad, la tristeza y demás características vistas como negativas en realidad son vistas de esta manera porque piden pausa y van en contravía con un sistema capitalista que tiene como objetivo la eficiencia, la producción y el consumo. Que utiliza las palabras auto para recordarnos que debemos trabajarnos constantemente a nosotros mismos, perfeccionarnos para ser productivos y funcionales en un sistema impuesto.

Qué pasaría si vemos los supuestos “problemas”, “deficiencias”, “fallas” de nuestra identidad como actos de resistencia que vienen a mostrarnos cosas que son importantes para nosotros y que se escapan de la norma, buscando encontrarse en la diversidad. La comprensión de que todas esas características que me gustan de mí misma se han ido construyendo con otros me permite ser más conscientes de la responsabilidad en común que todos tenemos con todos.

Así como ser consciente de que vínculos me están generando malestar y el porqué. Pensar nuestra identidad o identidades de maneras complejas y relacionales nos permite mayor capacidad de agencia y decisión al distanciarnos de miradas individualistas en donde todo el peso de quien somos recae sobre nosotros. Pensar no quien soy sino quien estoy siendo con otros es fundamental.

Reflexionar sobre el impacto que otros tienes en mí y la influencia que yo tengo en otros es reivindicar lo colectivo y lo social. Esta postura crítica nos permite una comprensión más empática y abierta de nuestra identidad y de la de otros. También, visibiliza y resiste a esos discursos individualistas centradas en un yo, que silencia la complejidad que nos abarca como seres humanos y nos culpabiliza de todo lo que nos sucede ocultando dinámicas macro que nos interpelan y que pueden generarnos malestar. Entre esas las relaciones de poder, las inequidades estructurales en las que vivimos y las opresiones bajo la noción de “normalidad” a identidades diversas que se construyen con otros y que buscan liberarse del yugo del sí mismo.

Los saberes que tenemos de nosotros mismos no son cosas abstractas como creemos de la autoestima o la autoimagen, son tejidos de relaciones, son procesos cambiantes y siempre están vivos. Estamos siendo todas las multihistorias que habitan en nuestra sociedad, cultura, familia, amigos, escuela, internet, etc. y por supuesto, el significado que nosotros mismos les vamos dando. La noción de identidad que busca responder a la pregunta ¿quién estoy siendo? es un baile entre el mundo interno y el mundo externo. Pararnos en un solo lado nos quita la riqueza que habita en la complejidad que nos hace seres humanos.

Te acompaño desde un lugar de cuidado, empatía y respeto. Soy Nathaly Prieto, psicóloga con énfasis en las prácticas narrativas y saberes ancestrales. Trabajo con temas de baja autoestima, falta de sentido de vida, ansiedad, sensación de fracaso, duelo migratorio, gestión emocional, situaciones de conflictos familiares, personas y de pareja, apego, depresión, entre otras. Realizo terapia online. Nathaly Prieto

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